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PESTAÑAS

En cada una de las pestañas encontrareis una seccion diferente: en "Pagina principal", las entradas habituales. En "Trabajos y días", articulos de literatura e historia, "De mis lecturas" reúne notas, resumenes y opiniones sobre libros que me interesan y he leído en los últimos tiempos. En la pestaña "Desde el Asilo" (Libro), están todas las historias contenidas en ese libro, en cuyo inicio se explica el titulo de este blog. "Cuentos truculentos" reúne los comprendidos en el libro del mismo título. Cualquier texto que aqui se publica está a disposición del publico, naturalmente citando la fuente. Sírvase usted mismo.















miércoles, 26 de diciembre de 2012

SEÑOR PRESIDENTE (XI) Felices fiestas


Había decidido, Sr. Presidente, interrumpir sine die estas misivas que, desde que tuvo Ud. el acierto de comenzar a dirigir los destinos de esta nación le vengo dedicando, a la vista del escaso eco que de ellas se ha hecho (o por lo menos a mi me ha llegado). Sin embargo, tras sesudas reflexiones (hasta donde mis posibilidades alcanzan), he decidido felicitarle las pascuas porque creo que Ud. se lo merece.
Tiene merito que nos haya liado la que nos ha liado después de hambrear dos legislaturas y ser elegido a dedo como candidato a Presidente por el superlíder mas atlético a este lado del Atlántico, tiene merito que se hiciera Ud. con una mayoría absoluta en unos momentos de crisis generalizada en que la reacción del pueblo es votar dictadores, como tantas veces se ha comprobado a lo largo de la historia. Tiene merito que haya Ud. logrado en solo un año, aunar las voluntades mayoritarias de los sectores más representativos de nuestra sociedad (laboral, enseñanza, sanitario, judicial, policial) en su contra y obligarlos a echarse a la calle como único medio de presión. Tiene merito que haya sido Ud. capaz de rodearse de los ministros mas antipáticos, agresivos y con menos don de gentes que se recordaban en este país, y tiene mucho merito que, con la ayuda de alguno de ellos (cuyo nombre omito por no contribuir a la publicidad de la que goza en exceso), haya Ud. logrado enconar las relaciones con Cataluña hasta extremos que nos costará años reconducir; tiene merito que un año después de su toma de posesión, nos haya conducido a una situación de desesperanza, y de tal pérdida de derechos que no confío en ver recuperados nunca, a golpe de decreto ley, como viene gobernando a imitación de otros regímenes que creíamos ver desaparecidos para siempre; tiene merito que haya Ud. logrado que su partido se mantenga en la más absoluta de las soledades contra el resto de los que integran la Cámara, que también miran por el bien y la prosperidad de este país.
Nos mintió, Sr. Presidente, por mitad de la barba, cuando nos prometió, si lo votábamos, seguir un programa que olvidó al día siguiente. Y nos sigue mintiendo cada día cuando culpa, a estas alturas, al gobierno anterior de los desastres que perpetra el suyo. Cierto que el malvado Zapatero fue culpable de muchos de nuestros desastres (he oído decir que se investiga en la actualidad su posible vinculación con los arcabuceros que acabaron con el general Prim), pero muchos nos preguntamos cuando va a empezar Ud. a tomar medidas que realmente sean capaces de levantar (en lo posible) este país y dejarse ya de echar las culpas al campanero, hace años difunto.
Si los logros conquistados por su gobierno durante este año eran los que se almacenaban en su magín cuando el jefe lo propuso para sucesor, le felicito, Sr. Presidente, los ha logrado plenamente.






viernes, 21 de diciembre de 2012

martes, 18 de diciembre de 2012

LA CATEDRAL DE REIMS

La ciudad de Reims es capital del departamento del Marne, la zona vinícola más importante de Francia. Está situada al nor-este del país, por encima de la Borgoña y es famosa por ser la patria de Dom Pierre Perignon, cuyo nombre embotellado ha trascendido hasta nuestros días. El monje benedictino, amante de los buenos caldos, en el poco tiempo de ocio que le dejaban libre sus piadosas prácticas de clausura, descubrió (para su alborozo y el nuestro) que de un vino mediocre, con una segunda fermentación, podía obtenerse un excelente espumoso.
Pero, además de eso, la ciudad es también famosa por su catedral, llamada, como tantas, de Notre Dame (Nuestra Señora) cuya construcción se inició en 1211 sobre unas antiguas termas romanas que el obispo San Nicasio había sacralizado en el siglo V. Tiene la catedral una particularidad no ostentada por ninguna otra del país: en ella han sido coronados  veinticinco reyes de Francia, empezando por el fundador de la dinastía merovingia, Clovis o Clodoveo que inició la tradición de las entronizaciones reales a modo de legitimación imprescindible.
Entre las muchas peculiaridades de la catedral (más famosa por su historia que por su escaso merito arquitectónico, apuntalado por unas hermosas vidrieras de Marc Chagall) figura el hecho de que fuera reconstruida después de la I Guerra Mundial con fondos donados por el magnate judío norteamericano John D. Rockefeller.
Pero volvamos a Clovis: una leyenda que puede rastrearse hasta época medieval, aseguraba que María Magdalena, la supuesta compañera de Jesús de Nazaret, tras la muerte violenta de este, había emigrado a la Provenza francesa donde dio a luz un hijo sobre cuya paternidad se hacían múltiples conjeturas y del que descendería la dinastía merovingia, poseedora de una sangre especialmente real, de la que Clovis I sería el primer soberano reinante. A partir de ese momento, los reyes de Francia buscaron en la iglesia católica y en su máximo representante sobre la tierra, el Papa, la legitimación de su situación ante el pueblo siendo coronados en la catedral de Reims por el pontífice de turno. Clovis, arriano de origen como buen franco-salio, acabó convirtiéndose al cristianismo gracias a los oficios de su esposa Clotilde y a la ayuda divina recibida en la batalla de Tolbiac contra los alamanes (es bien sabido que, en las batallas, los dioses se colocan siempre del lado de los ganadores) y bautizándose en la catedral de Reims el 25 de Diciembre del 426.
Pasados los años, el fundador de la dinastía carolingia, Carlomagno, por exigencias del guión, tuvo que plegarse a que en la navidad del año 800 lo entronizara en Roma el papa León III, que le devolvía el favor de haberlo ayudado a recuperar los estados pontificios de donde lo había botado una conjura de infieles súbditos (hoy por ti, mañana por mí, colega). Así retomaba la línea imperial romana de la que se consideraba heredero.
El hijo de Carlomagno, Ludovico Pío, volvió a la tradición doméstica de la coronación en Reims en el 816, siendo recompensado de forma fehaciente en el momento álgido de la ceremonia por la aparición de una paloma (¿el Espíritu Santo?) que portaba en el pico una ampolla conteniendo un bálsamo milagroso con el que, en adelante, fueron ungidos los reyes que se coronaron en esa catedral. La ampolla se conserva todavía en la ciudad, custodiada con devoto esmero en un convento de discretas monjitas de clausura.
Tiempo después, Carlos VII, el Valois “bien servido”, fue el artífice de la reunificación de Francia después de la Guerra de los 30 años que mantuvo enfrentadas a las gentes de una y otra parte del canal de La Mancha, hasta que Juana de Arco, también por inspiración divina, terció en la contienda inclinando la balanza hacia el lado de los buenos cristianos franceses, que bien se lo merecían. Carlos fue coronado el 17 de julio de 1429, arropado por la santa de Orleans, cuya estatua preside en la actualidad la plaza a la que se asoman los tres hermosos arcos de la catedral de Reims. Sin embargo, de poco habrían de servirle a la combativa pucelle los importantes servicios prestados a la patria: entregada a los ingleses, fue condenada por bruja y achicharrada en una hoguera de sarmientos, lo que le valió, como compensación, su ascenso a los altares, donde permanece desde entonces.
¡Cosas de la Historia!                 



                           

martes, 11 de diciembre de 2012

PAPAS Y POLITICOS

Venía Fernández presumiendo de su vasta cultura autodidacta, y nos contaba su reciente lectura de los seis tomos que constituyen la saga de “Los reyes malditos” de Marcel Druon. (¡Con razón hace un par de semanas que se le echaba de menos en la tertulia!).
—Se pueden encontrar muchas cosas interesantes en esa colección de libros que cubren una época fascinante de la historia de Francia, entre los años 1285 a 1318, y unos personajes también fuera de lo habitual: el rey Felipe el hermoso, descendiente del cruzado Luis IX el santo; sus hijos y sucesores, Luis y Felipe; la malvada gigantona Malhaut d’Artois y su perverso sobrino Roberto; el tierno protagonista veneciano Guccio y su amada María; el final de los templarios a manos del rey, ávido de sus riquezas, etc.
(Aún no he descubierto -pensé yo- ninguna época de la historia que no esté trufada de hechos y personajes interesantes).
—Hay, en la obra, un relato que me parece de especial aplicación a los tiempos que corren; os lo contaré lo más resumido que pueda: resulta que a la muerte del papa Clemente V, con los líos que había entre el papado y el rey de Francia, los cardenales no se ponían de acuerdo sobre quien escoger para sucederle, si uno francés, uno italiano, si de los Orsini o de los Colonna … en fin, un guirigay del demonio (nunca mejor dicho, que éste, según parece, mete el rabo por donde puede). A la vista del asunto, que prometía convertirse en el cuento de nunca acabar, el regente en aquel momento, Felipe de Poitiers, decidió encerrar a los veinticuatro cardenales papables, junto con sus más fieles acólitos y servidores, en la iglesia de los jacobinos de Lyon, a la que para mayor inri amenazó con quitar la techumbre, no se sabe si con la aviesa intención de que los accidentes climáticos aceleraran el complicado proceso o para facilitar que el Espíritu Santo hiciera llegar por vía directa sus sabias indicaciones a los renuentes padres de la iglesia. Sea como fuere, la medida obtuvo el resultado apetecido y un mes largo después, no sin las habituales artimañas, salió elegido Jacobo Duzé, el cardenal francés que dirigiría la iglesia bajo el nombre de Juan XXII durante dieciocho años a pesar de que el colegio cardenalicio lo había escogido, como mal menor, confiando en que su mala salud (fingida, claro) lo mantuviera poco tiempo en el poder.
Y me sugirió la interesante lectura de este episodio, que si hiciéramos algo parecido con nuestros políticos, a los que pedimos de forma reiterativa que alcancen consensos, al menos en asuntos de importancia, a lo mejor lográbamos que se pusieran de acuerdo como les exigimos desde uno y otro bando.
Imaginemos, por un momento, que encerramos a los presidentes de los grandes (y pequeños) partidos en un campo de futbol, a la intemperie, sin más comida que unas hogazas de pan y unos litros de agua (mineral, eso sí) junto con sus inmediatos acólitos y pelotillas de primero y segundo nivel, con la amenaza no negociable de que no serán liberados hasta alcanzar pactos estables en una serie de cuestiones de interés nacional. Estoy seguro de que sus señorías no resistirían mas allá de los días necesarios para que sus barbas sin afeitar sombrearan de gris los adustos rostros, las chaquetas precisaran de urgente tintorería y las corbatas de seda se convirtieran en pingajos solo útiles para saltar a la comba convenientemente anudadas de dos en dos.
Es una idea que brindo desinteresadamente a los votantes en los que, según la teoría democrática, reside la soberanía de la Nación.
—Desde luego, Fernández, no sé que es más peligroso, si la ignorancia bienintencionada de que siempre has hecho gala o estas peregrinas ideas que te asaltan desde que has decidido ilustrarte a salto de mata.
—Ya me advirtieron mis buenos mentores que la cultura comporta numerosos riesgos…



martes, 4 de diciembre de 2012

RACISMO

Mi amigo Fernández es hombre de permanente inquietud. Su curiosidad raya a veces en la impertinencia pero él, lejos de avergonzarse, la justifica diciendo que solo la curiosidad hace progresar al género humano. Interpela sin el menor rubor, cuando se le ocurre y a quien se le ocurre. El otro día, en el curso de una conversación sobre los inmigrantes, me soltó a bocajarro:
—¿Tú eres racista?
La pregunta me hizo reflexionar, y le dije:
—Mira, yo no sé si soy racista o no. No me gustan las definiciones ni los alineamientos: si soy de tal partido, automáticamente estoy en desacuerdo con tal otro. Si profeso tal religión, me convierto en enemigo mortal de tal otra, a cuyos miembros tengo el sagrado deber de atraer a mi causa, de ignorar para siempre o de exterminar. No me gusta que me digan lo que tengo que hacer ni en qué dogmas debo creer. Te diré como veo yo el fenómeno de los inmigrantes y tú decides si soy o no racista, porque a mí no me interesa la definición: vivo en la zona que quiero vivir, con gentes a las que conozco y que pertenecen a mi misma cultura y formas sociales. Procuro no meterme con nadie y evito que nadie se meta conmigo. Deben tener su religión, pero no sé cuál es ni me importa; nadie me la impone ni me cuenta lo importante que es pertenecer a ella, y si lo intenta procuro detener cortésmente lo que me parece una intromisión inaceptable. En mi ciudad hay barrios donde viven mayoritariamente familias gitanas y seguro que allí, como entre nosotros hay de todo: gentes honradas y trabajadores, y la adecuada proporción de chorizos o drogatas. Pero sin embargo yo no he ido a buscar un piso al barrio de los gitanos, a pesar de que allí son mucho más baratos que en el mío. ¿Tú si has ido?
Creo que la generalidad de los hombres se siente muy a gusto entre los suyos, que necesita un grupo medianamente homogéneo que le proporcione cierta seguridad, y el que quiere cambiar de aires, lo hace y santas pascuas. Otra cosa es que gentes de países en los que se vive mal, animados por las noticias (a menudo falaces) de nuestro mundo de confort y despilfarro se acerquen a nosotros sin respetar, porque no pueden, ni saben, ni quieren, las normas sociales establecidas. Son ilegales, y desde ese aspecto no se pueden considerar en igualdad de derechos con el resto de los ciudadanos que sí cumplen con sus deberes sociales. Estos últimos trabajan, pagan sus impuestos y conquistan sus derechos (a veces a regañadientes) con sus obligaciones. Una parte (cada vez más importante) de sus ingresos, se emplean en  sufragar los gastos ocasionados por la asistencia médica proporcionada a esos inmigrantes ilegales que conviven con nosotros en condiciones difíciles, amparados por una especie de vacío legal que nadie se atreve a rellenar de  una forma satisfactoria y que a todos debería avergonzarnos.
A mí me gusta vivir en mi país (si no, hubiera procurado vivir en otro) y me importa bien poco que mis conciudadanos, nacidos aquí o venidos de fuera, tengan un color de piel más oscuro o más blanco que el mío, que practiquen una religión, otra o ninguna, o que se priven (o abusen) del cerdo, de los chorizos de Cantimpalo o del vino de Jumilla. Solo reclamo mi derecho a que se sometan a las mismas reglas sociales que yo; que respeten las instituciones, que asuman sus obligaciones de ciudadano para poder disfrutar de todos los derechos que les corresponden; que no me impongan sus costumbres para sustituir a las mías, que no pretendan colonizarme cultural ni religiosamente, que sean plurales y respetuosos con la Constitución de mi país, que ha de ser la suya.
Si se comportan así, los considero ciudadanos como yo mismo. Si no, creo que deberían quedarse en su país, que nadie los ha llamado a este. Yo, por lo menos, no.
           
Y ahora, mi querido Fernández, tú decidirás si soy racista o no.    




jueves, 29 de noviembre de 2012

COS Y ARRÒS AL FORN

Como todos los hijos únicos, tuve una infancia afortunada, si bien solitaria. Mis héroes primeros fueron, a mi imagen y semejanza, niños audaces pero sin hermanos relevantes: Tom Sawyer, Huckleberry Finn o Guillermo Brown, cuyas lecturas y fantásticas aventuras me acompañaron durante muchos años.
Pronto descubrí camadas envidiables y más numerosas en los corsarios de Salgari (los corsarios verde, rojo y negro), y más tarde los hermanos Dalton que, en su escala (creciente o decreciente según se mire), eran derrotados de forma inmisericorde por Luki Luke, incombustible hasta en el sempiterno cigarrillo que le colgaba del belfo, en aquella época en que creíamos que, como tantas otras cosas, fumar no era nocivo.
Pero la antedicha fortuna me sonrió en forma definitiva años más tarde cuando conocí a los hermanos Cos. Con Pepe compartí bancada de instituto cuando su padre, D. José, nos impartía aquellas clases inolvidables frente al soto del parque que entonces existía. De Eduardo fui pariente aventajado y destacado comensal, de Juan discípulo ávido y agradecido, de Miguel sufridor y afortunado sobreviviente, del leader Manrique, devoto seguidor. Incluso con el cuñado Paco –hoy tristemente afligido por alifafes locomotores- tuve la suerte de compartir gambas menores.

Y dirán Uds. ¿A qué viene este panegírico cosero? Pues a ello vamos:
Trajeron los Cos, desde Xativa, donde estuvo D. José destinado algunos años, la receta del “arròs al forn” que su esposa cocinaba, según es tradición, de forma extraordinaria.
Dicen que Pilar, esposa de Manrique, es depositaria directa de aquella tradición recibida de la mismísima fuente, pero eso no me consta porque los hados no han sido –por el momento- proclives a que constate su fama de cocinera, sin duda merecida.
Sí puedo aseverar –con la boca grande, como dicen en mi vecindario- que otra señora Cos –Fuensanta- hace el mejor arròs al forn que un servidor haya tenido la fortuna de catar hasta el momento.
Para muestra de ello, adjunto los testimonios gráficos que acompañan este escrito.
(Discúlpese lo borroso de la visión, el fotógrafo entre la emoción del momento y la cerveza trasegada, no hilaba muy fino)

NOTA. Para una descripción pormenorizada del exquisito plato, me remito a la más autorizada pluma de Manrique, el amado leader, al que, para ello, emplazo desde este punto.

martes, 27 de noviembre de 2012

SE ARMÓ EL BELÉN

Menos mal que “El mínimo y dulce Francisco de Asís” como lo llamo Rubén Darío[1] hace ya tiempo que no se encuentra entre nosotros porque si no, a pesar de su dulce y poco combativo carácter, hubiera cogido un cabreo de padre y muy señor mío con la noticia que más abajo les daré. Al humilde inventor de los franciscanos y de su hermoso motivo “ora et labora” (recogido de la regla de S. Benito), fue al primero que se le ocurrió organizar una representación para celebrar el nacimiento de Cristo en la nochebuena del año 1223 en una cueva próxima a la ermita de Greccio, en Italia. El fundador de los franciscanos pensó, en aquella ocasión, que no habría mejor compañía para el recién nacido que los animales propios del lugar donde la tradición y los evangelios (canónicos y apócrifos) situaban el nacimiento: un establo. Así es que organizó el belén incluyendo, a modo de representantes oficiales del bestiario que tanto amaba, a una mula (o mulo, que en esto los cronicones no se muestran demasiado explícitos) y un buey (este sí, de sexo claramente determinado e inoperante), basándose, seguramente en Is.1,3: Conoce el el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne. Luego, uno de sus seguidores, San Buenaventura, glosó el hecho en su “Legende de Santi Francisci” adornándolo de forma conveniente.

Dicen los estudiosos antropólogos que del asunto entienden, que ese tipo de representaciones con figurillas humanas y animales reunidas en escenas de la vida cotidiana, son trasunto de otras que pueden encontrarse en el principio de la civilización, desde las venus prehistóricas, las tanagras griegas y las representaciones de los dioses lares que presidian los altarcillos situados a la entrada de las casas romanas. A España nos trajo los belenes Carlos VII de Nápoles cuando pasó a ser rey de España rebajado en cuatro puntos (el cambio, ya entonces, no nos era favorable), y lo puso de moda entre los cortesanos pelotas, siempre ávidos de seguir las modas de los poderosos. Se popularizaron con el equipo inicial: el niño, los progenitores y los dos animales antedichos, mula y buey. Luego se fueron añadiendo otras figuras a medida que los recursos crecían y la imaginación se desbordaba: Reyes Magos, pastores, escenas de la época, representaciones locales según el sitio donde se montaba el belén, etc. Basta para constatar la rica imaginación de que se nutren los belenes, la visita a alguno de los muchos que en nuestra tierra, de amplia tradición en este aspecto, se organizan, donde se pueden encontrar personajes de lo más variopintos que abarcan todas la épocas, incluyendo los famosos “caganers” de nuestros primos catalanes.
Y ahora llega el papa y nos dice (no he logrado averiguar si ex-cátedra o como simple opinión), que en aquel primer establo no habían animales de genero alguno. No dudo de la capacidad del heredero de San pedro para tan riguroso aserto que puede dejar patidifusa a la cristiandad; cuando lo dice sus razones tendrá. Pero me pregunto si con los líos que tenemos por esta parte del globo, las crisis de todos los órdenes que tiene encima la Iglesia Católica, la baja estrepitosa de vocaciones, la proliferación de curas pederastas, el malestar femenino por su exclusión de las funciones religiosas relevantes, etc. no tendrá otra cosa mejor que hacer este hombre que sumirnos en el terrible dilema de si eliminamos o no de nuestras tradicionales belenes navideños a la pacifica mula (o mulo) y al paciente buey que nunca (que se sepa) se habían metido con nadie.
En menudo lio nos ha metido, santo padre.





[1]RUBÉN DARÍO, Los motivos del lobo (poema).

martes, 20 de noviembre de 2012

DIOSES CONTRA DIOSES

En el año 632 de la Era Cristiana, murió el profeta Mahoma, después de haber recibido de manos del Arcángel Gabriel el Corán en sucesivas entregas[1]. Entre otras muchas recomendaciones, le instaba a extender la palabra de Allah –y de paso los territorios ocupados por sus seguidores- por todo el mundo conocido. Los cuatro califas que le sucedieron, conocidos como “califas perfectos” (Abu Bakr, Omar, Otman y Alí), se aplicaron a la faena con tal denuedo que hacia el año 662, las tropas musulmanas habia conquistado (u ocupado) Mesopotamia, Palestina, Siria, Egipto, la Cirenaica y Tripolitania. Moawiya se rebeló contra el orden de sucesión implantado por los primeros y decidió inaugurar un sistema hereditario (cosa que, a lo largo de la historia ha sido ampliamente imitada), pero continuó el afán expansionista de los perfectos, de manera que en el 711 las tropas musulmanas estaban inaugurando el cruce del estrecho (que tantos imitadores ha tenido desde entonces) y en el 732 habían llegado hasta Tours, en aquel momento reino franco.
Y allí se produjo el frenazo, Odón de Aquitania que era el que mangoneaba el asunto por aquellas tierras, echó mano de su antiguo enemigo Carlos Martel (padre de Pipino el Breve y abuelo de Carlomagno por la misma línea), para que le parara los pies a Abderrahamen ibn Abdullah al-Gafiqui que, al frente de la moraima, habia saqueado Burdeos, entre otros descalabros de menor cuantía, llenando de terror y cadáveres la zona.
Carlos Martel salió, pues, al encuentro de Abderrahamen, los dos ejércitos se encontraron en un lugar impreciso entre Tours y Poitiers. Y allí sucedió el hecho milagroso que paso a relatarles a continuación, extractado minuciosamente de fuentes históricas por completo imaginarias:

Estando los dos ejércitos frente a frente, las tropas cristianas de infantería organizadas en falanges compactas y las tropas sarracenas casi todas de a caballo con lanza y espada, prestas a arremeter los unos contra los otros, hete aquí que, por entre la tierra de nadie que pronto estaría cubierta de heridos, moribundos y caballos agonizantes, se destacó un anciano, al que algunos llamaban Pedro el Ermitaño, alto y flaco, con luengas barbas flotando al viento, apoyado en un báculo de pastor. Abriendo los brazos como si quisiera abrazar a la humanidad, dijo en voz tonante dirigiéndose a las tropas que tenía a derecha e izquierda
—“Teneos, insensatos, hoy es el día menguado en el que muchas viudas han de llorar desconsoladas e innumerables jóvenes han de quedar huérfanos. ¿Y todo eso por qué? No es por unas tierras fértiles que podríais compartir unos y otros en santa armonía, sino por el empeño ciego de unos dioses que se pretenden exclusivos. Teneos, digo, y desoyendo las voces de esos dioses que os envían a combatir en su nombre, encomendadles a ellos la tarea de dirimir su supremacía a brazo partido en las altas esferas que dicen habitar. Que peleen entre sí haciendo estallar las nubes y os dejen a vosotros vivir en paz y concordia”.
Hicieronlo así las tropas, se juntaron en hermanado abrazo aquellos hombres a los que los dioses habían convertido en enemigos, y, a partir de aquel día, no hubo más guerras por causa de la religión.

 Y colorín colorado…



[1] El Profeta las recibió con la mano derecha, de ahí la distinción que, entre ambas manos se hace en el Islam.

jueves, 15 de noviembre de 2012

60.000 VISITAS Y LAS TERMOPILAS

Acabamos de pasar la línea de las 60.000 visitas cuando van a cumplirse un par de años desde que “debutamos” en la red este blog y un servidor, de la mano. Es una satisfacción, una satisfacción y un reto, porque cuando uno se acostumbra a esto de las estadísticas, “se pica” y las vigila estrechamente para que no dejen de subir, como si en ello nos fuera algo más que el prurito vanidoso del aprendiz de escritor. Lo cierto es que estoy muy satisfecho, y orgulloso de que tantas veces hayáis pasado por aquí interesándoos por algunas de las entradas que se me han ido ocurriendo.
No sé cuánto durará esto, ni si los tiempos de debacle en que nos encontramos inmersos (y que amenazan con ir a mayores) han de permitirnos seguir resollando con cierta libertad. Por lo que a mí respecta, tened la seguridad de que pienso mantenerme en la brecha hasta el último aliento, como aquellos chicos de las Termopilas.
Así es que muchas gracias a todos vosotros (que incluye, en castellano normal, a vosotras) y muy honrado si me seguís regalando con vuestra compañía.
Abrazos y besos a troche-moche.

martes, 13 de noviembre de 2012

A CASARSE TOCAN

Anda la Conferencia Episcopal y los miembros del sanedrín adyacente, revolucionados con el fallo del Tribunal Constitucional que, después de un parto como el de los montes, han dado a luz un ratoncillo en forma de libertad para que cada uno baje las escaleras como quiera y se case como le dé la gana, dentro del llamado matrimonio, que ahora es universal para heterosexuales, homosexuales y demás clases de tropa.
Y yo, que nunca he sido demasiado despejado para esto de las cuestiones sociales, me pregunto lleno de perplejidad que porras les importará a los que profesan una creencia determinada y enfocan su vida y los sacramentos subsiguientes a la mayor gloria del dios en que creen, lo que hagan los demás en el uso de la legitima libertad de que todos los miembros de la sociedad tenemos derecho a disfrutar.
El que crea en un determinado tipo de familia, pues que la adopte y santas pascuas, el que crea en otra, lo mismo, dentro de la legalidad vigente y constitucional que a todos nos ampara. El que quiera constituirse en réprobo, incurriendo en la ira divina del dios que corresponda, es algo que solo afecta a quien así opina y que ejerce su libertad soberana de creer en lo que quiera o no creer en nada.
No acabo de entender ese afán (desde cualquiera de las religiones detentadoras de la verdad que nos asedian por doquier) por uniformizarnos a todos en torno a unas creencias que, siendo válidas y respetables para los que las profesan, a muchos de los demás nos traen al fresco. Como no sea -me dice Pepito Grillo-, que, no estando demasiado seguros de sus asertos, confíen en que el número haga válida la teoría, como decía Ruyard Kipling que habia oído a los monos en la India: “somos muchos, todos decimos lo mismo, luego esa es la verdad”. Nuestros vecinos catalanes (ahora inmersos, por cierto, en tiempos de tribulación) han actualizado el dicho con la ocurrente formula com més serem més riurem (cuantos más seamos, más reiremos).
En medio de las calamidades que nos acechan por doquier, crisis, paro, desahucios, recesiones, primas de riesgo y no sé cuántas tétricas fantasmas más, tenemos por lo menos conquistada, con enormes dificultades, la libertad de conciencia y ahora –según el Tribunal Constitucional- la de que los que así lo deseen, puedan constituir un matrimonio con otras normas de las conocidas hasta el momento, con los derechos que la Constitución reconoce para todos los españoles, sea cualquiera su opción política, sexual o religiosa. El que no quiera casarse con un/a homosexual, que no se case y todos contentos. Puede que sea discutible la denominación; la forma y los derechos, no. Ahí no me meto, que son honduras para más preparados.
Así que, señores de la Conferencia Episcopal, que cada perrico se lama su p…, cada uno en su casa y con lo suyo haga lo que mejor le parezca, respetando siempre la libertad de los demás; a quien dios se la dé, san Pedro se la bendiga y cada mochuelo a su olivo, que bastantes profetas llevamos ya aguantados desde los tiempos de Cafarnaúm.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Presentación: Recuerdos del Sahra y otros relatos

 A todos los que me acompañasteis, muchas gracias, y a los que no pudisteis venir, tambien, sé que os hubiera gustado. Un abrazo para todos. Aqui os dejo las palabrejas que dije:

ME REPROCHA MI MUSA
 Me reprocha mi musa de cabecera, con su habitual proceder dulce y discreto, la vanidad de titularme escritor cuando la ocasión se presenta; y debo manifestar en mi descargo que igual que hubo grandes pintores que ennoblecieron el oficio como Velázquez o Goya (por no citar a tantos más de este y otros países), no por ello a los menores debe hurtárseles la misma denominación que a los principales y consagrados. Salvando las distancias, en su modestia y en su casa, cada hombre es rey de lo suyo; todos son pintores, si bien con notables diferencias de acierto y fortuna. La cual es tan caprichosa que maestros (como Van Gog) ha habido que no vendieron ni un solo de sus cuadros en vida y luego de muertos se les comenzó a apreciar y se pagaron por sus obras grandes fortunas.
Y digo esto porque en todos los oficios, y más en los de letras, hay muchas categorías; de manera que algunos se llaman poetas sin tener de ello más que la fiebre juvenil de los ripios por la que todos hemos pasado (sino que en su caso, jamás les fue curada por el natural paso del tiempo). A muchos de estos podrían aplicárseles los versos de Miguel Torga que tan acertadamente cita Angel Paniagua:
Esos que solo han conocido de las musas
la blanca vestidura y los cabellos
Otros –pocos-, sí se ganaron el título y la denominación de poetas a pulso y con ingenio: el tiempo y las gentes los colocaron para siempre en el alto lugar que les corresponde.
Lo mismo pasa con los escritores de prosa, que de ellos hay los reputados por sus obras y por el tiempo que los ha declarado inmortales, tanto en épocas pretéritas como en las presentes. Pero existen también los menores (entre los que me cuento), que en su modestia y sin querer establecer parangón alguno con los anteriores, disfrutan del arte de la escritura y aspiran, en el honesto ejercicio della a ocupar un lugar, aunque sea junto al escabel de los consagrados, de manera que algo de la gloria que les rezuma, venga a tocarles.
Todos los escritores, en su oficio, proceden de igual manera: colocan ordenadamente las letras formando palabras y estas componiendo frases para acabar construyendo la historia de que se trate. Pero ¡ay!, algunos, tocados por la vara alada de la fortuna la tienen de tal suerte que de sus plumas salen comedias sin cuento, narraciones fantásticas, iliadas y odiseas; amadises, buscones, quijotes, hamlets, rinconetes, gulliveres, montecristos o aurelianos que exigen, ya desde recién nacidos un lugar imperecedero en la historia universal. El resto, con paciencia digna de encomio, se conforma echando a andar por el mundo de lo literario los contrahechos engendros que la pluma no logró plasmar con el esbelto y fulgurante talle que concibiera la imaginación del autor.
Por eso, no es el principal objetivo del que escribe (que si no escritor, puede llamársele escribiente o escribano, por parecer estas denominaciones más modestas y de menor altura y presunción), obtener fama, y mucho menos fortuna, sino que el propio ejercicio de la escritura le produzca tantas satisfacciones con lo que, en sí mismo, se complete y realice.
Ítem más que algunos de los escritos que deje puedan servir para que aquellos a los que les lleguen conozcan algo más del que los ha dejado, e incluso aprendan alguna cosa de las que el amanuense, ya que no escritor, haya puesto sobre el papel.
*

Y por parecerme que viene a cuento, voy a relatar al paciente auditorio un sueño que tuve hace unos días: me vi ante la puerta que cierra el Universo; solo una astilla de luz pude apreciar por el hueco de la cerradura. La curiosidad me llevó a mirar por la rendija y vi el mundo de las vanidades lleno de escritores; en la parte más alta, como en un éter blanquecino, todos los genios de ese arte que en el mundo han sido se movían flotando con el índice de su mano diestra extendido, como si en otra Capilla Sixtina se encontraran, de manera que cada tanto, tocaban con otro del mismo oficio y las chispas de genialidad brotaban de sus dedos como fuegos de artificio. Más abajo, en un piélago semejante a pegajosa melaza se encontraba la miríada de escritores anodinos: jóvenes en busca del pelotazo editorial, vertedores de critica por doquier y resentidos de todos los calibres; jubilados decadentes empeñados en dejar recuerdo imperecedero de una vida que no interesa a nadie; periodistas hambreantes que aseguran tener decenas de magnificas obras en el cajón a la espera de editor…
En el fondo, un caldo negruzco y fétido bullía como gusanera de los escritores definitivamente fracasados, los refugiados en periodiquillos criticones y los asilados en programas de “realitis” que jamás saldrían de su estado de larva para pasar al de mariposa.
Desperté con la firme convicción de que jamás atravesaría aquella puerta.





viernes, 2 de noviembre de 2012

RECUERDOS DEL SAHARA Y OTROS RELATOS

Son tiempos de las primeras lluvias invernales, tifones americanos y mal tiempo en general. Se encienden las chimeneas, salen los chiquillos a las calles con la estúpida broma esa de “truco o trato”, la plaza de S. Pedro se llena de puestos de arrope, calabazate y pan de higo; se hace un esfuerzo por comprar las inevitables flores –este año a precios prohibitivos que se perdonan por que ayudan a la depauperada industria local-, aparecen algunas insólitas y peligrosas setas, casi siempre desconocidas por estas latitudes, y las gentes echan mano de abrigos, bufandas y sombreros.
Florecen en estos días, cual musgo en rincon abrigado, los escritores. Como si salieran de un letargo en el que han permanecido elucubrando historias durante los meses de buen tiempo, se apresuran a convocar al respetable a presentaciones de nuevas obras. Y el respetable, comprometido por el amistoso contubernio las más de las veces, se aflige anotando en su libreta, como en mayo se hace con las inevitables comuniones, evento tras evento al que acudir sin excusa plausible.
Los antiguos lectores, hemos mutado en escritores y, con poca o ninguna consideración, nos abalanzamos en busca de los pocos que de aquella condición sobreviven, atrayéndolos cual sirenas, a la costa (que pretendemos amorosa) de nuestras recientes publicaciones.
*
Amables seguidores de mi blog: habéis caído en las garras de uno de esa especie: el próximo miércoles, día 7 de Noviembre, a las ocho de la tarde, con permiso de la autoridad, si el tiempo no lo impide y los cuerpos resisten, os convoco a la presentación de “Recuerdos del Sahara y otros relatos” en el Real Casino de Murcia. Vosotros veréis.

martes, 30 de octubre de 2012

SEÑOR PRESIDENTE (y X). Banderas

Cuentan las leyendas que, en su lecho de muerte, herido de espada o lanza (que en esto los historiadores no andan muy precisos), Carlomagno otorgó a su vasallo Wilfredo el Velloso (así llamado por su espectacular atuendo capilar, desde entonces envidiado por muchos de nosotros y natural, por cierto, de Carcasonne, actual Francia), como enseña, las cuatro barras que dibujó en su escudo mojando los dedos con su propia sangre.
Con su habitual perspicacia, Sr. Presidente, habrá reparado que me he referido a este relato como “leyenda”, porque eso es y no otra cosa: Carlomagno vivio entre 747-814  y Don Wifredo (Guifré en catalán) murió en 897, así es que no tuvieron el gusto de conocerse, cuando menos de intercambiar símbolos sanguinolentos. Por si fuera poco, lo de la heráldica es un invento varios siglos posterior (aproximadamente hacia el s. XII). El tema ha sido tratado con el rigor que merece por historiadores tan reputados como Martin de Riquer y Menéndez Pidal de Navascués.
Lo antedicho no tiene más importancia que la de suscitar una ligera reflexión sobre lo poco fiables que resultan muchas de las tradiciones de cualquier índole, que aceptadas como verdades históricas incontrovertibles durante muchos años, se demuestran falacias sin mayor contenido a medida que se araña superficialmente el inconsistente armazón que las ha compuesto, casi siempre con intereses políticos de variada índole.
Sea como fuere, las cuatro barras (bandera originaria del reino de Aragón) han acabado formando parte de las banderas de Cataluña, Aragón, Reino de Valencia y otras regiones o países, integradas en las armas de Andorra y en
las de las regiones francesas de Languedoc-Rosellón y Provenza-Alpes-Costa Azul, de los departamentos de Piroineos orientales y Lozère, así como en las de diversas poblaciones de estos territorios como Formiguères, Latour-de-Carol, Le Perthus o Barcelonnette; aparecen en las enseñas de las provincias italianas de Reggio Calabria, Catanzaro y Lecce, y especialmente como enseña abreviada en Nápolesy en las banderas de algunas villas y ciudades de América Latina. Los mismos colores, con diferente composición y equilibrio forman, también, la de España.
Pero los símbolos nacionales, que debían ser de todos, acaban, inexorablemente, acaparados por los que más ruido hacen o más fuerte gritan y así la bandera de España, que representa a la nación y por lo tanto nos la podemos arrogar, sin distinción ni rubor todos los que disponemos del DNI emitido por el estado español, ha acabado representando de manera falaz y torticera solo a los que mantienen actitudes carpetovetónicas propias de detestables tiempos que muchos queremos relegar a su verdadero lugar: la historia real del pasado, luces y sombras incluidas.
En otras comunidades se está suscitando en los últimos tiempos parecido fenómeno. Las antedichas cuatro barras que tanto juego han dado hasta ahora (sea cual sea su origen, que eso es pura anécdota) y bajo cuyos colores se han agrupado sin excepción tirios y troyanos en Cataluña, se ha visto ahora sustituida por otra que ha de encabezar el nuevo estado que salga de esta complicada maraña en la que se van a ver envueltos los catalanes y el resto del país, a mi entender por una pésima gestión de los políticos de uno y otro extremo.
Dice Paco el Cacaseno que los símbolos son solo símbolos y no le quito la razón, pero por los símbolos se han hecho muchas guerras y matado no pocas personas, así es que no hay que jugar demasiado con las cosas de comer.
La peligrosa deriva es considerar que los que se agrupan bajo el nuevo símbolo separatista, la estellada, son buenos catalanes, catalanes de mena, y los que siguen apegados a las tradicionales barras, no. Eso es, sencillamente, además de falso, estúpido. Es desmantelar de un plumazo el espíritu democrático que con tanto esfuerzo (quizás también con tantos errores) hemos logrado llevar hasta el presente.
Por lo que su feliz gobernación corresponde, me permitiría recomendarle, Sr. Presidente, unas calderadas de tacto y conocimiento a repartir entre Ud. mismo y los ministros del ramo a fin de no exacerbar con sus inoportunidades y desconocimiento un tema que puede acabar por ser sangrante para todos, no vaya a ser que se cabree SM. y le sacuda un par de pescozones, que ya sabe Ud. que cuando se enfada, hasta a los elefantes les entra cagalera.
Suyo afmo., como siempre.


martes, 23 de octubre de 2012

SEÑOR PRESIDENTE (IX). Estellades

Lo que nos temíamos, Sr. Presidente: al chofer del autobús en el que volvían el Cacaseno y los otros viejos de visitar lo que queda de la Madre Esperanza en Collevalenza, no se les ocurrió otra cosa que hacer parada y fonda de un día en Hospitalet de Llobregat, donde tiene parientes, con la aviesa intención (según se supo luego) de asistir en el Camp Nou al “clásico”, dada su irrenunciable condición de hincha madridista.
Fueron pocas horas las que tuvieron para pasearse por la Ciudad Condal en un recorrido que ya se ha hecho clásico entre los turistas: Montjuic, el Tibiado, El pueblo español, las Ramblas, la zona nueva del puerto, etc. Y han vuelto conmocionados.
-        No se habla de otra cosa más que de la secesión. Lo tienen cuello abajo, como dicen ellos. Por lo menos eso es lo que se oye por la calle y lo que se ve en muchos edificios, la bandera de las cuatro barras con el triángulo superior en azul y una estrella de cinco puntas.
-        ¿Pero esa no era la bandera de los terroristas de Terra Lliure?
-        No, Fernandez, aquella no tiene nada que ver, la estrella era roja.
-        ¡Ah! ¿Y de dónde ha salido esta bandera?
-        Pues la gente, el pueblo se la debe haber inventado, la llaman la estellada y representa el espíritu independentista. Es un movimiento importante al que en el resto de España no se le da la importancia que tiene, por lo menos lo que allí se ve.
-        Pero vamos a ver, tío Cacaseno, ¿de verdad es factible que una región autonómica española, aunque sea todo lo importante que se quiera, puede separarse del resto de la nación? ¿Eso es lo que venden los otrora conservadores de Convergencia i Unió?
-        Pues yo no sé si puede o no puede, pero lo que se oye por la calle es que sí.
-        ¿No será que los hábiles políticos encabezados por el Sr. Mas y empujados por los separatistas que nunca fueron más de los que fueron (véanse resultados electorales), están utilizando el asunto como cortina de humo igual que cuando Marruecos tiene problemas internos y manda unos pocos soldados a invadir Perejil? Porque mira que la desastrosa gestión económica y los asuntos de corrupciones en Cataluña no tienen nada que envidiar a los del resto de España. De hecho el Mas, cuando se le vacía la faltriquera, viene Madrid a llevarse perras… y se las lleva
-        Pos no lo sé, Fernandez, pero te digo que, como Dios no lo remedie, las vamos a pasar canutas, ellos y nosotros, que al fin y al cabo, somos de la familia aunque ahora nos hayamos convertido en parientes no deseados. Hemos hablado con muchos que están convencidos que en un tres i no res, se emiten pasaportes, se instalan fronteras, se cambia la moneda, se hacen un lugar de privilegio en Europa, establecen relaciones diplomáticas con el resto de países, venden y compran productos en todo el mundo, y alcanzan un estado de bonanza económica, social y cultural envidiables mientras lo que quede de la cutre España sigue en el desastroso camino a que la está conduciendo el Estado Autonómico y sus socios europeos.
-     Me dejas pasmao, Cacaseno, ¿todo ese plan no te parece un poco inocente? Tendremos que esperar a las elecciones del 28 N a ver por donde salimos que, según lo pintas, lo veo muy oscuro.
-     Menos mal que le pusimos un par de cirios a la Madre Esperanza y ya deben estar empezando a hacer efecto.
-     Menos mal.
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