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martes, 29 de enero de 2019

BOINAS, GORRAS Y SOMBREROS


García Márquez nos relató en su momento la importancia de colocar un letrero explicativo sobre cada cosa o animal cuando los habitantes de Macondo perdieron la memoria afligidos por la peste del insomnio. Explicaba como ejemplo el letrero que José Arcadio Buendía había colocado en la cerviz de la vaca: Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche.
Mi abuelo, modesto terrateniente de la zona de Nerpio, tenía colocado en el zaguán de su casa este otro letrero sobre una percha situada detrás de la puerta:
Percha: adminiculo que sirve para que el visitante de esta casa deposite, mientras permanezca en ella, la boina, gorra o sombrero de que venga provisto.
Pretendía mi abuelo, como enseguida habrá colegido el sagaz lector, que sus visitantes del entorno no permanecieran durante su estancia en la casa con la prenda de cabeza encasquetada en ella, lo que era a la sazón costumbre generalizada por aquel territorio. Creía mi abuelo que, como el Emperador Carlos cuando implantó en nuestro país la etiqueta borgoñona, en lugar cerrado suponía una descortesía hacia el anfitrión permanecer cubierto. Ignoro si mi abuelo, al igual que el Emperador, eximía de esa formalidad a los Grandes de España cuando le visitaban.

Han cambiado los tiempos, seguramente para bien, y esas exigencias protocolarias y otras normas de conducta social se han desleído como los antiguos azucarillos se disolvían en el café. Por fortuna, hoy día, nadie se extraña de que las prendas de cabeza utilizadas, bien como adorno, bien como imprescindible prótesis, permanezcan en su lugar cuando el usuario se encuentra en sitio cerrado, banquetes, espectáculos, incluso en actos públicos o en tertulias televisivas. No es extraño verlos en esos lugares con la gorra encasquetada hasta las orejas, como si se la hubieran embutido a presión.
Seguramente es un avance de nuestras modernas sociedades dar al traste con costumbres añejas y eliminar de nuestra convivencia diaria normas antediluvianas y protocolos sociales anticuados, como los saludos mañaneros, los usted perdone, ceder el paso a las señoras o el asiento en los autobuses a los mayores o disminuidos. No puedo por menos que regocijarme de ello y animar a los “engorrados permanentes” a que no prescindan de tan útil prenda ni en los momentos más íntimos, pero me reservo el derecho de despojarme del sombrero cuando entro en un lugar público, llego a casa de unos amigos o saludo a una señora. ¡Que le vamos a hacer! Como ustedes habrán deducido, pertenezco a una raza coetánea del Tiranosaurius Rex.



martes, 15 de enero de 2019

ALTERNANCIAS


Los gobernantes romanos en las diferentes fases políticas por las que atravesó la nación Monarquía, Republica e Imperio, se aplicaron con tal denuedo a producir leyes que aún hoy son la base de la legislación de muchos estados europeos. El estudio del Derecho Romano es materia que por lo compleja y minuciosa sigue proporcionando innumerables dolores de cabeza a los estudiantes de nuestras facultades. Después de los romanos, siguieron los visigodos la misma tónica de abundancia legislativa, esta vez conciliar; se cita, como ejemplo de inoperancia de la legislación visigoda el excesivo volumen de normas reguladoras sobre los mismos asuntos. La abundancia de leyes, como la de cualquier otra cosa, no resulta medida de su excelencia, es preciso que sean también de calidad, es decir, justas, oportunas y reflejo de la sociedad que pretenden regular amén de estar dotadas del necesario presupuesto para que su implantación las haga viables. Dictar leyes por meras razones ideológicas o represivas suele conducir a la ineficacia y el ridículo.
Las leyes solo se cumplen, son oportunas y culminan su función primordial de regular las conductas de los ciudadanos cuando son justas y aceptadas sin reservas, proporcionando a la sociedad los cauces adecuados para una adecuada convivencia.
Hemos vuelto, por desdicha, a los tiempos de alternancia partidista en los años de Isabel II. Puede que aquel sistema de gobierno respondiera a una exigencia histórica o a una mera cuestión de supervivencia política, pero hoy las circunstancias y los hombres son bien diferentes. Aquellos eran pactos entre caballeros (especie en vías de extinción), cuyo primer compromiso era no echar por tierra lo edificado por los adversarios políticos en el periodo anterior. Hoy asistimos a todo lo contrario: unos y otros prometen a sus seguidores derribar el edificio legislativo que no les parece adecuado en cuanto logren hacerse con el poder. Así, como en una triste parodia de Sísifo y su peñasco, jamás daremos por acabada la toma del Palacio de Invierno, nos interrumpiremos en el camino teniendo que acatar nuevas reglas que se cambian a mitad del partido. En los tiempos que padecemos, con unas administraciones sobredimensionadas, unos reinos de Taifas cuyo ineficaz mantenimiento es insostenible, unos reyezuelos locales que, en su megalomanía dilapidan nuestros ahorros en proyectos ilusorios y  ansían hacer del pueblo ciudad, de la ciudad emporio y de la región nación, este vaivén legislativo es solo otro más de los disparates que se ciernen sobre nuestro maltrecho esqueleto.
Pluga al cielo que logremos ver tiempos mejores.



martes, 8 de enero de 2019

VOX EN LA TERTULIA


 Las fiestas navideñas han mantenido la tertulia bajo mínimos. El Cacaseno se adelanta de ordinario para hacerse con uno de los periódicos locales, aunque según reflejan los manchurrones de aceite que adornan sus páginas, alguien madrugó más.
Después de los saludos y deseos de fortuna para el año que acabamos de inaugurar, el Dr. Mateo, que disfruta de vacaciones en el pueblo, inicia la conversación:
— ¿Algo nuevo este año, Cacaseno?
— La esquizofrenia de siempre; abro el periódico y me encuentro un titular que dice: “Ha llegado el momento de que las mujeres sean escuchadas” ¿a estas alturas aún no las escuchamos?, me pregunto. JxCat, renacida de las cenizas de la antigua Convergencia presiona para investir de nuevo a Puigdemont, al parecer, quiere ser otro Guadiana. ‘La manada’ disfrutando de libertad como si lo suyo hubiera sido una leve broma de mal gusto. Garre confía en una ‘despertá murciana’ frente al auge de Vox. El aeropuerto de Corvera –al que algunos llaman el parto de los montes-, terminado desde el 2012, parece que por fin se va a poner en marcha, facilitando a los murcianos que lo deseen viajar hasta los más recónditos lugares del universo, menos a España de la que solo se podrá visitar Asturias. He oído a un periodista de la SER: “El hecho de que Vox exista es suficiente para quedar invalidado como socio ante los ojos de PP y Ciudadanos”. Por si fuera poco, ya tenemos la primera víctima de violencia machista en Laredo con veinte puñaladas. La esquizofrenia total.
Juan de la Cirila salta.
—Te veo venir, Mateo, estás contra Vox, ¿a que sí, Fernández?
Fernández se concentra en la tostada como si el asunto no fuera con él. Cuando el Dr. Mateo asiste a la tertulia, prefiere dejarle el papel de moderador.
—No estoy contra nadie, no me gustan las palabra ‘contra’ ni ‘anti’. Baste decir que “ese partido del que usted me habla” está muy lejos de mi postura política y que, desde luego, no se me ocurriría votarlo jamás.
—De acuerdo, Mateo, es una decisión personal y respetable, lo que no me puedes negar es que se trata de un partido igual de legal que todos los demás.
—Ahí está el busilis de la cuestión, Juan. No acabo de entender como un partido que traslada la carga de la prueba a las mujeres violadas, por no hablar de otras cuestiones contempladas en su ideario, pueda ser legal. Por cierto ¿Has leído los cien puntos del programa de Vox?
—No
—Pues por ahí habría que empezar. A lo mejor cambiabas de opinión y en vez de votar con las tripas (en el curso de una mala digestión), votabas con la cabeza.
—Tampoco es eso, Mateo –tercia Fernández- no entremos en el terreno personal. El asunto es complejo y algo de responsabilidad habrán  tenido los partidos de izquierda para dar lugar a este fenómeno que recorre Andalucía a caballo, con grande sorpresa de tirios y troyanos. No he oído el menor atisbo de autocrítica, ni en Andalucía ni en Madrid. Y me hubiera gustado.
—Lo más sensato que se ha dicho esta mañana: ‘el asunto es complejo’. Si no nos ponemos de acuerdo cuatro viejos amigos en una tertulia mañanera ¿Cómo queremos que haya una miaja de buen sentido en un país de opiniones tan diversas?
Ahí las dao, Mateo, dos caminos tenemos: o el ruido y la furia, o respeto y dialogo. Y si estos políticos no lo entienden, a tiempo estamos de poner otros.






martes, 1 de enero de 2019

POSTRIMERÍAS


 Fue incapaz de reaccionar cuando aquel grandullón salió corriendo con la mitad del polo que aún le quedaba. Se quedó quieto, experimentando por primera vez la sensación de pérdida definitiva. Y de injusticia. Y el ansia de venganza cruel y despiadada. Le afloraron lágrimas de impotencia.
Olvidó pronto el incidente (cuando consiguió de su madre el dinero para otro helado). Pero un sentimiento extraño se le quedó para siempre anudado a las tripas: nada dura eternamente, no existe lo definitivo, cualquier cosa es susceptible de acabar en forma abrupta e inesperada. Hay que estar preparado para cuando las cosas lleguen al final inexorable.  Quizás a eso se referían los curas cuando le hablaban de “las postrimerías”. Acaba el manjar que nos resulta placentero, y el amor, el sexo, la dicha, el dolor. Acaba siempre el placer por más que nos empeñemos inútilmente en prolongarlo, pero lo último también forma parte de lo primero; entonces nada empieza ni acaba, todo continúa, como un círculo que no tiene principio ni fin. Habrá que estar preparado para tomar el final con la misma alegría que se tomó el principio.
Creció con ese sentimiento, que lo fue volviendo temeroso y taciturno, con frecuencia ensimismado. Comprendió por igual a los que se negaban a considerar lo efímero de las cosas humanas viviendo en la inconsistencia evanescente, y a los que hacían de las postrimerías el reflejo permanente de su vivir diario, a los botarates y a los monjes de clausura. Entre la cigarra irreflexiva y la hormiga conservadora, intentó encontrar una tercera vía de la que siempre acababa cayendo hacia uno u otro lado.
Y continuó buscando, creyéndose un inquieto privilegiado sin saber que la búsqueda es el estado natural del hombre y que no hacía nada que lo diferenciara de los demás mortales. Visitó muchas creencias y acabó entendiendo que todas eran la misma, que el afán de trascendencia era tan potente que inventaba mundos y dioses con tal de distraer la atención de la única verdad. Pero aprendió algo de cada una de las creencias: que jamás ninguna de encontraría cobijo en su corazón.
De maestros budistas aprendió el no-ser y la contemplación de la única realidad: considerar la muerte como parte de la vida y experimentarla en cada acto, en cada momento, en cada pequeña muerte que late en el sueño diario y en el final definitivo de las cosas queridas.
Supo que un día, tarde o temprano, estaría liberado de aquella sensación de pérdida que conoció cuando le arrebataron su helado. Nada de lo que tuvo era suyo y nada de lo que perdiera podría dañar su corazón.


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