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viernes, 4 de febrero de 2011

PERROS DE TRINEO

Mi amigo Chosi, excelente fotógrafo e impar compañero de viaje, dice que se va unos días a las cataluñas en busca de la nieve, y si puede, a darse una vuelta en trineo. Como un resorte, se me dispara el mecanismo “abuelo cebolleta”:

Tropecé con “Colmillo blanco”, la novela de Jack London, cuando debía andar por los diez u once años, al principio de lo que entonces se llamaba bachillerato, donde nos iniciábamos en la lectura de los libros apropiados, aquellos que teníamos la fortuna de acceder a ellos. Deslumbrado por el mundo que rodeaba a los protagonistas de la historia, el perro y su primer dueño, Nutria Gris, en las tierras vírgenes de Alaska de principios del S.XIX, me hice enseguida con otra novela del mismo autor: “La llamada de lo salvaje”.
Lo que más me impresionó de esos libros fue, además del exótico y desconocido mundo en que se desenvolvían buscadores de oro, tramperos, nieves y aludes, vida extremadamente dura, etc., el papel que los perros desempeñaban en aquella sociedad, especialmente como elementos de defensa y animales de tiro. Después vino la película de la segunda novela, en la que se relatan las peripecias de dos hombres que arrastran un trineo con el cadáver de un Lord que los había contratado para el viaje, y van perdiendo sucesivamente los perros, perseguidos por una manada de lobos. No recuerdo si acaban comiéndose al fiambre o no.
La siguiente entrega, ya un poco mas adulto, me la proporcionó la novela “El país de las sombras largas” de Hans Ruesch, que dio lugar a la inolvidable película, “Los dientes del diablo”, dirigida por el polémico y escandaloso Nícolas Ray (autor, entre otras muchas de Rebelde sin causa, Johnny Guitar, Rey de Reyes, 55 días en Pekín, etc.), e interpretada por los inolvidables Anthony Quinn y Peter O’Toole.
Pero, como decía al principio, lo que más me impresionaba de todos esos relatos era la especial relación que el hombre establecía con el perro, convertido en compañero imprescindible del que, a menudo, dependía su supervivencia.
Ahora se celebra cada año en los Pirineos una carrera de trineos que durante quince días los atraviesa. Participan perros de todas las razas y todos los países conducidos por sus mushers y atraillados por parejas, en una fila que puede ir desde dos hasta doce.
Los esquimales, jamás atan sus perros así: ellos ligan cada perro directamente al trineo por una cuerda de diferente longitud, de modo que todos forman un abanico, en el punto central del cual se coloca al perro guía.
Cuando se inicia la marcha, todos los perros ven delante de ellos la cola levantada del guía y eso les supone afrenta y desafío, así que se esfuerzan en alcanzarlo sin lograr otra cosa que tirar con más ímpetu del trineo. El perro guía, por su parte, sabe que si lo alcanzan se llevará más de una tarascada, y se esfuerza en seguir corriendo más que los otros. Resultado: el astuto esquimal ha utilizado de forma óptima los recursos de que dispone y obtiene el máximo rendimiento de sus perros.
Tiene este tipo de atalaje otra ventaja añadida y es que si cualquiera de los perros da un mal paso y cae en una grieta, los otros, que han quedado a salvo, pueden colaborar a sacarlo, mientras que si hubieran ido en fila, se hubieran precipitado al vacio unos detrás de otros.
Supongamos ahora que, en vez de colocar como perro guía al mejor de todos, al más fuerte, más preparado (y mas envidiado también), colocamos a uno que sea del “montón”.
El efecto sería devastador: los perros sobrepasarían al guía y faltos de líder que marcara la dirección adecuada, seguirían el rumbo que se les antojara, en distintas direcciones, con el resultado final de que el trineo podría llegar a cualquier sitio menos al destino que nuestro buen amigo esquimal tenía proyectado.
Moraleja: ¿No os hace pensar esto en algunos liderazgos establecidos en ciertos grupos profesionales, sociales o políticos? ¿Se coloca siempre al más capacitado en el lugar del “perro guía”?
Ya hemos visto las consecuencias posibles de un error en la elección.
¡Y no digo nada si hay grietas en lontananza!

El Chosi, a estas alturas, se ha quedado dormido, ¡angelico!

2 comentarios:

  1. Jajajajaja...como me conoces, jodio. Los dos primeros días que intenté leer este bonito articulo me quedé sobao, afectado por el agotamiento de estar todo el día montaña arriba montaña abajo en este infinito y precioso Vall d’Arán.
    La experiencia con los perros resultó apasionante. Dispuestos por parejas unidos a una línea central, como bien defines, 12 perros con más o menos "sangre loba" tiraban con fuerza del trineo.
    Según nos contaba Enric -nuestro musher aranés- se coloca en cabeza a los perros más listos y rápidos y atrás del todo a los más fuertes y ansiosos. Estos últimos con sus ganas de tirar y correr animan a los que les preceden y ocupan el centro del pelotón; que son los más normales digamos.
    Enric no deja de enviar órdenes en su indescifrable dialecto aranés a los perros de cabeza, pero dedica la mayoría de sus instrucciones y palabras de ánimo a Paro y Crisis, los hermanos novatos. De dos años de edad, nacieron en pleno crack económico y hoy ocupan las posiciones centrales tirando del trineo pero sin dejar de mirar hacia atrás como preguntando ¿lo estoy haciendo bien?

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