No es práctica habitual de este blog acoger escritos ajenos. Pero en esta ocasión me ha parecido oportuno dar cabida a la carta de una señora de Tarrasa, conocida mía, por parecerme que ha de interesar a alguno de mis lectores.
Sr. Imán de Terrassa:
No sé si recuerda, Sr. Imán, que llegué a este país hace ya años, una madrugada fría de otoño en una barca desahuciada para la pesca, después de haber pagado por “el pasaje” un dinero que tardé dos años en reunir. Estaba helada, hambrienta, desesperada y con un hijo dentro de mí. No le volveré a relatar las cosas que ya le conté en su día: que sobreviví como pude, trabajando de sol a sol en invernaderos asfixiantes; que parí con fortuna a mi hijo gracias a la Seguridad Social de este país que me acogió a pesar suyo; que logré abrirme camino y ahora disfruto de cierto bienestar junto a mi compañero español; que sigo practicando el islam del que me siento orgullosa y haciendo que mi hijo lo conozca. Religión que no me separa en absoluto de mis convecinos españoles que practican otra diferente, o ninguna.

Y ahora me sorprende Ud., Sr. Imán, ilustrando a los hombres de mi comunidad con un manual de castigos a las mujeres que incluye técnicas de “adoctrinamiento y respeto” para que no les dejen marcas ni las hagan sangrar en demasía, poniendo ejemplos concretos de cómo golpearlas, cómo aislarlas en el domicilio conyugal y cómo negarles las relaciones sexuales. Sospecho, Sr. Imán, que sigue Ud. anclado en el año 1433 de la Hégira, como reza el calendario musulmán. Y lo que es más grave, parece no haberse percatado de que estamos en un país en que la ley civil y el catecismo están escritos en libros diferentes. Y eso atañe y obliga a todos los que aquí residimos.
No es el suyo mi Corán, Sr. Imán, por más que comprenda que, como todos los libros sapienciales, dicen una cosa y su contraria con igual desenvoltura (a veces en la misma página), razón por la cual, a lo largo de los siglos han necesitado (y necesitan) intérpretes que con frecuencia emiten opiniones contradictorias sobre los mismos asuntos.
Le diré más: su actitud y sus principios, que no compartimos la gran mayoría de musulmanes sensatos, dañan de forma grave la imagen de los que practicamos esa religión, con toda libertad, en nuestro país de acogida. No es cierto ni mucho menos, Sr. Imán, que la suya sea actitud generalizada de los que seguimos el Islam en nuestros días. Somos gentes trabajadoras y dignas, con voluntad de convivencia sana y honesta (como quizás lo hicieron nuestros antepasados en lejanos tiempos), que respetamos y cumplimos las leyes de este país que nos acoge con plenitud de derechos civiles y unas posibilidades de trabajo y convivencia que no habíamos encontrado en los nuestros.

Dispense lo áspero de mi lenguaje, Sr. Imán, pero no me es posible respetar su postura ni la situación que se arroga (a mi forma de ver, indebidamente) de representante religioso musulmán. Creo que sus ideas pertenecen a tiempos ya olvidados (no por ello menos injustos) y que si desea seguir difundiéndolas y poniéndolas en práctica, es buen momento para que se acoja a otras comunidades y países donde esas barbaridades se sigan practicando. Lo que le encarezco por su propio bien y por el de la comunidad de los creyentes.
Terrassa Marzo de 2012
Atentamente
Fátma Bousoli