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martes, 29 de mayo de 2018

PADRE, HIJO Y BURRA



Debo aclarar, para no vestirme con plumas ajenas, que el origen de esta historia es un cuento de padre incierto, posiblemente hindú, que conoce muchas versiones, en una de las cuales adaptada a mi tierra, lo he oído contar.

Pues señor, esto era una vez un campesino dueño de unas viñas distantes del pueblo en que vivía. Llegado el tiempo de la escarda levantóse una mañana al alba y ordenó a su hijo, mozo sólido y trabajador, que aparejara la burra para llegarse hasta el majuelo.
Salieron, padre hijo y burra, y a poco, tropezaron con un vecino que les dijo:
—Se ve que queréis mucho a la burra, que va de señorita; por lo menos podría montar el más viejo.
Hízolo así el padre y siguieron caminando un trecho hasta encontrar a otro vecino que les dijo:
— ¿A escardar vais?  ¿Y quién ha de trabajar más duro?
—El mozo, como es de ley
—Pues entonces, bien podría ir él montado, que llegaría más fresco
Recapacitó el padre, y encontrando justa la sugerencia que nadie había pedido, bajó de la burra cediéndole al hijo la albarda.
Llegaron a un río, y al ir a cruzarlo, el barquero les dijo:
—Bonita forma de respetar las canas: el mozo lleno de salud en la burra y el padre, achacoso, a pie. Si por lo menos fueran los dos montados, que la burra puede...
Consideró el padre que la observación era oportuna y montó a la grupa del zagal, siguiendo todos, menos la burra, tan contentos el camino.
Cerca ya de las tierras, encontraron a otro lugareño y como el padre viera que se disponía a opinar sobre el asunto, antes de que abriera la boca le dijo:
—No me digas nada de la burra, que menos yo y el muchacho, todo el mundo tiene que opinar de ella.
Y picando talones hizo acelerar, en lo posible a la pollina, perdiéndose el mascullar del hombre que decía para su coleto:
—Hay que ver que cuajo, dos hombres hechos y derechos, montados en una burra vieja que va derrengada.


Moraleja: Si algún día tienes que ir a escardar la viña, no hagas caso de opiniones.

3 comentarios:

  1. Paso de consejas y moralejas, Mariano. Lo que sí me ha quedado claro de esta historia es su estilo campechano, sobrio y bien hablado de aquel que subido en su asno tan bien nos lo ha contado.

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  2. El Conde Lucanor creo que lo mostraba también. :)

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