Su
padre consideró conveniente depositar, en una primera
instancia, la responsabilidad de su buena educación en las sabias y bondadosas
manos de las monjitas del Carmelo. Aquel colegio aún sobrevive convertido, por
el paso del tiempo, en Mayor. Gabino llegaba cada mañana –unas veces más
puntual y la mayoría menos- a una de las dos colas que se formaban a la puerta.
Se habilitaba una para niños y otra para niñas. Llegado su turno, restregaba
rápidamente las narices en el largo y negro escapulario de la hermana portera,
(que presentaba un sólido y añejo reguero de mocos infantiles), y entraba sin
demasiada premura al gran patio desde donde se accedía a las aulas.
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martes, 18 de diciembre de 2018
GABINO Y LAS MONJITAS
martes, 4 de diciembre de 2018
BUENOS Y MALOS
Dice mi amigo Andrés de La Orden que el
hombre es malo por naturaleza, y a través de esa premisa contempla el mundo que le
rodea. Su hermosa poesía, descarnada, no está precisamente orlada de optimismo.
Sigue la línea argumental de Hobbes que consideraba al hombre “lobo para el
hombre” y justificaba con ello la idea del “Leviatán”, el estado controlador
que impidiera los desmadres. Conviene tener en cuenta que Hobbes vivió en época
absolutista y quizás con ello pretendía justificar la situación. Otros, por la
misma época, afirmaban que el hombre es esencialmente bueno en su origen (el
buen salvaje de Rousseau), pero que las circunstancias lo transforman en malo.
Como el fandanguillo andaluz, en el que una cordera de tanto acariciarla se
vuelve fiera.
Con todos mis respetos a don Andrés, a
Hobbes, a Rousseau y a la cordera, creo que no es un asunto de buenos y malos,
sino de algo más sencillo: el Hombre, dicho en universal, es simplemente, como
la Historia nos muestra, un animal que por razones ignotas ha adquirido algo
que lo diferencia de todas los demás con los que comparte territorio y quizás universo.
La evolución, misteriosa y difícil de comprender lo ha dotado de herramientas
que lo alejan de los demás especímenes para siempre. El hombre ha inventado
algo nunca visto antes que con frecuencia lo supera: se ha sumido en un avance
tecnológico sin saber a dónde lo conduce ni con qué objetivo, al tiempo que
rechaza y pretende ignorar la rémora de
su origen.
Los objetivos de la humanidad han ido
variando a lo largo de los tiempos. Durante muchos años fue la supervivencia,
luego el dominio del territorio, que tenía mucho que ver con lo anterior,
después el dominio de las ideas y la exclusividad de los dioses, a los que
adjudicó su creación. En la actualidad, nos debatimos entre vivir lo mejor
posible el tiempo que tenemos asignado, o aplicarnos haciendo planes sobre un
mundo futuro que cada cual imagina a su manera. El debate es permanente, pero
mientras, continuamos sujetos a las leyes naturales de la competencia, de la
supervivencia de los más adaptados y del crecimiento exponencial y enloquecido
propio de las poblaciones que no tienen depredadores naturales que regulen su
equilibrio.
Seguimos comportándonos como si hubiéramos
inventado un sistema nuevo, como si, por arte de birli-birloque, hubiéramos
aparecido desde un mundo extraño y no nos afectaran las circunstancias de
nuestro entorno. Como si no estuviéramos sujetos a las leyes naturales del
mundo que nos ha engendrado.
De vez en cuando, las cosas se trastornan,
un Tsunami, una erupción volcánica, un terremoto o nuestra propia estupidez
destructora hace que el sistema se desestabilice y aparezcan millones de muertos,
pero pronto se olvida el suceso. Las generaciones siguientes, lo incorporan a
los libros de historia como si no fuera con ellos. Y el asunto sigue, como si
nos reinventáramos de nuevo cada día, viviendo en un mundo ilusorio sin un
objetivo determinado, salvo el de “vivir cada vez mejor”, que nadie sabe del
todo qué quiere decir eso.
Creo, pues, que el hombre no es,
intrínsecamente, ni bueno ni malo. Es, simplemente el Hombre.
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martes, 20 de noviembre de 2018
HOTELES Y MÍTINES
—¡La que armaron los tuyos ayer tarde en el Nelva!
Ataca el Cacaseno a Juan de la Cirila aprovechando
que tiene la media tostada entre plato y
boca. A punto de atragantarse, Juan salta como un resorte mientras Fernández se
acerca a la barra a pedir un carajillo.
—Eso ni se te ocurra mentarlo, ni los de Vox ni los
de Hazte Oír, son los míos. Yo tengo carnet del PP desde que era Alianza
Popular. Representamos a la derecha civilizada, la guardiana de los valores
patrios, los custodios de la tradición.
—Y los que no somos de la “derecha civilizada” que
somos ¿extranjeros?
—Yo no he dicho eso, Cacaseno, creo que sois
simplemente equivocados que consideráis enemigo a todo el que no piensa como
vosotros.
—Nada de atacar a nadie. Tan mal me parece que se boicoteen
los mítines de unos como los de otros. Ese es el problema de vuestra
democracia, que a todo el que piensa de forma diferente hay que silenciarlo. Los
del PP en la oposición se comportan como
si estuvieran rabiosos.
—Cambiemos de camino, que nos vamos a amargar el
almuerzo, tercia Fernández el conciliador.
—Tienes razón, Fernández. Con todos los respetos, tu padre, Cacaseno, estaba tan
equivocado como tú. Estoy en contra de los extremismos sean del bando que sean,
y de boicotear los mítines legalmente autorizados. Todos tenemos derecho a
pensar lo que nos dé la gana y a manifestarlo libremente, dentro de la ley, ese
es el punto fundamental.
— ¿Quieres decir que todos tenemos el mismo derecho a
decir lo que se nos pase por las mientes, hasta los de la “derechona fascista”,
como nos llamáis?
—Si es dentro de la ley y con buenas formas, sí.
—Ahí si estoy de acuerdo contigo, Juan- templa Fernández
—Pues entonces dime qué razón tienen los que fueron a
reventar el acto del hotel Nelva –vuelve a la carga el Cacaseno.
—Desde mi punto de vista, el mismo que tienen los que
se dicen de derechas o “constitucionalistas” cuando intentan reventar las
manifestaciones de izquierda. Tampoco los amparo, esos no son de derechas ni de
izquierdas, son simplemente energúmenos que aprovechan la ocasión para hacer
animaladas.
—Es muy difícil entender y más aceptar, que tenemos
el mismo derecho que los demás a manifestar nuestras ideas, por muy delirantes
o ultramontanas que le parezcan a otro sector de la población. ¿O no Juan?
—Pues sí. Los de Vox y Hazte Oír, estaban dentro de
la ley y con los debidos permisos. Tienen el mismo derecho que los demás a
manifestarse o a hacer mítines. Y el establecimiento, a alquilar sus salones a
quien le convenga. El negoci es el negoci,
aunque no puedo evitar que el mensaje de esas formaciones me parezca
retrógrado, anticuado y peligroso.
— ¿Ves como en el fondo estamos de acuerdo?
—A ver si al final va a resultar que somos
demócratas.
— ¡Ya te digo!
—Pax bovis cum,
concluye Fernández apurando su carajillo a modo de brindis.
martes, 6 de noviembre de 2018
BIZCOCHOS Y POEMAS
Un bizcocho y un poema tienen mucho
en común. Por lo menos, a mí me lo parece. Siempre que hago un bizcocho pienso
que, si supiera, haría también poemas.
Para hacer el bizcocho, reúno ciertos
ingredientes: harina candeal, azúcar, huevos, raspadura de limón, almendra
triturada y unos cuantos arándanos para colocar por encima, distribuidos de
forma aleatoria. Cuando no encuentro arándanos (son de temporada), uso pasas de
Corinto maceradas en aguardiente.
(Si alguna vez hiciera un poema, tendría
que buscar motivo, palabras, imágenes, ideas, y unirlas en amorosa compañía,
como si fueran los ingredientes de un bizcocho.)
Una vez apercibidos los ingredientes,
hago una pasta en la que todos los elementos queden mezclados de forma
homogénea, igual que se hace con el primer borrador de un poema.
Coloco esa mezcla, espesa y sin forma
todavía en una llanda a propósito, como podría depositar el imaginario poema en
una página de papel hasta ese momento virgen.
Limpio los bordes de goterones
indeseados y agito la masa con cuidado para que se adapte por completo a la
forma del recipiente. Después lo coloco en el horno y observo muy de cerca cómo
crece tomando forma propia, como si naciera a una vida autónoma. Igual que
haría el poema.
El bizcocho, acunado en la amorosa
calidez del claustro ardiente, va creciendo hasta llenar por completo la vasija
y aún desbordarla ligeramente. Adquiere, poco a poco, un cuerpo y una fuerza
que no tenía, algo que le es propio y que ya no debe al autor.
Cuando llega el momento de su
completo desarrollo, ha adquirido su personalidad específica. Los arándanos (o
las pasas) han quedado incrustados en la masa de tonos ambarinos, empedrándola
de forma irregular, rompiendo la monotonía de la superficie bruna.
Lo saco del horno, lo dejo enfriar y lo ofrezco a mis amigos. Ellos
lo devoran complacidos. Como harían con un poema si supiera escribirlo para
ellos.
martes, 30 de octubre de 2018
MAESTROS
Para los Cos, que saben de qué hablo, y en recuerdo de
los muchos buenos maestros que he tenido, entre los que se distinguió D. José
Cos Beamud. A los otros, hace tiempo que los he olvidado.
El buen maestro destila, como los cielos derraman agua cuando llega su momento, el conocimiento que hace florecer la tierra humana sobre la que se
vierte.
Pero no todas las tierras son iguales, de forma que el
agua de la sabiduría, con ser la misma, en aquellos sobre los que se derrama no
obra de igual forma. Hay hermosas tierras negras de ansiosa turba, capaces de
acunar, con seno exuberante, el grano hasta que en el cálido lecho lo haga
fructificar convirtiéndose en árbol sobre
el que vengan a posarse las aves del cielo.
Hay tierra estéril sobre la que el grano languidece dando
escuálidos retoños amarillentos y miserables de madurez improbable.
Otra es la arena del desierto. Condenada a perpetua
aridez de tonos amarillos, recibe unas gotas cada mucho tiempo, pero entonces
¡que festival de alegría y de vida!; Las plantas, fingidamente muertas, brotan
en una exuberancia que ha de ser efímera como un suspiro, pero suficiente para
ser guardada en la memoria hasta la próxima lluvia. El Ser Supremo es generoso.
Hemos vivido, es suficiente.
El maestro, generador, depositario y dispensador del agua
del pensamiento se manifiesta de diferentes maneras:
Algunos son como el Amazonas, de caudal inacabable,
placido y profundo. Todo cuanto toca fructifica y se hace exuberante. Fluye
generoso, ajeno a los accidentes, superviviente a todo, inacabable, en continua
construcción. A veces un meandro de creación reciente altera el curso y
construye una pequeña represa donde el agua crepita violentamente. Pero al
poco, la fuerza ancestral del río arrastra los troncos apilados y el flujo
sigue, como siempre, placido, profundo, inalterable.
Otros, como un arroyo de montaña, brusco y genial,
explosivo y breve, intenso, de ruido insoportable. Lleno de espuma de contornos
fantasmales, efímero y huidizo; su caudal se pierde entre las piedras y la
humedad desaparece bajo los primeros rayos del sol. Cuando llegue el estío,
desaparecerán las aguas, pero basta arañar el cauce con una ramilla, para que
el agua transparente vuelva a escurrirse entre los guijarros planos. El caudal
extinto, ha dejado su poso en el lecho siempre húmedo.
Otros maestros son como los Walis del desierto, cauce
siempre seco, inhóspito, arenoso marcado por la huella que han dejado las
serpientes temerosas de ser absorbidas por su arena fofa. Solo muy de tarde en
tarde, al cabo de los años, una lluvia feroz los hincha convirtiéndolos en
protagonistas crueles y destructivos por una hora. Efímera gloria sanguinaria
que destruye y arrasa para volver, al poco, a su papel irrelevante durante otro
largo periodo de inexistencia.
Y algunos, como un pozo que digiere todo lo que en ellos
cae convirtiéndolo en el magma de información. Un agua quieta y dulce a la que
solo puede tener acceso el que, tentado por la luna que se refleja en sus
profundidades, lanza el caldero para cazarla. El agua surge fresca y
vivificante, dejando en el que la prueba una sed permanente.
martes, 23 de octubre de 2018
PARTIDOS EMERGENTES
El Cacaseno estaba en las últimas
hojas del periódico cuando llegamos. Pasó apresuradamente las páginas de
anuncios de “Chicas y chicos” que siempre me parecieron impropios del primer periódico
de esta región, fingió entretenerse en el artículo de Manuel Alcántara –según
él lo mejor de la publicación-, y se lanzó en picado sobre Juan de la Cirila.
—Estarás contento, por fin enseñan
la patita los tuyos. Vaya éxito de Vox, por lo menos diez mil personas
aplaudiendo a rabiar en el mismo bastión que rojeras y podemitas hicieron antes.
—Pues mira, Cacaseno, aún no me he
apuntado, pero lo estoy considerando muy seriamente. Ya era hora que se
recuperara la esencia de lo que ha sido nuestra patria desde siempre y que nos
dejemos de tanto libertinaje que lo único que hace es pervertir a nuestra
juventud, carente de valores.
—Claro, y fuera matrimonios
homosexuales, penas para transexuales, nada de libertad de culto y desfiles gay,
volvamos a una grande y libre, el idioma del imperio y la unidad de destino en
lo universal. Te ha faltado nombrar la momia y el yugo. ¡Y de república ni te
digo!
—De tu república no me hables, mira
como acabó, quemando iglesias y matando religiosos que no habían hecho mal a
nadie.
—Mala cama tiene el perro
–interviene Fernández- llevo oyendo hablar de las mismas cosas hace tantos años
que ya me aburren. Parece que no vayamos hacia adelante, sino hacia atrás, como
los cangrejos azules que han invadido el Mar Menor.
—El Cacaseno, que me pica el
billete…, aduce Juan de la Cirila.
—Y tú –arremete el Cacaseno-, que
parece que te hayas quedado en el siglo pasado. Lo único positivo que encuentro
es que ya sabemos dónde están y cuantos son los ultramontanos. Ya tuvimos
bastante represión y autocensura durante cuarenta años. Ahora es tiempo de
mirar hacia adelante, no hacia atrás; de dejar que los jóvenes se ocupen de los
asuntos del gobierno y de construir un país democrático y con las libertades
que nosotros no tuvimos. A ver si los partidos de derecha se civilizan y
arriman el hombro, que como oposición son un desastre.
—Y que los jóvenes sean una miaja
cultos, educados y respetuosos, que ahora somos todos colegas y el “oye tío” o
“que vais a tomar, chicos”, es lo más serio que te dice cualquier mozalbete o
mozalbeta que acaba de desechar los dodotis. Se ha perdido el respeto y la
educación. Y lo grave es que ha llegado hasta las altas instancias y vemos a
los políticos tratarse de forma rufianesca, haciendo gala de una mala educación
que sonrojaría a un babuino. Añoro los tiempos en que en las instituciones los
representantes de la ciudadanía se llamaban por sus cargos (Sr. o Sra.
concejal, alcalde/sa, o lo que corresponda). Ahora se tratan de pepito o
marujilla cuando no por sus apodos familiares. Las formas, en mi modesta
opinión, si tienen importancia.
—En eso estoy de acuerdo pero la educación y el respeto se maman en
casa, y hay casas en que la leche escasea para esos menesteres. Será cosa de
educación general.
—Pues eso queremos hacer en Vox,
recuperar los valores patrios, el orgullo de ser españoles, el respeto a
nuestros muertos y al valle de los Caídos…
—No me jodas, Juan, que echáis un
tufillo a rancio supremacista que tira de espaldas.
—Pues lo tenemos jodido. A ver
quién es capaz de recuperar un poco de cordura y darle a la manivela en sentido
contrario…, concluye Fernández.
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PP.,
Vox
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30140 Santomera, Murcia, España
martes, 16 de octubre de 2018
SUETONIO y los 60.000 MILLONES

Cómodamente instalado en la hamaca,
bajo el plantón macocano de amena sombra, me tiro al coleto las 723 páginas,
notas incluidas, del volumen. Y en la duermevela que propician el reciente
esfuerzo de la lectura y el vientecillo de levante que templa la tarde,
reflexiono sobre el contenido y se aparecen a la imaginación las escenas que
narra Suetonio: Sólo sufrió dos derrotas
graves y vergonzosas, y las dos en
Germania: las de Lolio y la de Varo. La de Varo resultó casi un desastre total,
pues fueron aniquiladas tres legiones junto con su general, los legados y todas
las tropas auxiliares.
Me detengo en la de Publio Quintilo
Varo, (herido y avergonzado tras la derrota prefirió la espada en el vientre a
la ira del emperador), que también recogen Tácito, Dión Casio y Veleyo, en el
bosque de Teotoburgo, zona de la actual Westfalia, el año 9 dC. ante las tropas
del caudillo Arminio. A la enorme y costosa derrota sufrida en la zona
empantanada por las lluvias invernales, se añadía la afrenta de perder las
águilas imperiales que campeaban al frente de las legiones XVII, XVIII y XIX.
Dice Suetonio que el emperador se mostró tan consternado, que se dejó
crecer la barba y el cabello durante varios meses seguidos y de cuando en
cuando golpeaba su cabeza contra las puertas gritando “¡Quintilio Varo, devuélveme
las legiones!; y que consideró todos los años el día de aquel desastre como
un día triste y siniestro.
*
En la ensoñación que el relax
propicia, me imagino interpelando a mis dirigentes acerca de los 60.000
millones (que en parte –aunque pequeña- han salido también de mi bolsillo),
para tapar los agujeros de la banca, que ahora se refocila con sustanciosos
beneficios. Recuerdo las palabras del señor Rajoy: “El préstamo a la banca, lo
devolverá la banca”. Y le grito en sueños al actual presidente: “¡haz que nos
devuelvan nuestros 60.000 millones!”
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Germania,
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domingo, 7 de octubre de 2018
CARTA DE UNA AMIGA MUY QUERIDA
Son momentos dolorosos, la
separación forzosa a que la vida nos tiene encadenados desde el nacimiento siempre
lo es. Pero no me gustaría que sufrierais mi ausencia más allá de lo que el
natural duelo impone. No somos gente de lágrima fácil.
Sí quiero que me recordéis como
nosotros recordamos a nuestros antepasados cuando llegamos a una edad parecida
a la de sus últimos tiempos. En algún sitio leí durante mis años universitarios
que los antiguos griegos aseguraban que la verdadera muerte es el olvido. Quizás
por eso se afanaron en producir las iliadas y odiseas que entonces nos parecían
tan plastas. Ellas nos han acompañado hasta hoy y puede que sigan entre nosotros durante
muchos siglos más.
Sabed que me habéis hecho muy
feliz, los cuatro. Vuestro padre y yo os fuimos recibiendo con la gran ilusión
del amor fructificado. Asistimos, con la sorpresa de lo nuevo, a vuestras
primeras travesuras y a las pequeñas tragedias domésticas, como aquel incendio
chimenil de Miquelturra que tantas veces hemos comentado en las inolvidables
cenas de fin de año, ante los troncos ardientes, rodeados de entrañables hermanos
y amigos.
He gozado durante muchos años de
vuestra compañía. ¡Pasé tantos días felices entre vosotros! Tengo memoria de las
comidas cotidianas –no quiero extenderme, por modestia, sobre mis arroces al forn con receta de vuestra
abuela que tantos parabienes concitaron-, y de vuestros noviazgos -que casi
hemos compartido. He disfrutado cuidando mis plantas agradecidas y con el
zoológico que montó vuestro padre cuando se dedicó, con la pasión
unidireccional que lo caracteriza, a la cría de animales exóticos, cabras y
burra incluidos; amén de los numerosos perros –a veces gigantescos- que
trotaban escandalizando el jardín. Seguro que algunos pajarillos que aún lo
sobrevuelan, recordarán cómo los sacamos adelante cebándolos cada dos horas en el
nido improvisado de nuestra mesilla de noche. La vida en el molino de Alfatego
fue venturosa, nos alimentó con una suerte de ambrosía que recordaremos para
siempre.
Aprovechad el tiempo, que pasa muy
deprisa. Recuerdo como si fuera ayer la primera comunión de vuestros tíos Rafael
y Antonio, los trajecitos azules de marinero, cosidos en casa, y las gorras con
los letreros “Churruca” y “Lepanto”; a mi hermana Pilar llevándonos a ‘los
pequeños’ de paseo a Santo Domingo, y a ‘mi Lauri’ como la llamaba mi padre. Ya
entonces era la guapa de la familia y luego fue el ángel cuidador que llevo
para siempre en mi corazón. Veo el belén anual que mi madre componía, con sus
papeles de plata simulando cantarines arroyuelos, a la entrada de la casa de Peligros
en la que se desarrolló nuestra infancia. En el despacho vecino el padre se
esforzaba en enseñar a escribir a máquina, bajo el cuadro de las palomas, a
Antonio y Rafael en las monstruosas Underwood. En el sofá del recibidor, el
abuelo Silvestre escribía misteriosas notas que nadie leería jamás, sonriendo
con el crotorar de cigüeña que le proporcionaba su cantarina dentadura postiza,
fabricada en origen para fauces más potentes.
Recuerdo mis años de deportista de
élite que afronté con el afán de complacer a mi padre, siempre exigente, y los
triunfos que celebré desde el punto de vista deportivo sin que –está mal que lo
diga, pero lo digo- alteraran mi ánimo, siempre discreto y hasta vergonzoso. Mientras,
Eduardo se enfrentaba a las oposiciones por las que tuvimos que pasar ambos, él
con la ventaja de disponer de la compañía de la tortuga amiga y el divertimento
de someter al suplicio de la gota malaya al barbero del piso de abajo. La mejor cosecha de aquellos tiempos
esforzados habéis sido los tres. Un motivo más para sentirme orgullosa.
He tenido la suerte –hemos tenido
la suerte- de acompañar a mi madre y a Amanda Mayor hasta sus últimos días, la
misma que yo he tenido con vosotros y con algunos de nuestros amigos más
queridos.
Claro que me hubiera gustado estar
unos cuantos años más con vosotros en mi amado molino -cualquier tiempo es
precipitado para morir-, pero quien sea que haya diseñado nuestro destino, es
implacable. Nuestras vidas son, sencillamente, “los ríos que van a dar a la
mar”, y allí descanso para siempre, además de en vuestra memoria y en la de
todos los que me han querido y me han hecho los últimos tiempos soportables y
llenos de ternura.
Recordad siempre que os quiero.
Labels:
Fuensanta Vinader Navarro,
Molino de Alfatego,
Óbito
martes, 25 de septiembre de 2018
INVESTIGACION Y POLÍTICA
Asistí a la conferencia de la Dra. Maite Mendioroz propiciada por
el foro Nueva Murcia dentro del programa que coordina con acierto Ricardo de
Prado. El tema, tan interesante como
universal, fue expuesto con un rigor y sencillez que mantuvo abducida la
atención del numeroso público asistente durante su desarrollo. Pudimos
enterarnos de la cronología de la enfermedad de Alzheimer, que no es solo una
afección de viejos; de la aparición de la “basura” orgánica que dificulta la
transmisión sináptica; del papel determinante que en ella tienen las proteínas
aminoides y kao, y de otras muchas cosas que imagino ignoradas por buena parte
de los asistentes hasta ese momento. En las preguntas surgidas en el
posterior coloquio, la Dra. Mendioroz se lamentaba de que la dotación
presupuestaria, sobre todo en lo referente a recursos humanos, fuera tan
cicatera que dificultaba en buena medida el avance de las investigaciones de su
equipo en la Universidad de Navarra.
Con el buen regusto de lo escuchado en el magnífico marco del
patio del Casino, a pesar de lo apuntado en la última parte, echo un vistazo a
uno de los periódicos locales y me encuentro con un artículo de Gerónimo
Tristante -ágil e incisivo, como suyo- en el que proporciona merecido varapalo
a las instituciones regionales -las
tilda de “ trileros que se han ganado a pulso el desprestigio de que
disfrutan”-, cuya mala gestión ha quedado patente en el asunto del tren
híbrido que ahora se empeñan en demonizar arteramente, contraponiéndole en la
balanza no sé cuántos Aves ilusorios de que íbamos a disponer no se sabe cuándo.
Como si fuéramos tontos velazqueños.
Uno recuerda el final de la conferencia de la doctora Mendioroz y
le acuden a las mientes la interminable lista de proyectos fallidos de este
gobierno regional (Autovía del bancal, Paramount Chanel, Aeropuerto de Corvera,
Murcia is diferent, rehabilitación del barrio de La Paz, yacimiento de San
Esteban, etc.), vuelve al artículo de Tristante: -“Este gobierno regional lleva
años retirando dinero de la escuela y la sanidad públicas, de la dependencia,
de las dotaciones en seguridad ….para meterlo en proyectos de ninguna utilidad,
mastodónticos y con empresarios amiguetes”-, y se imagina un mundo ilusorio
donde los políticos de semejante calaña estuvieran condenados a galeras de por
vida -con pena accesoria y regular de látigo de nueve colas-, mientras que los buenos -que debe haberlos en
algún sitio-, se mantuvieran permanentemente atentos a proyectos de
investigación, educación, sanidad, etc., atendiendo a las verdaderas
necesidades de la población y no a las estrategias partidarias de sus encorsetados
“aparatos” y de sus avispados conseguidores. Puede que sea cuestión de votos.
martes, 18 de septiembre de 2018
LEYENDO A SALTO DE MATA, CON CATALUÑA AL FONDO

Si aceptamos que todo es relativo,
podríamos dar como bueno, como dice Kant, que la validez moral de cualquier
comportamiento pasa por considerar lo que queremos para nosotros igualmente bueno
para todos los demás. Una acción, un comportamiento sería aceptado como bueno
cuando lo que es válido para cada uno puede ser válido de manera universal. Si
no puede aplicarse a los demás lo que yo hago, no puede servir como ley moral.
La acción correcta es la que exige el deber de cada uno. Auxiliar a alguien
porque así lo exige el precepto religioso o la ley civil, en puridad, no puede
considerarse moral, es un deber. El acto genuinamente moral no puede depender
de ningún tipo de interés o de deseo, por muy bienintencionado que sea. Una
acción es moralmente buena si puedo convertirla en ley y aplicarla a todos por
igual, sin excepción.
Unos cuantos años antes, el Corán,
los evangelios cristianos, el Talmud, Confucio en sus Analectas y hasta el Mahabharata del primer milenio aC. habían
dicho algo parecido con diferentes palabras.
Seria Hegel, a pesar de su
hermetismo que lo hace tan difícil de seguir para el profano, el que intentaría
forjar un sistema filosófico que permita abarcar la realidad en su conjunto.
Cuando nos acercamos a la realidad, es inevitable hallar un sinfín de creencias
incompatibles, posiciones que se excluyen mutuamente, discursos que se
contradicen. No sabemos qué es la verdad ni como posicionarnos frente a ella.
Lo habitual entre los filósofos es imponer su
verdad y descalificar todos los discursos que se le opongan.
La dialéctica de Hegel pretende
conocer como son las cosas en sí mismas empleando la formula tesis, antítesis y síntesis. Tanto la
tesis como la antítesis se suponen en posesión de la verdad y no están
dispuestas a reconocer que la otra opción pueda ser razonable. Nos dice Hegel
que, por mucho que una tesis se oponga a una antítesis, siempre cabe la
posibilidad de pasar a una nueva posición (la síntesis) en la que se cambien por completo los términos del
problema.
Supongamos que alguien dice: “todo
es negro”. El planteamiento sería falso ya que para reconocer que algo es
negro, debe oponerse a algo que no lo sea, es decir a otro color, supongamos
que blanco. Pero la antítesis “todo es blanco” sería igual de falsa que la
anterior, por idéntico motivo. Llegados a este punto, la única disyuntiva es el
gris. En este tercer color, el negro y el blanco quedan abolidos, suprimidos,
destruidos por la mezcla. Sin embargo, están al mismo tiempo preservados,
prolongados, inmersos en él. Es solo entonces, cuando ambos se niegan y se
elevan a un nivel superior, cuando el blanco y el negro pasan a tener una
entidad real, aunque difuminada en el gris.
*
Reflexionando sobre la crisis de
Cataluña, me pregunto si no sería recomendable que a nuestros políticos (de una
y otra banda), se les exigiera, entre los masters con que los
abrumamos, el estudio pormenorizado de la dialéctica hegeliana. Y al que no
rindiera brillante examen sobre el asunto, fuera desterrado para siempre de tan
excelso oficio y condenado sine die a
vagar por las estériles praderas de la ignorancia supina sin que merezca perdón
ni consuelo. Como penas accesorias, el visionado permanente de Telecinco y los
twits del Sr. Trump.
martes, 4 de septiembre de 2018
LAZOS, SEÑERAS Y ESTELADAS
Tengo un amigo que defiende con rotundidad y pasión su
derecho a colocar lazos amarillos en lugares públicos. Es decidido partidario
de instaurar la república catalana y de su secesión del resto de España, a la
que culpa de todos los males que aquejan a Cataluña desde el 11 de septiembre
de 1714, y aún antes, cuando Cataluña solo era un conjunto de condados vecinos
al reino de Aragón y al Imperio carolingio. España, dice, les roba y les ha
robado siempre.
Tengo otro amigo, también catalán (ambos, por cierto,
pertenecientes a sendas familias de emigrantes almerienses), que defiende su
derecho a retirar lazos amarillos de los lugares públicos, o colocar otros del color que se le antoje, con la misma libertad
democrática que el anterior.
Y tengo un tercero que confiesa estar harto del
denominado “procés”, al que considera una cortina de humo expandida por los
malos políticos que se dedican a la guerra de lazos y esteladas, mientras el
país (Cataluña) permanece en un vergonzoso cierre del Parlamento, los Pujol
circulan a su antojo continuando con sus trapacerías sin que nadie se atreva a
meterles mano; las eléctricas -en las que los rebotados de la política de uno y
otro signo hacen su agosto-, suben la factura con indiferente desahogo; la
banca obtiene pingües beneficios con los 60.000 millones que el estado sacó de
nuestros bolsillos sin que nos hayan hecho participes de su bonanza; la sanidad
ha entrado en un proceso de carencias que la iguala a la del resto del país, y
un largo etcétera con el que me martiriza cada vez que coincidimos en el
ascensor.
Soy amigo de los tres y me gustaría seguir siéndolo,
pero el asunto se pone cada vez más difícil. El primero ha hecho de su causa
una cuestión de fe y solo trata de buscar argumentos que refuercen su posición,
por peregrinos que sean. Considera mártires de la represión española a los auto-exiliados
en Bruselas y a los encarcelados sin razón alguna, algo parecido a lo que
sucede con la Sabana Santa, se sabe sin lugar a dudas que procede del siglo
XIV, pero el buen creyente sigue convencido de que es el sudario de Cristo. En
asuntos de fe, cualquier discusión resulta estéril.
El segundo pretende, sencillamente, que respeten su
posición y se niega a que nadie lo considere mejor o peor catalán porque
prefiera una Cataluña integrada en el resto de España. Al tercero, lo único que
le preocupa (dice ser apolítico, por más que le recuerde las palabras de
Aristóteles), es que se gestionen bien los recursos, que los políticos
gobiernen para el bien común de la ciudadanía, sean estos Tirios, Troyanos o Metecos,
antes que para el exclusivo triunfo de sus partidos.
Por fortuna, y por encima de todo, nos
interesa la pacífica convivencia y para ello no hemos sabido encontrar más que
una vía: aparcar los temas de política como en su día aparcamos los de
religión, pero ello nos deja un cierto regusto amargo, la sensación de que algo
no hemos sabido gestionar bien, porque la religión es cosa íntima, pero la
política es cosa pública y estamos condenados a entendernos.
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martes, 21 de agosto de 2018
ABORTO (y II)
Algo se me debió quedar en el
tintero cuando publiqué mi última entrada del mismo título hace unos días, a
juzgar por la encrespada polémica que ha desatado en las redes (Vid: https://marianosanznavarro.blogspot.com/2018/08/aborto.html).
Es bueno que se contrasten opiniones, más o menos fundadas, siempre que se
manifiesten en el tono educado y respetuoso que debemos exigirnos unos a otros.
El juicio pertenece siempre al informado lector.
Pretendía dejar clara mi posición
de que en esa cuestión (la del aborto), deben opinar de forma principal
aquellas que se ven abocadas, por unas u otras circunstancias, a enfrentarse
con tan difícil decisión.
No entiendo el afán “moralizante”
de quienes pretenden imponernos unas normas derivadas de unas creencias que
solo son de obligado cumplimiento para los que las tienen por buenas. A los
demás solo nos son de aplicación las emanadas de las leyes permisivas -en este caso, remachemos, defensoras de derechos- a las
que podemos o no acogernos. A nadie se le obliga a abortar contra su voluntad.
No me gustaría verme abocado a
participar en una decisión tan trascendental e incluso dramática como la de enfrentarse
a la posibilidad de abortar. Estoy persuadido que a toda mujer que se vea en
esa circunstancia ha de ocurrirle lo mismo. Para evitar que se llegue a esa
situación existen una serie de medios a los que la sociedad debía aplicarse
para poner en circulación: la educación sexual impartida en colegios e
institutos habida cuenta de que según nos dicen las estadísticas la precocidad
de nuestros jóvenes es cada vez mayor; los medios anticonceptivos y la píldora
del día de después al alcance de cualquiera que los necesite; los centros de
planificación familiar, en la actualidad sin dotación presupuestaria que
los convierte en inoperantes…y un largo etcétera que supone prevenir antes que
curar, lo que además de resultar de mayor eficacia, reduce los costes de la
solución.
Y si al final de toda esa cadena de
prevenciones, una mujer decide someterse a tal trance, que pueda hacerlo en las
mejores condiciones médicas, sociales y legales.
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domingo, 12 de agosto de 2018
ABORTO
Seguramente porque estamos en
periodo de “sequera”, que aflige de forma especial a los “medios” escritos, el
director de un periódico con el que colaboro esporádicamente, me solicita un artículo
sobre el aborto.
Y cuando me siento ante el
artilugio intentando reagrupar las ideas que al respecto tengo, me percato de que
por lo delicado y controvertido del asunto, debo ser cauto, no vaya a suscitar
las iras de buena parte de la parroquia. El margen entre opiniones contrapuestas,
según se ha comprobado en Argentina, no es demasiado ancho.
Me percato también de que es tema
en el que no es prudente aventurarse, por ser de la exclusiva competencia de las
mujeres que hayan de enfrentarse a tan difícil (y sospecho que nada agradable)
decisión. Si acaso, puede que estuvieran llamados a opinar, incluso que su
opinión pesara lo suficiente en la balanza, los corresponsables de la
situación. Y nadie más. Las diferentes y contrapuestas teorías sobre el
nasciturus y el momento en que le es otorgada el alma inmortal y su categoría
de persona, son todas respetables y cada una/o tiene libertad para adherirse a
la que mejor cuadre con sus creencias y situación.
Sí figura en el número de mis convicciones
que las leyes permisivas, a diferencia
de los otros dos tipos (imperativas y
prohibitivas), solo reconocen o
aclaran un derecho establecido, pudiéndose amparar en ellos cualquier persona
que lo desee, con entera libertad.
Me parece que el asunto debe
dejarse a la decisión de cada una de las
mujeres que se encuentre en ese trance, para que en conciencia tome las medidas
que crea oportunas. Y que deben dictarse la leyes necesarias que las amparen en
cuanto a plazos, procedimientos, lugares, etc. Me queda claro que a nadie puede
obligarse a abortar contra su voluntad.
No entiendo el afán de oponerse a
tales leyes, de colectivos que predican asuntos tan peregrinos y fuera de lo “natural”
como el celibato, la segregación de sexos, la exclusión femenina de puestos de
responsabilidad, etc., sin que nadie se lo reproche, más allá de la respetuosa opinión
a la que todos tenemos derecho. Creo que una sana forma de convivencia consiste
en que cada uno haga de su capa un sayo, y que cada mujer decida con entera
libertad, y amparada por el estado, sobre su cuerpo, del que es soberana.
Dicho todo lo cual, aconsejado por
quien bien me quiere, decido no enviar el articulo al director pretextando un
imaginario alifafe. No es prudente remover aguas turbulentas.
http://vegamediapress.com/not/16650/aborto/
http://vegamediapress.com/not/16650/aborto/
martes, 19 de junio de 2018
ISMAIL
Mi amigo Ismail es buena gente. Nació en un
pueblecito colgado en las laderas del Rif y cuando se hartó de pasar hambre y de
pastorear una punta de escuálidas cabras -lo que constituía su labor diaria
desde que cumplió los siete años-, reunió lo suficiente y se embarcó en una
patera rumbo a España. De eso hace ya muchos años. Ahora Ismail es padre de
familia, vive en el pueblo y respeta y es respetado por sus vecinos. Trabaja
ocasionalmente en época de fruta, cobra en negro a cuatro euros la hora, y el
resto del tiempo subsiste gracias a su pensión no contributiva. Los años de
duras labores campesinas no perdonan y su espalda se resiente de vez en cuando,
pero tiene una buena cobertura médica y su incipiente diabetes se controla
perfectamente con las tiras coloreadas de que lo proveen regularmente en su
centro de salud. Su mujer contribuye al mantenimiento de la casa cuidando hijos
de otras vecinas magrebíes que tienen trabajo en las industrias de la
localidad.
Ismail viste a la europea, y de no ser por su
semblante moreno, nada lo distingue de un habitante de Castellón de la Plana o
de Pola de Siero. Rahima, su mujer, no. Rahima siempre lleva amplios ropajes
que enmascaran la figura. La mujer no debe provocar, amén de que esas ropas y
el hiyab sin el que jamás sale a la
calle, conforman una parte importante de su identidad, anuncian: “soy
musulmana”. Ella también va a la Mezquita los viernes, aunque no reza cinco
veces al día como Ismail; el Profeta es menos exigente con las mujeres. A la
mezquita acude los viernes con su marido, aunque se ubican en salas diferentes.
No es bueno que hombres y mujeres permanezcan en lugares comunes, la
promiscuidad no es del agrado del Profeta.
Cuando llega el Ramadán, que llega todos los años
aunque no en el mismo mes, Ismail intensifica sus rezos, come de noche y duerme
de día. El Ramadán en un mes santo para los musulmanes, que celebran la entrega
del Corán a Mahoma por el Arcángel Gabriel. Con su celebración, a los que
practican el Islam les son perdonados sus pecados, “como si fueran quemados”.
El Ramadán es una buena medida profiláctica que sana el cuerpo y el espíritu.
Ismail y Rahima tienen dos hijos nacidos españoles,
Mohamed y Fatimetu. Mohamed es mecánico de coches y trabaja en el taller de un
concesionario. Le hacen un contrato de seis meses y lo mandan al paro otros
tres, así lleva desde que acabó los cursos de FP. Sale con una pandilla de
chicos del país y tiene una novia que no es del agrado de sus padres. Fatimetu
estudió auxiliar de enfermería en una escuela privada y estuvo trabajando en
una residencia de ancianos durante dos años. Vestía pantalones vaqueros y nunca
llegó a utilizar el hiyab. Sus padres
le concertaron un matrimonio con un primo de Ismail ya talludo. A partir de ese
día viste como el resto de mujeres magrebíes, hiyab incluido. Lleva a su hijo al colegio público y procura que se
relacione con amigos musulmanes. Dos tardes por semana el niño va a la madraza donde el imam de la comunidad
les enseña a recitar el Corán; Fatimetu quiere que sea buen musulmán, como sus
padres, como sus abuelos.
El pueblo donde viven es un pueblo tolerante y
acogedor, hay una sociedad caritativa que en tiempos de penuria reparte
alimentos de primera necesidad entre los más desfavorecidos, sin hacer
distinción de tirios ni troyanos. Fatimetu acude a veces y complementa su
despensa.
Tanto Fatimetu como su madre compran, en las tiendas halal que se han instalado en el pueblo,
los alimentos permitidos por la saria,
ley religiosa que impera en los países musulmanes. Esos establecimientos
garantizan que los animales de consumo han sido sacrificados con arreglo a los
preceptos religiosos: un varón circuncidado, de cara a La Meca, con un doble
paso de cuchillo en la garganta para propiciar el completo desangrado, y recitando
las adecuadas palabras de alabanza a Dios.
Ismail y su familia, están plenamente integrados.
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martes, 5 de junio de 2018
LA MAR
Durante mis primeros años el mar fue una
perspectiva inabarcable por la que unos cuantos pilluelos nos aventurábamos en
un esquife de remos. Llenos de sueños infantiles, pretendíamos emular hazañas
mal leídas y peor interpretadas en las que se mezclaban sin tino Colón con los
Vikingos de Vineland, El Corsario Negro y la Perla de Labuán, o Sandokán con
sus tigres de Mompracem.
Tardé poco
(lo que tardan en desvanecerse los sueños infantiles) en averiguar que
aquel era un mar finito y limitado, “una laguna interior”, como dicen ahora los
folletos turísticos en un vano intento de atraer extranjeros con posibles, y
que “el mar mayor” como llamábamos a la enorme extensión que comenzaba al otro
lado de la Manga, era el auténtico mar, el mar inabarcable.
Poco después, anclado en Tarragona durante
una temporada, descubrí fascinado aquella extensión de vacío azul con cargueros
no más grandes que una hormiga en lontananza, observados desde el “Balcón del
Mediterráneo”. Allí pasé largas tardes de añoranza reconfortándome con la idea
de que aquel mar era el mismo que bañaba las costas de mi tierra lejana y acaso
llevaría hasta ella un punto de mi triste desesperanza. Pero también se quedó
pequeño. Por entonces descubrí a Henry Pirenne y supe que lo había reducido a
un familiar lago, el “mare nostrum”, y que los romanos habían hecho de él cuna
y vehículo de una cultura común después de adueñarse y asimilar la fenicia y la
griega.
Andando el tiempo, desde el delta del Nilo,
cerca de El Cairo multiforme y bullicioso, en una tarde de sosiego
imprescindible, imaginé las columnas de Hércules que me parecía adivinar entre
las brumas, hacia occidente; y el estrecho que da paso a otro mar infinito,
paso breve que tantas veces habría de cruzar años después. El mar, la mar, como
le llaman los que tienen más familiaridad con él, continuó fascinándome
siempre, como deja boquiabiertas a las
gentes de tierra adentro la primera vez que contemplan sus azules.
Descubrí luego el Cantábrico, nervioso y
movedizo, de olas cortas y ariscas, espumeando las rocas perceberas, que se
arremansa solamente en las rías serpenteantes de verdor para nutrir las
incontables bateas de mejillones. Allí conocí el fenómeno de las mareas que
cambian cada pocas horas el perfil de la costa. Luego navegué por el Bósforo
que separa el pasado y el presente de nuestra historia, crucé el Cuerno de Oro
en medio de su incesante barahúnda y me parecieron todavía vecinos los otomanos
y los mamelucos de tiempos napoleónicos.
Pero ningún mar conmovió mi corazón y llenó
mis ojos como el Atlántico, cuando tuve ocasión de contemplarlo a lo largo de
la costa que va desde Marruecos a Senegal bajando por tierra mauritana. Hay una
carretera que, bordeando la costa llega desde Safi en Marruecos hasta Dakar, en
Senegal, y permite viajar durante miles de km. con un ojo puesto en cada uno de
los desiertos, el azul y el rojo, separados por los escarpados farallones donde
se estrellan las altas olas impotentes. Es el mismo mar que, más sosegado,
puede verse en las costas de Huelva de playas infinitas, o en Portugal, donde
inspira el melancólico y dulce sonido de los fados. Allí, en Figueira da Foz,
presencié, acunado en amorosos brazos, las más bellas puestas de sol que nunca
imaginara y que permanecerán en mi recuerdo para siempre. De la misma forma que
en Japón se goza el privilegio de ver nacer el sol cada amanecer, allí se
disfruta de un ocaso mágico que invita a cultivar la esperanza del día
siguiente.
El mar, la mar.
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