Tengo por cierto, Sr. Presidente, que habrá Ud. leído mi primera (ver entrada de este blog correspondiente al martes 28.02.2012: SEÑOR PRESIDENTE) con la atención que se merece y que, me consta, suele conceder a los asuntos de importancia. No soy yo de los que creen que sus habituales silencios en temas de capital relevancia respondan a ese mal entendido galleguismo del laissez faire, laissez passer que los malintencionados le atribuyen. Muy al contrario, creo que son producto del carácter meditativo y discreto de que, afortunadamente, está Ud. bien dotado.
El motivo de la presente es comunicarle -por si hubiera quedado inquieto o desasosegado debido a las razones que le exponía en mi anterior-, que he hallado la solución a buena parte de los males que nos afligen en estos delicados momentos. Y puesto que el destino en forma de urnas le ha puesto a Ud. al timón de la patria, se los brindo con el desinterés que caracteriza a un buen patriota.

Para causas perdidas y asuntos desesperados: encomendarse a San judas Tadeo.
Para grandes milagros, no hay como San Vicente Ferrer.
Para enfermedades de garganta: San Blas.
San Isidro proporciona buenas cosechas, que falta nos hacen, y San Felipe Neri puede resultarle eficaz remedio contra la depresión, cuya afilada garra estoy seguro debe acecharle en algunas ocasiones.


En mi tierra, estamos acostumbrados desde hace muchos años a sufrir inclemencias políticas y sequías pertinaces. A las primeras no hemos podido todavía encontrar remedio, pero contra las segundas hemos luchado (y triunfado) en numerosas ocasiones con las rogativas de nuestra patrona y la intercesión de S. Elías, santo hidráulico y muy milagrero. Ya ve, Sr. Presidente, que todo tiene solución en esta vida, y que encomendándose a las alturas de forma conveniente, podremos salir adelante. Con lo demás, es cuestión de seguir recortando a troche-moche hasta que no quede ni el famoso Tato.
Por mi parte, con la que está cayendo y temiendo que pueda venir más gorda todavía, me coloco bajo la égida protectora de Santa Bárbara, eficaz remedio contra las tormentas, como de todos es sabido.
Mis saludos respetuosos, señor Presidente.