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En cada una de las pestañas encontrareis una seccion diferente: en "Pagina principal", las entradas habituales. En "Trabajos y días", articulos de literatura e historia, "De mis lecturas" reúne notas, resumenes y opiniones sobre libros que me interesan y he leído en los últimos tiempos. En la pestaña "Desde el Asilo" (Libro), están todas las historias contenidas en ese libro, en cuyo inicio se explica el titulo de este blog. "Cuentos truculentos" reúne los comprendidos en el libro del mismo título. Cualquier texto que aqui se publica está a disposición del publico, naturalmente citando la fuente. Sírvase usted mismo.















miércoles, 23 de diciembre de 2015

¿PARTIDOS GANADORES?

Juan de la Cirila apareció en la tertulia con una sonrisa de oreja a oreja. Nos miraba por encima de la tostada y se le adivinaban las ganas de entrar en materia. Aún con la boca llena, no se pudo contener.
—Hemos ganado todos, ¿no?
—No empieces picando el billete, que el asunto está bastante complicado para coñas, replica el Cacaseno.
—De complicado, nada, el PP ha sacado mayoría en casi toda España, por lo tanto debe gobernar. Más claro, el agua.
—Eso si encuentra con quién, de momento, nastis de plastis. Como negociador, Rajoy un cero a la izquierda, ya se ha visto con Cataluña. Y lo del gran pacto de gobierno con el PSOE, imposible, tercia Fernández.
—No os equivoquéis, en política no hay nada imposible. Cosas más gordas se han visto.
—El PSOE está bajo mínimos, pero no creo que llegue a esos extremos. Entonces sí que se hunde del todo.
—No me jodas, Cacaseno, ¿es que no sabes que son capaces de llegar a donde sea? Han perdido 20 escaños y un millón y medio de votos, y ahí los tienes, mirando para otro lado y diciendo que son la segunda fuerza política, como si el descalabro no fuera con ellos. Y a nivel regional, no te digo nada, el González poniendo paños calientes y la senadora en Madrid, buscándose el futuro junto al líder. Dice su papa, con toda la cara, que ‘el futuro es nuestro’. ¡Olé mis lerenles!, eso se llama visión de futuro.
—¡Pues anda que tu jefe!, a ese sí que no lo echan ni con agua caliente. El otro día dijo que lleva treinta años en política, como si eso fuera un mérito y no la mayor perversión del sistema. ¡Ejemplo tenían que tomar del Mújica! A la política deben ir los ciudadanos corrientes, dedicarle cuatro, u ocho años como máximo, y luego volverse a su casa, a seguir con su trabajo.
—Si lo tienen, porque el tuyo bien que ha enchufado a la hija para que haga carrera, recién salida de la universidad; no tires piedras p’arriba, Cacaseno, que tenemos el techo de cristal.
—En eso no estoy de acuerdo, no me guastan los enchufes, ya lo sabes, aunque en tu partido también abundan ‘los profesionales’ que no saben hacer otra cosa que doblar el espinazo. Entran en las Juventudes o en lo que sea, van subiendo a base de lametones, y a vivir del momio el resto de sus días, a lo que mande el partido, que es el que paga. Una vez hechos ‘políticos, no hay quien los descabalgue. Creo que nos toman el pelo, unos y otros.
—Pues no sé que nos queda, porque del de la coleta no me fío.
—Ni yo del Rivera.
—De los pequeños, ni te digo, con la ley D’ONT ya se han ocupado los grandes de laminarlos. Ni siquiera esa alternativa nos han dejado. Otra perversión del sistema.
—Por lo menos, a nivel regional ya se ha hecho la circunscripción única, aunque haya sido a rastras.
—Me veo en otras elecciones, aunque sea un disparate y cueste una porrá de billetes, dicen que 160 millones de euros.
—¡No tientes al demonio!




domingo, 20 de diciembre de 2015

PÁPA QUIERO SER POLÍTICO

Aclaración: no creo que todos los políticos sean como el padre de Arturito. Son, a mi parecer, los menos, pero hacen mucho más ruido que los otros.
—Y tu de mayor ¿Qué quieres ser, Arturito?
—Pues yo, bombero
—No digas tonterías, ¿como va a ser bombero el hijo del Teniente de Alcalde?
—Pues entonces, futbolista
—Pero que futbolista ni futbolista, si eres más torpe que un pato mareado.
—Entonces no sé…
—Yo te lo diré, tú vas a ser político, como tu padre. Mira como vivimos desde que entré en política. Y tú tienes muchas más ventajas que yo. Si mi padre me hubiera encaminado de pequeño, no te digo nada donde estaría ahora.
—¿Y qué hay que hacer para ser político, pápa?
—Pues lo primero, apuntarte al partido, al bueno, al de los que mandan. Eso ya lo hice yo por ti cuando naciste, luego seguir al líder ciegamente y vigilar de cerca por si le ha caído algo de caspa en la chaqueta para sacudírsela de inmediato. Al líder le gustan esas cosas.
—No parece demasiado difícil.
—No te creas, tiene su parte ardua, para superarla es preciso acostumbrase a comer sapos.
—¡Puaj! que asco
—Es cuestión de estomago, eso si que es importante. Un buen estomago es fundamental para ejercer en política. Cuando te acostumbres a tragarte un par de sapos todos los días, nada de lo que te digan (y te pueden decir mucho), será capaz de alterarte, podrás pasearte con la cabeza alta y la sonrisa ancha sin que nada sea capaz de sacarte de tus casillas.
—¿Y además de los sapos, pápa?
—No te preocupes, yo te dejaré bien colocado. Solo tienes que aprender a hacer el egipcio, el resto es cosa de promotores y conseguidores que se ocuparan de que siempre tengas el cazo repleto. Cuando los periodistas o los de la oposición te pregunten, contestas lo que te dé la gana, tú a decir insulseces y a echarle cara al asunto.
—¿Y si me pillan en algún renuncio? He oído que a algunos los detienen y los procesan.
—No hay problema, para eso está el aparato, la justicia –la nuestra- se puede dilatar sine die, o nos cargamos a los jueces por prevaricadores. Y en último extremo, están los indultos; lo que si es importante, fundamental diría yo, es que aprendas el arte del eufemismo.
—¿Acualo es eso?
—Pues no nombrar jamás a las cosas por su nombre
—Eso no lo entiendo
—Es como no decir nunca culo sino pompis, al paro se le llama expectativa de empleo para fecha indeterminada, a los despidos fraudulentos alejamientos del centro de trabajo en diferido y simulado, a la subida de impuestos reorganización de los valores impositivos, y así todo. No tienes más que leer los periódicos de los que podrás extraer sabias enseñanzas. Todo el saber político que te es necesario, se encuentra en ellos y en las tertulias de la TV. ¿Lo vas pillando? Con estas sencillas indicaciones, vivirás como los ángeles.
—¡Pápa, yo quiero ser político!

—¡Ese es mi nene, angélico!

martes, 15 de diciembre de 2015

SEÑOR PRESIDENTE (XVIII): Ganador del debate.

Debo felicitarle, señor presidente, por su magnífica actuación en el único debate al que se ha prestado, dejando claro a los otros opositores –representantes de ‘partidos emergentes’- que no merecen que alterne con ellos. En este, puso usted toda la carne en el asador, mostrándose a la altura que sus incondicionales esperamos: educado, serio, responsable, tradicional, contestando a las añagazas malintencionadas de su contrincante con la fría y eficaz argumentación de los números, que constituyen una realidad incontrovertible.
Al mal gusto manifiesto del señor Sánchez, recordándole una y otra vez los casos de corrupción de su partido, y las chapuzas de la caja B de las que pretenden hacerlo beneficiario, tuvo la serenidad de tirar tantas pelotas fuera como resultara necesario, sin descomponer el gesto ni mostrar más irritación que la humanamente comprensible. Y añadir, con la mayor naturalidad, que ha salvado el sector bancario que los anteriores dejaron al borde de la bancarrota. ¡Chúpate esa, Sánchez!
Como era previsible, el debate se convirtió en un diálogo de sordos en el que los argumentos se disparaban como pelotas de tenis y eran devueltos con la misma maña. ‘Y tu más’, ’pues anda que tu’. Ya sabemos que estos debates solo sirven para eso. ¡Qué razón tiene cuando habla desde detrás de la pantalla de plasma! Se ahorra usted muchos disgustos y nos los ahorra a sus fieles electores.
Lo que no estuvo bien por parte del señor Sánchez (que, por cierto, le puso a usted un cuerpo de ‘señor Rajoy’ que no se podía aguantar) es la manifestación acerca de su honradez. Hizo usted muy bien en llamarle mezquino y todas las demás cosas, corto se quedó. El que su tesorero se haya llevado el dinero a manos llenas, que Rato y el resto de la cuadrilla hayan dejado el país hecho un solar, que la señora Cospedal nos tome el pelo con los ‘despidos en diferido’, no es culpa suya, usted no puede estar en todo, bastante tiene con ir poniendo parches a los desastres heredados de Zapatero, e ir recortando aquí y allá para que el país siga funcionando y la banca obtenga los beneficios a que tiene derecho cualquier empresa. El que los pobres sean cada vez más, y más pobres, o que los dependientes se mueran antes de que les llegue la prestación, es cosa de ellos, ¡a ver si de eso va a tener usted también la culpa!
Creo que fue usted el autentico ganador del debate, se le notó más rejuvenecido, a pesar de las barbas que los disgustos le han blanqueado. No así el pelo que, afortunadamente conserva el color de sus años mozos, y con ganas de dar todavía mucha guerra.
Cuente con sus incondicionales de siempre, con los muchos estómagos agradecidos que a lo largo de estas legislaturas ha propiciado, y con los no pocos que esperamos obtener alguna migaja, desprendida de la opulenta mesa de los poderosos, que en este país son los de siempre, pero más ricos gracias a su audaz política.

Cuente, como siempre, señor presidente, con su incondicional amigo. 

LOS PEQUEÑOS OBJETOS


Siempre hay una piedra quieta en el camino
esperando la patada de un niño
para que la mueva a otro lugar,
no muy distante, pero distinto
al que estaba acostumbrándose.

Purificación Gil Fernández

No conocí a ninguno de mis abuelos. En aquella época de posguerra, era habitual. Se los llevaban a edad temprana los avatares de la contienda, las penurias posteriores o la simple precariedad de la vida, cuya media era notablemente inferior a la de nuestros días.
De mis dos abuelos varones, pocas cosas me quedaron, además de los recuerdos cazados subrepticiamente en las conversaciones de mayores (entonces se hablaba poco y con discreción de una época que todos tenían prisa por olvidar), solo pude recoger algunos objetos que me han acompañado a lo largo de los años: del uno, el capote de caza con que arrebujarme, en los puestos de perdiz de la finca que nos legó, un bastón de espino con sus iniciales grabadas a navaja, y las obras completas de Sir Arthur Conan Doyle, encuadernadas primorosamente, con sus iniciales en el lomo, a partir de los folletones semanales de literatura de cordel.
Del otro abuelo, unas antiparras de cristales redondos, frágiles, de miope extremo; un arco de violín desvencijado, de crines sueltas, hermano de una caja de colofonia ya en las últimas, y varios lápices de puntas enfrentadas, una roja y otra azul, con los que anotaba los márgenes de sus partituras.
Son objetos entrañables que me han ligado de forma imaginaria con mis ancestros, a través de los cuales he reconstruido sus figuras, y desarrollado algunas aficiones que me han acompañado hasta hoy: con Sherlok Holmes me entrené en la lectura, un hábito que me ha proporcionado innumerables satisfacciones. El gusto por las aventuras montaraces de ese abuelo acabó cuando descubrí que yo era incapaz de acertarle, con un arma, a una tapia, aunque estuviera situada a un metro de distancia; que del campo únicamente me interesaba lo bucólico y solitario que resulta en ocasiones; de las jornadas campesinas, solo recuerdo con agrado las exquisitas gachasmigas, imprescindibles en las partidas de caza.
Del abuelo violinista heredé, con el arco de crines al viento, el gusto por la música, el afán de las anotaciones minuciosas, la admiración por las coristas y algún resto de sensibilidad para el trato con mis semejantes.
*
En nuestros días nada permanece ni se trasmite, todo se adquiere ex novo y a ser posible de un solo uso, como los pañuelos de papel que han sustituido a aquellos llenos de personalidad, de arabescas iniciales bordadas, que se hundían en la calidez de la entrepierna después de la mocarrada. Como si los pequeños objetos, ‘las pequeñas cosas’ que decía Serrat, hayan perdido su significado, se hayan vuelto irrelevantes y a nadie interesen. Se ha perdido el interés por la relación con el pasado, que se evita como algo nefasto. Los recuerdos de los abuelos se relegan a algún rincón olvidado, cuando no se hace de ellos almoneda en un presuroso cambio de domicilio. Han pasado a ser irrelevantes, como la piedra que el niño golpea con su bota desdentada en el hermoso poema de Purificación Gil que encabeza estas líneas.
Me temo que ninguno de mis descendientes de segunda generación sienta el menor interés por cualquiera de los pequeños objetos míos que les puedan llegar a las manos. Quizás porque las condiciones de vida de que disfrutamos nos han permitido mantener el contacto durante un tiempo suficiente, y ello hace innecesario el culto de esas pequeñas cosas imperecederas que se conservan como reliquias, a través de las cuales nos veíamos obligados a reconstruir la personalidad de nuestros antepasados.

Las piedras quietas del camino se han vuelto invisibles y ya nadie las golpeará.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

MOLIÈRE Y OTRAS CONSIDERACIONES


Hay en El Siscar un pequeño teatro (unas 300 localidades), en el que un grupo de esforzados actores, nos regala periódicamente con obras de reconocido prestigio. Hace poco asistí a una excelente representación del 'Enfermo imaginario' que me pareció digna de encomio. Tiene mucho merito que un grupo de aficionados dedique su tiempo, y a veces su peculio, a hacer llegar la cultura al pueblo, en esta época desamparada de tantas cosas; de ilustración, entre otras. Los poderes locales, seguramente afanados en obras de mayor rédito electoral, o temerosos de que la cultura afecte a la docilidad de sus gobernados, han dedicado poco esfuerzo a la difusión del conocimiento, más allá de las procesiones cameras, los moros y cristianos, o los desfiles borracheros so capa de tradición huertana ancestral.
Por eso, asistir en el recoleto ambiente de un teatro de pueblo a una obra de Jean–Baptiste Poquelín, más conocido como Molière, llenó mi corazón de renovada esperanza en el género humano. Y recordé que, según cuentan, el mismísimo Moliere, había hecho el papel protagonista durante las últimas representaciones de su comedia. Digo últimas porque, quizás demasiado imbuido en su papel, murió después de la cuarta, en la que sufrió una aparatosa hemoptisis. Así perdimos, con solo cincuenta años, a un genio cuyo objetivo principal era ‘hacer reír a la gente honrada’.
Eso no fue una anécdota, sino una desgracia que nos privó de no se sabe cuántas obras más de su fecundo y critico ingenio. Anécdota es que, en aquella malhadada ocasión, vistiera una túnica de color amarillo, lo que vino a contaminar aquel color de mal fario entre las gentes de teatro. Mal fario que ha perdurado hasta nuestros días.
Deseé al director de la obra 'mucha mierda' y a mi esposa, sorprendida por la expresión, debí explicarle que, lejos de suponer una grosería, el dicho auguraba concurrencia y éxito, recordando a los caballeros que asistían a las obras de los corrales de comedias desde sus monturas. La cantidad de mierda (que sin perdón así se llama), depositada por las caballerías en su paciente espera,  constituía barómetro fiel del éxito obtenido por la representación.

Seguro que lo entendió así Antonio Gil Sanchez, flamante director de la obra y enfermo imaginario por unas horas, al que deseo, lejos de la experiencia amarillenta de Moliere, un número de representaciones infinito con igual éxito.

martes, 1 de diciembre de 2015

SEÑOR PRESIDENTE (XVII). Cuente con mi voto.



Me impulsa a reanudar el intercambio epistolar, interrumpido en los últimos tiempos, el firme convencimiento de lo mucho que aprecia mis comunicados. Sospecho que, en más de una ocasión, le han servido de reflexión y apoyo, para la toma de sus siempre ágiles decisiones.
Quiero en esta ocasión darle ánimos ante la virulenta campaña electoral en que se encuentra inmerso, y felicitarle por la audaz decisión de no comparecer a debate alguno, por más que los devotos seguidores nos perdamos su aguerrida imagen cargando contra los enemigos del sistema como un Quijano redivivo.
Tenemos, por suerte, sus apariciones en medios diversos, comentando partidos de futbol, y sacudiendo collejas a su díscolo infante. Esperamos, alborozados, algunas más de semejante estilo. Eso basta a sus incondicionales para mantenernos irreductiblemente unidos a su estela.
Dicen las malas lenguas que su futuro político es incierto, que de Santa Pola llegan cantos insistentes de sirena, que su programa político de cara al nuevo periodo no contempla medida alguna anticorrupción, que no pueden olvidar su permanente huida de los medios, sus apariciones en forma de holograma y la dejadez en afrontar los problemas que mejora en tercio y quinto la atribuida a Felipe II.

No se inquiete, los que le hemos votado toda la vida pensamos seguir haciéndolo. En nada nos afectan sus escasas, aunque desastrosas actuaciones, su falta de dotación a la ley de dependencia, para que el problema se solucione por sí mismo. Ni que, bajo su égida este país haya entrado en una espiral de corrupción repugnante encabezada por su partido. Hasta los más sospechosos, merecen de su magnanimidad palabras de apoyo. Recuerdo, enternecido, aquel: ‘Luisito, se fuerte’ antes de su despido en diferido. Estamos convencidos de que, como nos ha dicho con claridad meridiana, ‘Ha sido muy duro con la corrupción’.
Los otros, han tenido más o menos, los mismos casos y de la misma o superior gravedad, y sin embargo ahí están, los ERES andaluces y los pujoles catalanes, maltrechos pero vivos. Solo los ‘emergentes’ aparecen sin mácula, y eso porque aún no han tocado poder, cuando lo toquen, ya veremos. Debemos acostumbrarnos a la corrupción como un mal inevitable. Es cuestión de echarle encima la tierra necesaria.
Usted tiene tablas suficientes para seguir convenciendo al paisanaje para que lo vote como hasta ahora, hay mucho crédulo y mucho desmemoriado. Es cuestión de prometer, como siempre: ‘bajaremos los impuestos, crearemos nosecuantos mil puestos de trabajo, mejoraremos la sanidad, la educación y el sumsun corda, haremos efectiva la separación de poderes, traeremos a los catalanes a camino a base de dialogo…’, etc. El pueblo es acomodaticio y fácil.
Cuente con mi voto.




martes, 17 de noviembre de 2015

TOMATINAS Y MOROS

Respeto las fiestas populares, pero no soy asiduo. A algunas, por compromiso, acudo de peor o mejor grado, otras las evito tan discretamente como puedo. Algo parecido me sucede con los festejos folklorico-religiosos, romerías y similares, que procuro soslayar sin desairar a nadie. Una de las primeras fotografías de mi infancia (en la que estas no eran frecuentes) me refleja, disfrazado ad hoc, subido a una carreta de bueyes en el “Bando de la Huerta”, que entonces era una cosa discreta y familiar. Para más detalles, la foto es de D. Miguel Herrero, excelente fotógrafo, mejor persona, y amigo de la familia. Guardo un entrañable recuerdo de aquellas fiestas de mi infancia y de la ciudad recoleta y provinciana que Murcia fue.
Hace poco, me invitaron a una fiesta, cuyo atractivo consistía en verter, para diversión de autóctonos y extraños, no sé cuantos miles de kilos de tomates con los que unos y otros se embadurnan hasta quedar hechos un ecce homo. Seguro que la diversión es cosa asegurada.
Es harto improbable que yo asista a tal fiesta. Estoy convencido de que si hubiera nacido en ese pueblo, pensaría de forma diferente, pero no he tenido esa suerte. Lo que supone el desperdicio de esa cantidad de alimentos, en estos tiempos de penuria -y en cualquiera otros-, es cuestión en la que no me adentro.
Más discreto, aunque igual de lúdico e ingenioso, se me antoja el lanzamiento de huesos de aceituna, insólito deporte que no dudo ha de alcanzar pronto las más altas cotas de reconocimiento internacional. Sus practicantes ya comienzan a ser considerados como deportistas de élite. Por desdicha, tampoco estoy dotado para su práctica.

Hace poco, un buen amigo me invitaba a participar en los actos que con motivo de la fiesta de “Moros y Cristianos” se celebran en su localidad. Cortesía que le agradecí en lo que vale.
— ¿Una fiesta tradicional?, le pregunté.
—Ya lo creo -me contestó- viene de hace cientos de años, ha estado latente hasta hace poco. ¿No sabes que los moros estuvieron aquí muchos siglos?
Hasta que los echaron, dije para mi coleto.
—Los judíos también –le dije- ¿Porqué no incorporarlos a la fiesta?
Mi amigo, que había concluido ya los argumentos de que disponía, me invitó a conocer el campamento moro, y el cristiano, la procesión del pan, el alarde arcabucero, la leche de camella y no sé cuantos inventos más. El asunto prometía, pero tengo acumuladas suficientes experiencias entre los habitantes del Sahara para contentarme con sucedáneos. Así es que lo de los moros y cristianos tampoco pudo ser.
Espero que me encaje la próxima fiesta a la que me inviten.

martes, 10 de noviembre de 2015

DE VIRGENES Y DEMOCRACIAS

Circula por mi pueblo una petición de firmas para nombrar a la Virgen del Rosario ‘Alcaldesa perpetua’.  Es iniciativa, aunque original y sorprendente, tan digna de consideración como cualquier otra, si bien invita a cierta reflexión que me permito compartir con quien se tome el trabajo de seguir leyendo.
Vivimos en un país aconfesional y según todas las perspectivas razonables, tendente a la laicidad, como nuestros vecinos europeos. Parece un síntoma de salud ciudadana separar los asuntos civiles de los religiosos.
Los ciudadanos disfrutamos la opción de practicar cualquiera de las religiones que el amplio abanico de creencias pone a nuestro alcance, o no practicar ninguna. Por el bien de esas creencias, no parece oportuno mezclar el gobierno de las almas con el funcionamiento de las instituciones civiles. Item más cuando se nos avecinan otras formas religiosas diferentes, y aún antagónicas, con las que habremos de convivir en paz y sosiego. Las normas religiosas afectan y obligan a sus adeptos, no así las civiles que son comunes a todos. Dice un consejo recogido en uno de los Libros Sapienciales: ‘A Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar’. No se me ocurre más sabia recomendación; es sorprendente que los seguidores de esa religión no la apliquen con la rotundidad que merece.
La democracia que intentamos practicar -sin demasiado éxito hasta la presente-, supone el gobierno de la mayoría, pero también el respeto a todas las opiniones expresadas dentro del marco legal, y a la igualdad de derechos de todos los ciudadanos, como dice nuestra Constitución, hasta ahora en vigor. Esta idea, que en otros países ya es madura y aceptada con naturalidad, en el nuestro no parece tan implantada. Reconocer –y aceptar de buen talante- a los que piensan de forma diferente, no es habitual –todavía. Todos queremos tener razón, la nuestra, y consideramos equivocado al que mantiene una postura diferente. Quizás eso haya producido los radicales desencuentros de que nuestra reciente historia está trufada.
Los que tienen el mandato de dirigirnos, de una u otra tendencia, no son enemigos entre sí, sino individuos que procuran el bien común a través de procedimientos diferentes, y las ideas y opiniones de unos y otros merecen tanto respeto y consideración como las nuestras. Naturalmente, desechando el insulto, la descalificación y, por supuesto, la corrupción que no es sino una enfermedad de la democracia, a la que todos deberíamos hacer frente sin distinción de ideologías ni partidos políticos.  
Tienen, las Vírgenes y los Santos, católicos o de cualquier otra religión, lugares de culto dignos de respeto, donde los fieles puedan acudir según sus normas les recomienden. La injerencia de cualquier creencia religiosa en asuntos civiles no es recomendable. Otras sociedades elevan a leyes civiles los códigos religiosos, Los resultados son de todos conocidos.

Cada mochuelo a su olivo, aquí paz y después gloria. 

sábado, 7 de noviembre de 2015

QUERIDA LAGUNA

A sugerencia de mi amigo ANF.
 Hace ya tantos años que la memoria se llena de boria…
En Lo Pagán, ‘La Salustiana’, un colmado universal donde las madres enviaban a chiquillos en bicicleta para comprar artículos imprescindibles, desde el pan hasta el ‘flit’ de las moscas. Un largo descampado hasta Villananitos, con modestas viviendas de veraneantes diseminadas a largos trechos, el Castillo de Trucharte, el tabuco de ‘Cruz la Negrilla’, reposo de marineros descalzos al amor del vino dorado de Cartagena, en grandes vasos, a palo seco; el molino de Quintín, a lo lejos, el de La Calcetera apenas entrevisto en las mañanas de neblina, cuando los zagales madrugadores se afanaban a la caza de cangrejos. Enfrente La Manga, plana y silvestre, asiento de gaviotas, cormoranes y flamencos, reposo de pescadores que, tras levantar las redes, se aplicaban al rustico Caldero con sobras de la caza. La encañizada, preñada de alevines y galupes, las islas, vírgenes, al fondo…
En La Ribera, la gente pudiente, con casas discretamente ostentosas; en Los Alcázares, el Carmolí y Los Urrutias, pocos veraneantes de alpargata, que proporcionaban una alegría efímera al escaso comercio de una población deprimida el resto del año.
El Mar Menor: un paraíso rústico en el que los caballitos de mar flotaban perezosos, creyéndose inextinguibles, y los pescadores navegaban en menudas embarcaciones de vela latina buscándo un magro sustento.
Con el progreso llegó el disparate: el veraneo al alcance de todos de forma indiscriminada y salvaje, como si los recursos fueran inacabables, como si la naturaleza no mereciera el respeto de un bien perecedero. Devoremos el capital si no tenemos bastante con las rentas. Los que vengan detrás, que areen.
Crecieron las edificaciones como hongos malsanos. La Manga se puso de moda, cartageneros, murcianos y madrileños acudieron en tromba. Edificios monstruosos hasta la orilla del mar atormentado; un puerto de gran calado para barcos que, en un acelerón se salen de esa mar chica, vida nocturna de Cabo Palos y una Venecia menuda y pretenciosa, imposible. El progreso, la contaminación, el desastre ecológico para dejar a las generaciones venideras; los emisarios y la porquería diseminada en las aguas azules que mata los peces, ramblas con vertidos de metales pesados, espigones artificiales y arenas traídas de no se sabe dónde, tanques de tormentas que nada arreglan, medusas de las que hay que proteger a los bañistas con kilómetros de redes…


¿Irreversible? Nada es irreversible, siempre se está a tiempo. Tomemos conciencia de los errores cometidos, con humildad y decisión. Nunca es tarde. Los varios municipios costeros tienen la obligación de coaligarse en un frente que empuñe la batuta y nosotros, ciudadanos de a pié, dueños del bien común, la de presionarlos para detener –y revertir- tanto disparate.
El Mar Menor es uno de los mejores activos de nuestra región, muchas iniciativas deportivas lo atestiguan. Es lugar plácido para embarcaciones sin estruendo, para competiciones de remo y vela, para el reposo familiar en las playas artificiales, para el paseo sosegado en atardeceres inigualables.
Aún estamos a tiempo. Iniciativas como el Pacto por el Mar Menor, lo atestiguan.

martes, 3 de noviembre de 2015

POSTRIMERÍAS, SANTIAGO PADRÓS Y LA CASTAÑERA

Un recuerdo de Ubeda para Isabel y Eduardo, también viajeros.
Sé que no existen las casualidades, lo que llamamos azar no es más que un cúmulo de circunstancias a las que, por parecernos sorprendentes, atribuimos toda suerte de particularidades cuasi mágicas. Nada es real, nuestra fantasía o nuestros deseos, nutren las circunstancias normales de un halo de misterio. Creemos vislumbrar fuerzas ocultas en las que imaginamos designios de seres superiores siempre fantásticos. La magia, como explicación de los fenómenos que no comprende, acompaña al hombre desde el principio de los tiempos. Es la solución para todos los misterios que no es capaz de desentrañar, pero es una solución falsa, proclive a oscurantismos.
Cualquier noche de hotel ubetense, haciendo zapping, en una emisora local, me sorprende una señora que dice adivinar el futuro mediante una serie de adminículos que tiene sobre la mesa: cartas de tarot, velas de colores, perfumes, piedras que albergan en su interior misterios insondables...De pronto nombra a Santiago Padrón y despierta mi atención; sigo interesado la charla insustancial que mantiene con una cliente empeñada en conocer el futuro de una relación nueva y, al final de la consulta, la vidente vuelve a referirse a Santiago Padrón, artífice de la cúpula del Cristo de Medinaceli y del valle de los Caídos. Un sobresalto. Dice que murió en un accidente automovilístico en..... Otro sobresalto. Ahora ya no hay duda. Se trata de Santiago Padrós, mi amigo, mi compañero de mañanas soleadas en la playa de Comarruga. El hombre al que acompañaba en su patín, que me enseñó los rudimentos de la difícil navegación de un velero sin timón, el hombre que firmaba como Sant Yago sus obras de arte.
Se perdió Santiago en un estúpido accidente de coche y la posibilidad de su obra futura, como se había perdido Alvar Fañez en la conquista de Úbeda, aunque no por las mismas razones; no se sabe si Fañez se perdió por los cerros –imposibles de encontrar- o por los cirros que con frecuencia cubren los bajos, llenándolos de una bruma sobre la que parece flotar la gente entre un paisaje de olivos. Como flotaba Francisco de los Cobos sobre las brumas de su afán de pervivencia cuando mandó construir la gran capilla donde enterrarse él y sus descendientes, quizás para que las generaciones futuras pudiéramos admirar el poderío que tuvo en vida. La vanidad de los hombres nos viene acompañando desde hace muchos siglos con tal intensidad que pretendemos ser diferentes, hasta después de muertos. Don Francisco de los Cobos hizo construir ese enorme edificio funerario, igual que los faraones del imperio antiguo construyeron las pirámides, o Mauloso su sepulcro del que solo conservamos vagas referencias. Ese mismo afán debió de llevar a Caterina Campodónico, la castañera de Génova, a ahorrar céntimo a céntimo el dinero necesario para sufragar un panteón que admiraran los visitantes del cementerio de Staglieno. Un joven estudiante menesteroso, al que de vez en cuando aliviaba el hambre con sus castañas templadas, se convirtió andando el tiempo en el músico Giuseppe Verdi que, en recuerdo de aquellos tiempos la invitó a cada uno de sus estrenos operísticos. Él y sus amigos terminaron de pagar la estatua que el maestro Orengo le había confeccionado a la castañera.
Aun en el más humilde está el afán de ser recordado para siempre.






viernes, 23 de octubre de 2015

BAEZA, ÚBEDA Y ALVAR FAÑEZ

Para Isabel y Eduardo, miembros de la caravana.
El viajero, que es disciplinado, se une a la caravana que lleva rumbo a Baeza. Le han dicho que, junto con su vecina Úbeda, son ciudades medievales que conviene visitar. Y a él le parece bien. Al viajero, sabedor de que el viaje y no el destino es casi siempre lo importante, cualquier rumbo le parece adecuado. Oyó decir hace mucho tiempo que a la mente, igual que a los perros domésticos y a los viejos, es necesario sacarlos a pasear de vez en cuando porque si no, se engandulan. A la mente hay que proporcionarle espacios renovados, vistas diferentes, ciudades que la sorprendan. Esos estímulos hacen que genere ideas, almacene  imágenes que luego será capaz de procesar, quizás para construir mundos ilusorios. La mente es cosa que no siempre controlamos y a la que hay que concederle un cierto respeto ya que posee una inquietante tendencia a funcionar de forma autónoma. El viajero, que en el transcurso del tiempo ha llegado a una saludable concordia con ella, la saca de paseo cuando la ocasión se le ofrece, como si fuera una mascota caprichosa o un anciano cuya silla de ruedas hay que empujar de forma dulce y constante.
Baeza es una ciudad medieval y cuidada. Los edificios, de mediana señoría, tienen la fortuna de estar construidos en solida piedra, lo que probablemente ha propiciado su pervivencia a lo largo de los siglos. El viajero la compara con su pueblo, de cerámica mucho más perecedera y siente cierta envidia…
En un bar llamado Bou Sadif, un guardia civil de uniforme hace manitas con una hermosa joven de vestimenta evanescente. Los tiempos cambian y nos proporcionan, a veces, escenas impensables no hace mucho.
El viajero y sus amigos deambulan, acompañados por el airecillo fresco que parece presagiar nieve, a través de las calles empedradas hace muchos años. En un recodo, una banda de muchachos atrona el aire con el sonido de tambores premonitorios de la Semana Santa. Los chicos se emplean a fondo, como si su felicidad dependiera de cada golpe asestado con inequívoca potencia. La comitiva tamborera pasa delante del antiguo seminario conciliar de san Felipe Neri, hoy sede de la Universidad Internacional de Andalucía donde el grupo de peregrinos tiene la suerte de coincidir con un delicado concierto de sonatas de Beethoven.
Las notas del violín y el piano se esparcen por la sala recoleta -quizás una antigua capilla con excelente sonoridad- como mariposas multicolores que acarician los oídos con su aleteo suave. La sala -unas cien localidades- está llena a rebosar y el público escucha en silencio reverente. Acabada la actuación, dos ‘propinas’ de Falla los dejan más que satisfechos.
A la salida, los tambores siguen atormentando el ambiente. Se les han añadido una banda de cornetas. Los chicos trompetistas, no se sabe si en su ímpetu juvenil o con el afán de superar a los tambores, soplan con todas sus fuerzas.
La caravana pasa, al día siguiente, por Jaén y se detiene a repostar. El viajero no puede por menos que recordar los versos de Baltasar de Alcázar: 'En Jaén, donde resido, vive Don Lope de Sosa...' y la recita a sus acompañantes, que la escuchan distraídos.
Jaén, desde el punto de vista arquitectónico, parece una ciudad de poco fuste después de lo que llevan visto los viajeros. Sin embargo, el museo del centro cultural Baños Árabes, los sorprende de forma agradable; un edificio laberíntico, plagado de recovecos, asentado sobre unos baños árabes donde, probablemente hubieron antes unas termas romanas. Alberga también un museo del aceite lleno de artilugios desconocidos y fascinantes.
La caravana no se detiene. Pasa por Úbeda, donde nunca hubo cerros. Sin embargo,  Alvar Fañez dijo haberse perdido por ellos mientras permanecía agazapado durante las escaramuzas para la toma de la ciudad por Fernando III el Santo. A lo mejor el hombre, a pesar de ser sobrino del Cid, era un poco trapalón y algo cagueta.
La caravana sigue hacia el sur...



martes, 13 de octubre de 2015

UNA ESTATUA DESCABEZADA

Era inevitable, la noticia corrió como la pólvora por el pueblo minutos después de producirse el hecho. Llegó enseguida hasta la barraca cabe el Ayuntamiento, donde los objetores procesionarios se regalaban con los excelentes productos que allí elaboran las Amas de Casa. Las redes sociales se incendiaron, los comentarios de todo orden incluso los irrespetuosos y fuera de lugar, las invadieron. La Verdad publicó la noticia en su edición del día siguiente, merced al ojo siempre avizor de nuestro reportero local.
Juan de la Cirila llegó a la tertulia con el periódico recién comprado.
—Todavía estoy erizado. Me pilló justo al laíco del trono, mira, mira, aquí está la foto.
—El video de Tele Santomera, cazó toda la caída a la perfección. Vaya un accidente estúpido.
—Como todos los accidentes, por eso se llaman así, dice el Cacaseno.
—Parece que la sujeción era un poco chapucera. 
—O que a la Virgen le dio un repente…
—No seas irreverente ni le faltes al respeto, Cacaseno, es la patrona del pueblo y hay mucha gente que le tiene devoción.
—No le falto al respeto a nadie, pero creo que hay que poner las cosas en su sitio. En primer lugar, lo que cayó es solo una representación, una estatua, un ídolo con la relevancia que cada uno quiera darle. En segundo lugar, la fe en la religión católica es importante para el que la profesa, con el mismo derecho que tiene el que no la profesa a considerarla una fábula. Nadie puede arrogarse el patrimonio de la verdad, ni siquiera las mayorías, suponiendo que existan.
El doctor Mateo interviene,
—Haya paz. Siempre he dicho que, en materia de fe, debemos ser respetuosos, porque todos tenemos derecho a creer en lo que queramos o no creer en nada. Otra cosa son las manifestaciones públicas. Vivimos en un país aconfesional de mayoría católica según parece y las manifestaciones públicas de esa religión se han mezclado con el folklore, la tradición y la historia, de forma que hemos llegado a un totum revolutum en el que se confunden unas cosas con otras. De ahí que cualquier crítica o comentario desafortunado sobre cuestiones de fe levante ampollas y amenace excomuniones, no sé si más o menos eficaces. Los representantes públicos se encuentran en el dilema de participar o no en unos desfiles que no se sabe en qué medida son religiosos, populares, tradicionales o ciudadanos. Y lo resuelven como mejor pueden en cada caso.
—Todo eso está muy bien, Mateo, pero no hay derecho a que la gente se ría, diga que la virgen se ha tirado del carro o que en este pueblo se cortan cabezas.
—Juan, derecho tiene todo el mundo a decir lo que le parezca oportuno, aunque a algunos le parezcan sandeces. Ya sabes que existe la libertad de expresión. Puede ser cosa de mala educación, quizás bromas estúpidas, pero tampoco pasan de ahí. No hagamos dramas que nada es intocable en cuestión de opiniones y ninguna verdad se hace incontrovertible a base de repetirla entre sahumerios y bendiciones.
—Tú lo que quieres es darle la razón a todo el mundo.

—Puede ser.

martes, 6 de octubre de 2015

HERMANOS

Fue un cataclismo que sucedió en el lugar y el momento menos adecuado, como suceden siempre los accidentes, de forma inopinada. Una sorpresa para todos menos para Jordi, el causante de la conmoción. Nuestro padre nos había advertido en repetidas ocasiones de que en la mesa no se trataban asuntos de política, de religión, del servicio o de dinero; en general, de nada que fuera importante o que pudiera redundar en una falta de atención hacia aquella actividad que consideraba fundamental para la supervivencia del género humano.
—Se come en silencio, con dedicación plena, saboreando los manjares y agradeciendo la suerte que tenemos, en un mundo en que la mitad de la población se acuesta con hambre todos los días -nos repetía con frecuencia.
Y Jordi, quizás abusando de su mayoría de edad recién estrenada, se había cargado las normas de un plumazo:
—Tengo decidido marcharme de casa.
El disparo cogió a nuestro padre aplicándose con las últimas cucharadas de sopa, la Bullabesa un poco cargada de ajo por la que sentía especial aprecio que debía tomare en silencio reverente, con una unción comparable a la de los místicos en éxtasis. La cuchara interrumpió su recorrido a mitad de camino, la boca entreabierta permaneció expectante mientras dirigía a Jordi aquella mirada de sus ojos oscuros, entre irónica y amenazadora que nos había hecho temblar tantas veces. En el otro extremo de la mesa, la madre, sobrecogida, tampoco dijo nada, siguió con su sopa como si el asunto le fuera ajeno, pero con el rabillo del ojo pude apreciar que tenía las pestañas húmedas.
Aquello fue el principio del éxodo. Padre jamás le hizo a Jordi ningún reproche ni se quejó nunca, pero cuando cerró la fábrica a la que había dedicado su vida, él se quedó sin trabajo con un magro subsidio y las cosas empezaron a ir de mal en peor. Poco después, se marchó Iñaki y dos meses después Santiago. Todos tenían sus trabajos, unos buenos, otros regulares y otros daban justo para sobrevivir, pero con su ayuda la economía familiar se había sostenido de forma pasable, Y ellos, hasta entonces, se habían beneficiado del arca común. Al marcharse de casa, desaparecieron las cargas, pero también los ingresos, y sobre todo el sentido de solidaridad que desde siempre habíamos pensado que imperaba en la familia.
Quedamos solo los más pequeños, sobrecogidos al percatarnos de que aquella unidad en la que habíamos nacido y que considerábamos de una robustez a prueba de bomba, se resquebrajaba descubriendo una fragilidad que nunca habíamos sospechado. La fuga fue contagiosa, Amparo ya anunciaba sin ningún rubor su marcha en cuanto las circunstancias se lo permitieran y Curro dijo que iría donde ella fuera. Encarna y yo quedamos cada vez más perplejos y desarbolados, sin saber a qué árbol arrimarnos. Los padres se preguntaban -sin encontrar la respuesta-, qué habían hecho mal y se arrepentían, como en todos los errores humanos, tarde e inútilmente de habernos imbuido una unidad que, a la hora de la verdad, se revelaba ficticia.
La familia siguió desmoronándose lentamente hasta desaparecer por completo. Acabamos siendo perfectos desconocidos y poco faltó para que nos tratáramos de usted cuando nos cruzábamos por la calle, si no es que cambiábamos de acera para evitarnos mutuamente un momento embarazoso.




martes, 29 de septiembre de 2015

—MITAD DENTRO, MITAD FUERA. ¿Y AHORA QUÉ?

Dice Fernández, a propósito de las elecciones catalanas, nada más llegar a la tertulia.
—Pues ahora, nada –le contesta el Cacaseno-, la gente ha votado lo que le ha parecido oportuno (por cierto, con una buena afluencia) y todos han ganado, como en todas las elecciones. Es cuestión de interpretar los números como a cada uno le parezca, ¿no, Juan?
—Pues no. Una cosa son los números, e interpretarlos de forma torticera, otra. Se engaña quien quiere. Lo que está claro, es que la mitad de los catalanes, más o menos, quieren la independencia para Cataluña, y la otra mitad, no. Esa me parece la cuestión de base. Cómo se ha llegado a esta situación es lo que me parece interesante de averiguar, y si eso es circunstancial y reversible, más interesante todavía. Puede que esa fuera la noche de ‘Esta noche, la libertad’ y que veamos otro Pakistán.
—Pues ya sabes cómo se ha llegado a esto: con el mismo descontento que las actuaciones del gobierno del PP, con la mayoría que nunca debimos darles, han causado en el resto de las comunidades de España, solo que los catalanes pueden interpretarlo como culpa del enemigo exterior y los demás no tenemos esa opción.
Tercia el doctor Mateo, después de acabar su media con tomate:
—Creo que si Mas y Rajoy se quitaran de en medio, que los dos están amortizados, la situación podría revertirse, porque no acabo de ver una Cataluña independiente. Y si estoy equivocado, pues nada, que soliciten la independencia, que constituyan un país aparte y luego ya estableceremos, de forma bilateral y libre, las relaciones que hayamos de mantener en el futuro y ellos con Europa. ¿No, tío Juan?
—Amortizados, no sé. Rajoy parece tener intención de presentarse a las próximas, y Mas, se apunta el éxito del sí.

—Detrás de Junqueras, no te lo pierdas de vista. Ese lo tiene agarrado por salva sea la parte, y no olvides que los separatistas del CUP han puesto como condición que él no sea candidato, aunque no me extrañaría que dijeran digo donde dijeron Diego. Esos se dan la vuelta cuando les conviene
—De todas formas, el disparate, por culpa de unos y de otros ha sido mayúsculo: unas elecciones que son plebiscitarias sin serlo, una agrupación medio política medio ciudadana que saca mayoría de escaños, una mayoría de votos no secesionistas en un ‘plebiscito’ en el que no valen los votos sino los escaños; una coalición de partidos burgueses tradicionalistas con anticapitalistas, sin programa, líder, ni planteamiento de futuro que no sea la secesión. No sé cómo hemos dado lugar a tamaño disparate.
—Y mientras, los políticos dedicándose a esos juegos de salón, gritándose unos a otros y diciendo insulseces de platos y vajillas, como en los tiempos de peras y manzanas. Y sin que nadie gobierne. Los Pujoles y otros corruptos de esa laya, deben estar tan contentos. Mientras rula, no es chamba. Ya veremos donde acaba esto.
—¡Dios nos coja confesados!



martes, 22 de septiembre de 2015

LA MURALLA CHINA

 El astronauta Neil Armstrong, a la vuelta de su paseo espacial, aseguró que desde allá arriba no había logrado divisar la Gran Muralla China. Que la obra podría verse desde la luna resultó ser una fantasía imaginada por un anticuario inglés llamado William Stukekey en 1754, pero se había convertido en una leyenda, no sé si urbana o campesina, que nos gustaría probable, porque esa es una de las obras colosales que hablan del empeño de los hombres en elevar monumentos cuya utilidad es difícilmente comprensible para las generaciones posteriores. Como el Machu Picchu , las pirámides de Egipto o las murallas de Ávila.
La Gran Muralla China, que es, quizás, la primera de esas dimensiones edificada para separar a unos hombres de otros de que tenemos noticia. Tenía más de 20. 000 Km. de longitud, una anchura entre 4 y 5 m. y una altura que oscila entre los 6 y los 7 m. Se levantó, con una perseverancia difícilmente comprensible en nuestros días, a lo largo de 1100 años por muchas generaciones de individuos cuyos restos reposan en su vecindad. Constituye una de las nuevas siete maravillas del mundo.
Se inició en tiempos del primer emperador de la dinastía Qin (221 aC.) con el objetivo de impedir la invasión de otros pueblos, seguramente menos cultos pero más aguerridos y con mayor potencial invasor, sea porque tenían más hambre o porque, con mejores armas, ansiaban apoderarse de nuevos territorios. Los chinos creyeron aislarse del mundo mediante un muro. Los avatares siguientes evidenciaron ese afán completamente inutil. Ahí está la muralla, de la que solo se conserva un 30%, convertida en atractivo turístico. Luego, vinieron más murallas, unas ciclópeas, otras de tierras y minas o de alambradas metálicas, todas con un objetivo que se demostró inutil al cabo de los tiempos – el muro de Berlín, la muralla de Adriano, los muros de Constantinopla, la línea de la paz de Belfast, la franja de Gaza, la valla del Sahara occidental, la valla de Dubrovnic en Croacia, el muro fronterizo EEUU-Mexico, la muralla de Dyarbakir de Constantino, las de Ceuta y melilla, y tantas otras.
Todas se han revelado inútiles y, sobre todo, permeables que es el mayor contrasentido que en un muro puede darse. La conclusión es clara: es imposible aislar a unos pueblos de otros y todos son susceptibles de ser invadidos, de una u otra forma.
Me ha sugerido esta inconsecuente reflexión sobre muros, vallas y murallas, un excelente artículo de Pérez reverte al respecto de las invasiones. Creo que tiene enjundia. Ahí lo teneis:

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/1038/los-godos-del-emperador-valente/

sábado, 12 de septiembre de 2015

CATALONIA, MON AMOUR

La tertulia, tras los calores y las vacaciones, se ha quedado en cuadro. Dice Fernández que este año se va de vacaciones a Santiago de Compostela, le han dicho que allí hace fresco.
—¿No te vas a la Costa Brava, con tus parientes, como todos los años?
—Calla, calla, Cacaseno, mi sobrino se ha hecho separatista y no hay quien lo aguante. Ya ves tú, hijo de murciano y jienense y ahora es más catalán que Pompeu Fabra. Tiene los balcones llenos de esteladas y me pega unas palizas con el opresivo estado español que me pone loco. Ya les he dicho a mi hermano y a mi cuñada que mientras no pase el vendaval, no cuenten conmigo.
—¿Pero tú crees que pasará?
—Pasar, seguro que pasa, no hay mal que cien años dure. Ahora, como pasará es otra cosa. Y lo que nos costará, a ellos y a nosotros, otra.
—Pues el Mas dice que está dispuesto a todo y que el nuevo estado catalán será más prospero que este. Se ve que el que no piensa como él, ni es catalán ni es nada.
—No sé qué decirte. A mí, mientras no me lo expliquen bien, no lo veo claro. No me imagino poniendo fronteras entre Cataluña y el resto de España, ni que tengan que salir de la Comunidad Económica Europea, ni que constituyan ‘un estado asociado’ con nosotros (si es que ‘nosotros’ queremos), ni que vuelvan a la peseta que ellos inventaron, ni que dejen de vender sus productos a lo que quede del país, ni que el Barça y los demás equipos catalanes dejen de jugar la liga…lo veo todo un poco embarullado.
—Pues ese es el problema, que esos dirigentes que dicen preocuparse tanto por el bienestar de sus administrados, no lo explican bien.
—Pero la gente se lo traga, y al parecer, está entusiasmada por sacudirse el yugo español.
—Menos lobos, Caperucita. Lo primero que me gustaría saber -y así se lo digo a mi sobrino- es cuantos habitantes de Cataluña están por la secesión; y en segundo lugar, que mayoría sería suficiente para que tuviera capacidad de decisión. Y qué pintamos el resto de los españoles en el asunto, que también tendremos algo que decir, me parece a mí.
—Hay una cuestión previa, y es que la Constitución no permite la secesión.

—Toma, claro, es que si empezamos por la punta, el Mas está donde está porque juró la Constitución Española. Lo lógico, si no está de acuerdo con ella, es que dimitiera y encabezara el movimiento separatista con Esquerra o con quien quiera, y que cobre de quien le quiera pagar, no del opresivo estado español. Y que negociara con la comunidad Europea si lo iban a dejar entrar o no.
—Ya le han dicho que no por activa y por pasiva.
—Pues eso es lo que hay que explicar a la población: qué futuro económico van a tener después y qué vamos a perder con el cambio, ellos, nosotros y Europa. Y si después de eso, una mayoría representativa de catalanes optan por la secesión, pues adiós y buena suerte. Fronteras y cada uno por su lado. Y a quien dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Yo ya le he dicho a mi sobrino que cuando su fábrica de embudos se deslocalice, aquí tiene un plato en la mesa y unas tijeras para cortar limones.
—Suerte tendrá, menos da una piedra.





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