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En cada una de las pestañas encontrareis una seccion diferente: en "Pagina principal", las entradas habituales. En "Trabajos y días", articulos de literatura e historia, "De mis lecturas" reúne notas, resumenes y opiniones sobre libros que me interesan y he leído en los últimos tiempos. En la pestaña "Desde el Asilo" (Libro), están todas las historias contenidas en ese libro, en cuyo inicio se explica el titulo de este blog. "Cuentos truculentos" reúne los comprendidos en el libro del mismo título. Cualquier texto que aqui se publica está a disposición del publico, naturalmente citando la fuente. Sírvase usted mismo.















martes, 26 de julio de 2016

PACTOS Y SILLONES

Juan de la Cirila andaba algo contrariado esta mañana. El panadero ha olvidado el pan integral y Juan es hombre que no gusta salir de su rutina, amén de que según cuenta con innecesarios detalles, su organismo se resiente con facilidad de la falta de fibra.
—Eso es culpa de los de Podemos, que están alterando las buenas prácticas de este país, le dice Cacaseno que no desaprovecha ocasión de meterle los cerotes.
—Tu ríete, pero si no fueras tan cerril te darías cuenta de que mi presidente, con sus chanchas marranchas y sus silencios de plasma ha manejado a los tuyos como le ha dado la gana. ¿A que sí, Fernández?
—A mi dejadme de líos que estoy de política hasta los bébes. Como den lugar a otras elecciones, me voy a la playa y no vuelvo.
—¡No te irás al Mar Menor!
—Pues sí señor, a La Puntica me voy, aunque no me bañe. Y en lo que dice el Juan, que sepas que le doy su parte de razón, Podemos le ha hecho el caldo gordo al PP.
—¡Eso mismo digo yo! Al principio el PP se frotaba las manos cuando apareció Podemos. Le venía bien alguien que le quitara votos al PSOE sin merma de los suyos. Quizás por eso propiciaron que el coletas apareciera en todos los platós de televisión, empezando por los madrileños. Si Iglesias hubiera apoyado la investidura de Pedro Sánchez, ahora tendríamos un gobierno de izquierdas y no habríamos pasado por el calvario de otras elecciones. El Sánchez no se lo perdona, le han crecido los enanos por la izquierda y está que se tambalea.

—No me digas que fue Rajoy el que convenció a Iglesias de que votara contra Sánchez. Te inventas cada cosa, Cacaseno…
—Pues aunque te parezca chusca, esa es mi teoría, Juan. Creo que los convencieron -sutil e indirectamente-, de que les favorecerían unas segundas elecciones, que se iba a producir el ‘sorpaso’ y que iban a crecer por encima del PSOE. Por eso se presentaron como una fuerza ganadora, el PP utilizó con mucha maña el fantasma del miedo: o se vota al PP o viene el de la coleta y con él, el desastre. Tanta maña tuvieron que el resultado fue mejor de lo esperado. Hasta a los tuyos les sorprendió.
—Ahora solo falta que los setenta y un podemitas se abstengan en la investidura de Rajoy y entonces ya no necesitamos ni la abstención de C’s. En la segunda votación sale investido mi jefe.

—No me jodas, Juan, eso no te lo crees ni tú.
—Pues entonces las terceras elecciones y el desplome de Podemos. Mayoría absoluta del PP por abstención de la izquierda aburrida.
—No creo que lleguemos a eso, pero el asunto está más que obscuro. Aún vamos a tener que asistir a muchos movimientos de sillones y de ‘donde dije digo, digo Diego’. De momento ya ha empezado C’s. Vaya palabra que tienen… creo que volveremos a hablar catalán en la intimidad.
—Los pactos son los pactos.
—Y los sillones, los sillones.





martes, 12 de julio de 2016

MANGAS VERDES EN EL MAR MENOR

Como todos los años, esperábamos el verano para poder echar el kayak al agua y recorrer –en la medida de nuestras fuerzas, que el tiempo va mermando-, el querido, bonancible y recoleto Mar Menor. Es tarea que venimos realizando durante los fines de semana desde hace años: embarcamos en Villananitos y ‘paleamos’ (las piraguas no se impulsan con remos, sino con palas), hasta La Encañizada, o recorremos los apacibles canales de Veneziola para regresar al lugar de partida aprovechando casi siempre el soplo del amable Levante. A veces partimos del Carmolí (cuando hay Lebeche) y rodeamos las islas Perdiguera y del Barón arrastrando un sedal en el que a veces se engancha alguna oronda y descuidada Lubina. En otras ocasiones zarpamos del Mar de Cristal y atravesamos el ancho espacio hasta la isla del Barón con ciertas precauciones, porque el levante suele saltar hacia el medio día un tanto agresivo y peleón.
La estampa bucólica que acabo de relatarles, pertenece a un pasado que difícilmente tendrá retorno. Este año, cuando llegamos por vez primera a la orilla, la sorpresa fue mayúscula. Conocemos el mar Menor desde hace más de sesenta años. Nunca ha gozado de playas paradisiacas, pero nos bastaba con sus orillas pobladas de barrete ocre, un poco de cieno que no convenía remover, y las algas menudas en que se refugiaban los caballitos de mar y los cangrejos de exquisita sopa. Era un mar algo cutre, pero era nuestro mar, familiar y casero. Hasta que ‘el progreso’ y las servidumbres de un turismo mal entendido y peor administrado, quisieron ‘vestirlo de largo’ a base de espigones irracionales, dragados agresivos y arenas traídas de no se sabe dónde. La presión de las urbanizaciones y sus vertidos, ignoramos si mejor o peor depurados, los residuos de las potentes embarcaciones, las agresivas y ruidosas motos de agua, sumado a los vertidos incontrolados de los campos cartageneros, han acabado por producir el colapso. El agua transparente que desde la elemental embarcación permitía contemplar el fondo marino durante casi toda la longitud del recorrido, es cosa del pasado. Ha mutado a una sopa marrón en la que resulta poco atractivo sumergirse. Hasta las familiares medusas han huido, y las redes de contención resultan, esta temporada, más un estorbo que otra cosa. La sorpresa se comparte con muchos de los veraneantes tradicionales que disfrutaban año tras año de unas playas tranquilas, adecuadas especialmente para abuelos y nietos. Este año están ya atrapados, pero muchos –y ojala me equivoque- se plantearán nuevos destinos para el año próximo. Da asco meterse en el agua.
No llega mi conocimiento hasta saber quien tiene la responsabilidad última de esta situación, aunque supongo que los políticos tendrían algo que decir sobre el tema, además de aburrirnos con sus peleas intestinas. Dicen que la Fiscalía de Medio Ambiente tomará cartas en el asunto, que taponando los vertidos de la Rambla del Albujón… que instalando filtros…lo cierto es que el mal está hecho y que, de momento, no tenemos más remedio que guardar la piragua en espera de mejores tiempos. Y no es cosa de ahora, hace ya más de veinte años (cuando había gobiernos regionales de otro signo), voces como las de J.M. Serrano, ya hablaban de salvar el Mar Menor. Vean este jugoso artículo de José Luis Domínguez, que les dejo, por cortesía de mi amigo José Frank, de Radio Sureste: http://diariodelamanga.com/historia/2016-05-30/ano-1985-salvemos-mar-menor-6316/

Las mangas verdes siempre llegan tarde. ¡Lástima de Mar Menor!




martes, 5 de julio de 2016

CHAPETE

El salón es diáfano, sin ninguna concesión estética. Las ventanas, grandes, permiten otear paisajes de la huerta. Por una se vislumbran extensas plantaciones de limoneros alineados como soldaditos en inmóvil formación. Por la opuesta, un trozo de monte pelado y reseco, inicio de la Sierra de Orihuela. El menú, sencillo, como pide la clientela estragada por los años y la erosión de las pensiones compartidas.
El camarero es breve de estatura. Compensa volumen con una dimensión horizontal generosa. Diríase próximo a lo esférico; recuerda a Chapete, sempiterno enemigo de Pinocho. No se sabe si a causa de su especial humanidad, o precisamente por ella, es de una amabilidad extrema con el transeúnte ocasional.
En la barra, el contrapunto: una muchacha de esbeltez admirable, longilínea. Los rubios cabellos le caen desmayados sobre los hombros, la sonrisa permanente se multiplica atendiendo a la clientela mientras distribuye los platos. Una entrevista cocinera los suministra a través del exiguo ventanuco que la aísla del comedor.
El visitante, estimulado por los primeros tragos de vino con gaseosa, se abandona a la ensoñación: algún día remoto, arqueólogos funerarios encontrarán en el pequeño cementerio del pueblo los restos de estos dos especímenes. Las técnicas del momento permitirán establecer las notables diferencias anatómicas entre ambos. Quizás concluyan que pertenecen a dos razas diferentes, puede que dentro de la misma especie. El dimorfismo sexual es tan marcado que los sesudos trabajos de investigación se multiplican. Varios estudiantes de posgrado, ansiosos de notoriedad, elaboran hipótesis brillantes que plasman en voluminosos estudios. Las tesis doctorales se leen ante tribunales de cátedros reverenciados. Revistas de tirada internacional se hacen eco de ellas y el caso de las extraordinarias diferencias antropomórficas de dos especímenes del pueblo M, alcanza cierta notoriedad…

Al visitante, lo saca de su ensoñación la voz de la chica de rubios cabellos:
—Papá, el belmonte descafeinado a la mesa cuatro.
El dócil chapete se acera a la barra presto a recoger la comanda.



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