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martes, 16 de octubre de 2018

SUETONIO y los 60.000 MILLONES


Propician los ardores veraniegos que obligan al reposo, la relectura de textos inmortales, esos que se posponen para más adelante y que un día afortunado el azar deja caer en nuestras manos desde la estantería donde dormían el sueño de los justos. Entre otros, le ha tocado este año a Suetonio y su “Vidas de los césares”, amena “crónica rosa”’  de los emperadores romanos, desde Augusto hasta Domiciano. Siento especial debilidad por la época imperial inaugurada por Cesar, quizás porque me lo hizo estimar como estadista, pacificador, hábil político, personaje entrañable, astuto y manipulador, el libro de Robert Graves y la serie “Yo Claudio” que me parece –aún hoy- de impecable factura.
Cómodamente instalado en la hamaca, bajo el plantón macocano de amena sombra, me tiro al coleto las 723 páginas, notas incluidas, del volumen. Y en la duermevela que propician el reciente esfuerzo de la lectura y el vientecillo de levante que templa la tarde, reflexiono sobre el contenido y se aparecen a la imaginación las escenas que narra Suetonio: Sólo sufrió dos derrotas graves y vergonzosas, y las dos en Germania: las de Lolio y la de Varo. La de Varo resultó casi un desastre total, pues fueron aniquiladas tres legiones junto con su general, los legados y todas las tropas auxiliares.
Me detengo en la de Publio Quintilo Varo, (herido y avergonzado tras la derrota prefirió la espada en el vientre a la ira del emperador), que también recogen Tácito, Dión Casio y Veleyo, en el bosque de Teotoburgo, zona de la actual Westfalia, el año 9 dC. ante las tropas del caudillo Arminio. A la enorme y costosa derrota sufrida en la zona empantanada por las lluvias invernales, se añadía la afrenta de perder las águilas imperiales que campeaban al frente de las legiones XVII, XVIII y XIX.
Dice Suetonio que el emperador se mostró tan consternado, que se dejó crecer la barba y el cabello durante varios meses seguidos y de cuando en cuando golpeaba su cabeza contra las puertas gritando “¡Quintilio Varo, devuélveme las legiones!; y que consideró  todos los años el día de aquel desastre como un día triste y siniestro.
*
En la ensoñación que el relax propicia, me imagino interpelando a mis dirigentes acerca de los 60.000 millones (que en parte –aunque pequeña- han salido también de mi bolsillo), para tapar los agujeros de la banca, que ahora se refocila con sustanciosos beneficios. Recuerdo las palabras del señor Rajoy: “El préstamo a la banca, lo devolverá la banca”. Y le grito en sueños al actual presidente: “¡haz que nos devuelvan nuestros 60.000 millones!”







domingo, 7 de octubre de 2018

CARTA DE UNA AMIGA MUY QUERIDA


 Son momentos dolorosos, la separación forzosa a que la vida nos tiene encadenados desde el nacimiento siempre lo es. Pero no me gustaría que sufrierais mi ausencia más allá de lo que el natural duelo impone. No somos gente de lágrima fácil.
Sí quiero que me recordéis como nosotros recordamos a nuestros antepasados cuando llegamos a una edad parecida a la de sus últimos tiempos. En algún sitio leí durante mis años universitarios que los antiguos griegos aseguraban que la verdadera muerte es el olvido. Quizás por eso se afanaron en producir las iliadas y odiseas que entonces nos parecían tan plastas. Ellas nos han acompañado hasta hoy y puede que sigan entre nosotros durante muchos siglos más.
Sabed que me habéis hecho muy feliz, los cuatro. Vuestro padre y yo os fuimos recibiendo con la gran ilusión del amor fructificado. Asistimos, con la sorpresa de lo nuevo, a vuestras primeras travesuras y a las pequeñas tragedias domésticas, como aquel incendio chimenil de Miquelturra que tantas veces hemos comentado en las inolvidables cenas de fin de año, ante los troncos ardientes, rodeados de entrañables hermanos y amigos.
He gozado durante muchos años de vuestra compañía. ¡Pasé tantos días felices entre vosotros! Tengo memoria de las comidas cotidianas –no quiero extenderme, por modestia, sobre mis arroces al forn con receta de vuestra abuela que tantos parabienes concitaron-, y de vuestros noviazgos -que casi hemos compartido. He disfrutado cuidando mis plantas agradecidas y con el zoológico que montó vuestro padre cuando se dedicó, con la pasión unidireccional que lo caracteriza, a la cría de animales exóticos, cabras y burra incluidos; amén de los numerosos perros –a veces gigantescos- que trotaban escandalizando el jardín. Seguro que algunos pajarillos que aún lo sobrevuelan, recordarán cómo los sacamos adelante cebándolos cada dos horas en el nido improvisado de nuestra mesilla de noche. La vida en el molino de Alfatego fue venturosa, nos alimentó con una suerte de ambrosía que recordaremos para siempre.

Aprovechad el tiempo, que pasa muy deprisa. Recuerdo como si fuera ayer la primera comunión de vuestros tíos Rafael y Antonio, los trajecitos azules de marinero, cosidos en casa, y las gorras con los letreros “Churruca” y “Lepanto”; a mi hermana Pilar llevándonos a ‘los pequeños’ de paseo a Santo Domingo, y a ‘mi Lauri’ como la llamaba mi padre. Ya entonces era la guapa de la familia y luego fue el ángel cuidador que llevo para siempre en mi corazón. Veo el belén anual que mi madre componía, con sus papeles de plata simulando cantarines arroyuelos, a la entrada de la casa de Peligros en la que se desarrolló nuestra infancia. En el despacho vecino el padre se esforzaba en enseñar a escribir a máquina, bajo el cuadro de las palomas, a Antonio y Rafael en las monstruosas Underwood. En el sofá del recibidor, el abuelo Silvestre escribía misteriosas notas que nadie leería jamás, sonriendo con el crotorar de cigüeña que le proporcionaba su cantarina dentadura postiza, fabricada en origen para fauces más potentes.
Recuerdo mis años de deportista de élite que afronté con el afán de complacer a mi padre, siempre exigente, y los triunfos que celebré desde el punto de vista deportivo sin que –está mal que lo diga, pero lo digo- alteraran mi ánimo, siempre discreto y hasta vergonzoso. Mientras, Eduardo se enfrentaba a las oposiciones por las que tuvimos que pasar ambos, él con la ventaja de disponer de la compañía de la tortuga amiga y el divertimento de someter al suplicio de la gota malaya al barbero del piso de abajo.  La mejor cosecha de aquellos tiempos esforzados habéis sido los tres. Un motivo más para sentirme orgullosa.
He tenido la suerte –hemos tenido la suerte- de acompañar a mi madre y a Amanda Mayor hasta sus últimos días, la misma que yo he tenido con vosotros y con algunos de nuestros amigos más queridos.

Claro que me hubiera gustado estar unos cuantos años más con vosotros en mi amado molino -cualquier tiempo es precipitado para morir-, pero quien sea que haya diseñado nuestro destino, es implacable. Nuestras vidas son, sencillamente, “los ríos que van a dar a la mar”, y allí descanso para siempre, además de en vuestra memoria y en la de todos los que me han querido y me han hecho los últimos tiempos soportables y llenos de ternura.
Recordad siempre que os quiero.




martes, 25 de septiembre de 2018

INVESTIGACION Y POLÍTICA



Asistí a la conferencia de la Dra. Maite Mendioroz propiciada por el foro Nueva Murcia dentro del programa que coordina con acierto Ricardo de Prado. El tema, tan interesante  como universal, fue expuesto con un rigor y sencillez que mantuvo abducida la atención del numeroso público asistente durante su desarrollo. Pudimos enterarnos de la cronología de la enfermedad de Alzheimer, que no es solo una afección de viejos; de la aparición de la “basura” orgánica que dificulta la transmisión sináptica; del papel determinante que en ella tienen las proteínas aminoides y kao, y de otras muchas cosas que imagino ignoradas por buena parte de los asistentes hasta ese momento. En las preguntas surgidas en el posterior coloquio, la Dra. Mendioroz se lamentaba de que la dotación presupuestaria, sobre todo en lo referente a recursos humanos, fuera tan cicatera que dificultaba en buena medida el avance de las investigaciones de su equipo en la Universidad de Navarra. 
Con el buen regusto de lo escuchado en el magnífico marco del patio del Casino, a pesar de lo apuntado en la última parte, echo un vistazo a uno de los periódicos locales y me encuentro con un artículo de Gerónimo Tristante -ágil e incisivo, como suyo- en el que proporciona merecido varapalo a las instituciones regionales  -las tilda de “ trileros que se han ganado a pulso el desprestigio de que disfrutan”-, cuya mala gestión ha quedado patente en el asunto del tren híbrido que ahora se empeñan en demonizar arteramente, contraponiéndole en la balanza no sé cuántos Aves ilusorios de que íbamos a disponer no se sabe cuándo. Como si fuéramos tontos velazqueños.
Uno recuerda el final de la conferencia de la doctora Mendioroz y le acuden a las mientes la interminable lista de proyectos fallidos de este gobierno regional (Autovía del bancal, Paramount Chanel, Aeropuerto de Corvera, Murcia is diferent, rehabilitación del barrio de La Paz, yacimiento de San Esteban, etc.), vuelve al artículo de Tristante: -“Este gobierno regional lleva años retirando dinero de la escuela y la sanidad públicas, de la dependencia, de las dotaciones en seguridad ….para meterlo en proyectos de ninguna utilidad, mastodónticos y con empresarios amiguetes”-, y se imagina un mundo ilusorio donde los políticos de semejante calaña estuvieran condenados a galeras de por vida -con pena accesoria y regular de látigo de nueve colas-,  mientras que los buenos -que debe haberlos en algún sitio-, se mantuvieran permanentemente atentos a proyectos de investigación, educación, sanidad, etc., atendiendo a las verdaderas necesidades de la población y no a las estrategias partidarias de sus encorsetados “aparatos” y de sus avispados conseguidores. Puede que sea cuestión de votos.











martes, 18 de septiembre de 2018

LEYENDO A SALTO DE MATA, CON CATALUÑA AL FONDO


(Transcripción de algunos párrafos de mis lecturas aleatorias)

Si aceptamos que todo es relativo, podríamos dar como bueno, como dice Kant, que la validez moral de cualquier comportamiento pasa por considerar lo que queremos para nosotros igualmente bueno para todos los demás. Una acción, un comportamiento sería aceptado como bueno cuando lo que es válido para cada uno puede ser válido de manera universal. Si no puede aplicarse a los demás lo que yo hago, no puede servir como ley moral. La acción correcta es la que exige el deber de cada uno. Auxiliar a alguien porque así lo exige el precepto religioso o la ley civil, en puridad, no puede considerarse moral, es un deber. El acto genuinamente moral no puede depender de ningún tipo de interés o de deseo, por muy bienintencionado que sea. Una acción es moralmente buena si puedo convertirla en ley y aplicarla a todos por igual, sin excepción.
Unos cuantos años antes, el Corán, los evangelios cristianos, el Talmud, Confucio en sus Analectas y hasta el Mahabharata del primer milenio aC. habían dicho algo parecido con diferentes palabras.
Seria Hegel, a pesar de su hermetismo que lo hace tan difícil de seguir para el profano, el que intentaría forjar un sistema filosófico que permita abarcar la realidad en su conjunto. Cuando nos acercamos a la realidad, es inevitable hallar un sinfín de creencias incompatibles, posiciones que se excluyen mutuamente, discursos que se contradicen. No sabemos qué es la verdad ni como posicionarnos frente a ella. Lo habitual entre los filósofos es imponer su verdad y descalificar todos los discursos que se le opongan.
La dialéctica de Hegel pretende conocer como son las cosas en sí mismas empleando la formula tesis, antítesis y síntesis. Tanto la tesis como la antítesis se suponen en posesión de la verdad y no están dispuestas a reconocer que la otra opción pueda ser razonable. Nos dice Hegel que, por mucho que una tesis se oponga a una antítesis, siempre cabe la posibilidad de pasar a una nueva posición (la síntesis) en la que se cambien por completo los términos del problema.
Supongamos que alguien dice: “todo es negro”. El planteamiento sería falso ya que para reconocer que algo es negro, debe oponerse a algo que no lo sea, es decir a otro color, supongamos que blanco. Pero la antítesis “todo es blanco” sería igual de falsa que la anterior, por idéntico motivo. Llegados a este punto, la única disyuntiva es el gris. En este tercer color, el negro y el blanco quedan abolidos, suprimidos, destruidos por la mezcla. Sin embargo, están al mismo tiempo preservados, prolongados, inmersos en él. Es solo entonces, cuando ambos se niegan y se elevan a un nivel superior, cuando el blanco y el negro pasan a tener una entidad real, aunque difuminada en el gris.
*
Reflexionando sobre la crisis de Cataluña, me pregunto si no sería recomendable que a nuestros políticos (de una y otra banda), se les exigiera, entre los masters con que los abrumamos, el estudio pormenorizado de la dialéctica hegeliana. Y al que no rindiera brillante examen sobre el asunto, fuera desterrado para siempre de tan excelso oficio y condenado sine die a vagar por las estériles praderas de la ignorancia supina sin que merezca perdón ni consuelo. Como penas accesorias, el visionado permanente de Telecinco y los twits del Sr. Trump.






martes, 4 de septiembre de 2018

LAZOS, SEÑERAS Y ESTELADAS


Tengo un amigo que defiende con rotundidad y pasión su derecho a colocar lazos amarillos en lugares públicos. Es decidido partidario de instaurar la república catalana y de su secesión del resto de España, a la que culpa de todos los males que aquejan a Cataluña desde el 11 de septiembre de 1714, y aún antes, cuando Cataluña solo era un conjunto de condados vecinos al reino de Aragón y al Imperio carolingio. España, dice, les roba y les ha robado siempre.
Tengo otro amigo, también catalán (ambos, por cierto, pertenecientes a sendas familias de emigrantes almerienses), que defiende su derecho a retirar lazos amarillos de los lugares públicos, o colocar otros del color que se le antoje, con la misma libertad democrática que el anterior.
Y tengo un tercero que confiesa estar harto del denominado “procés”, al que considera una cortina de humo expandida por los malos políticos que se dedican a la guerra de lazos y esteladas, mientras el país (Cataluña) permanece en un vergonzoso cierre del Parlamento, los Pujol circulan a su antojo continuando con sus trapacerías sin que nadie se atreva a meterles mano; las eléctricas -en las que los rebotados de la política de uno y otro signo hacen su agosto-, suben la factura con indiferente desahogo; la banca obtiene pingües beneficios con los 60.000 millones que el estado sacó de nuestros bolsillos sin que nos hayan hecho participes de su bonanza; la sanidad ha entrado en un proceso de carencias que la iguala a la del resto del país, y un largo etcétera con el que me martiriza cada vez que coincidimos en el ascensor.
Soy amigo de los tres y me gustaría seguir siéndolo, pero el asunto se pone cada vez más difícil. El primero ha hecho de su causa una cuestión de fe y solo trata de buscar argumentos que refuercen su posición, por peregrinos que sean. Considera mártires de la represión española a los auto-exiliados en Bruselas y a los encarcelados sin razón alguna, algo parecido a lo que sucede con la Sabana Santa, se sabe sin lugar a dudas que procede del siglo XIV, pero el buen creyente sigue convencido de que es el sudario de Cristo. En asuntos de fe, cualquier discusión resulta estéril.
El segundo pretende, sencillamente, que respeten su posición y se niega a que nadie lo considere mejor o peor catalán porque prefiera una Cataluña integrada en el resto de España. Al tercero, lo único que le preocupa (dice ser apolítico, por más que le recuerde las palabras de Aristóteles), es que se gestionen bien los recursos, que los políticos gobiernen para el bien común de la ciudadanía, sean estos Tirios, Troyanos o Metecos, antes que para el exclusivo triunfo de sus partidos.

Por fortuna, y por encima de todo, nos interesa la pacífica convivencia y para ello no hemos sabido encontrar más que una vía: aparcar los temas de política como en su día aparcamos los de religión, pero ello nos deja un cierto regusto amargo, la sensación de que algo no hemos sabido gestionar bien, porque la religión es cosa íntima, pero la política es cosa pública y estamos condenados a entendernos.





martes, 21 de agosto de 2018

ABORTO (y II)


Algo se me debió quedar en el tintero cuando publiqué mi última entrada del mismo título hace unos días, a juzgar por la encrespada polémica que ha desatado en las redes (Vid: https://marianosanznavarro.blogspot.com/2018/08/aborto.html). Es bueno que se contrasten opiniones, más o menos fundadas, siempre que se manifiesten en el tono educado y respetuoso que debemos exigirnos unos a otros. El juicio pertenece siempre al informado lector.
Pretendía dejar clara mi posición de que en esa cuestión (la del aborto), deben opinar de forma principal aquellas que se ven abocadas, por unas u otras circunstancias, a enfrentarse con tan difícil decisión.
No entiendo el afán “moralizante” de quienes pretenden imponernos unas normas derivadas de unas creencias que solo son de obligado cumplimiento para los que las tienen por buenas. A los demás solo nos son de aplicación las emanadas de las leyes permisivas -en este caso, remachemos, defensoras de derechos- a las que podemos o no acogernos. A nadie se le obliga a abortar contra su voluntad.
No me gustaría verme abocado a participar en una decisión tan trascendental e incluso dramática como la de enfrentarse a la posibilidad de abortar. Estoy persuadido que a toda mujer que se vea en esa circunstancia ha de ocurrirle lo mismo. Para evitar que se llegue a esa situación existen una serie de medios a los que la sociedad debía aplicarse para poner en circulación: la educación sexual impartida en colegios e institutos habida cuenta de que según nos dicen las estadísticas la precocidad de nuestros jóvenes es cada vez mayor; los medios anticonceptivos y la píldora del día de después al alcance de cualquiera que los necesite; los centros de planificación familiar, en la actualidad sin dotación presupuestaria que los convierte en inoperantes…y un largo etcétera que supone prevenir antes que curar, lo que además de resultar de mayor eficacia, reduce los costes de la solución.
Y si al final de toda esa cadena de prevenciones, una mujer decide someterse a tal trance, que pueda hacerlo en las mejores condiciones médicas, sociales y legales.


domingo, 12 de agosto de 2018

ABORTO


Seguramente porque estamos en periodo de “sequera”, que aflige de forma especial a los “medios” escritos, el director de un periódico con el que colaboro esporádicamente, me solicita un artículo sobre el aborto.
Y cuando me siento ante el artilugio intentando reagrupar las ideas que al respecto tengo, me percato de que por lo delicado y controvertido del asunto, debo ser cauto, no vaya a suscitar las iras de buena parte de la parroquia. El margen entre opiniones contrapuestas, según se ha comprobado en Argentina, no es demasiado ancho.
Me percato también de que es tema en el que no es prudente aventurarse, por ser de la exclusiva competencia de las mujeres que hayan de enfrentarse a tan difícil (y sospecho que nada agradable) decisión. Si acaso, puede que estuvieran llamados a opinar, incluso que su opinión pesara lo suficiente en la balanza, los corresponsables de la situación. Y nadie más. Las diferentes y contrapuestas teorías sobre el nasciturus y el momento en que le es otorgada el alma inmortal y su categoría de persona, son todas respetables y cada una/o tiene libertad para adherirse a la que mejor cuadre con sus creencias y situación.
Sí figura en el número de mis convicciones que las leyes permisivas, a diferencia de los otros dos tipos (imperativas y prohibitivas), solo reconocen o aclaran un derecho establecido, pudiéndose amparar en ellos cualquier persona que lo desee, con entera libertad.
Me parece que el asunto debe dejarse a la  decisión de cada una de las mujeres que se encuentre en ese trance, para que en conciencia tome las medidas que crea oportunas. Y que deben dictarse la leyes necesarias que las amparen en cuanto a plazos, procedimientos, lugares, etc. Me queda claro que a nadie puede obligarse a abortar contra su voluntad.
No entiendo el afán de oponerse a tales leyes, de colectivos que predican asuntos tan peregrinos y fuera de lo “natural” como el celibato, la segregación de sexos, la exclusión femenina de puestos de responsabilidad, etc., sin que nadie se lo reproche, más allá de la respetuosa opinión a la que todos tenemos derecho. Creo que una sana forma de convivencia consiste en que cada uno haga de su capa un sayo, y que cada mujer decida con entera libertad, y amparada por el estado, sobre su cuerpo, del que es soberana.
Dicho todo lo cual, aconsejado por quien bien me quiere, decido no enviar el articulo al director pretextando un imaginario alifafe. No es prudente remover aguas turbulentas.

http://vegamediapress.com/not/16650/aborto/


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