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martes, 5 de marzo de 2013

COMIENZA EL DIA


A todas las madres que en el mundo han sido. 

La madre salta de la cama con las primeras luces. Aterida de frío, con los huesos aún entumecidos, se llega hasta la cocina y enciende el fuego con las cuatro astillas que dejó preparadas anoche. El calorcillo de la débil llama reconforta sus dedos empedrados de sabañones. Coloca una olla al fuego, que ya crepita. Cuando el agua esté caliente le echará un puñado de achicoria y unas cucharadas de miel. Ese líquido caliente reconfortará las tripas del marido y los hijos que ya empiezan a rebullir en las oscuras habitaciones.
En una pequeña alhacena reposan, cubiertos por una retalera blanca, los redondos panes que amasó el sábado. Saca uno, corta largas rebanadas de un dedo de espesor y las va colocando en el cestillo que ocupa el centro de la mesa. Luego descuelga una ristra de blancos que penden de una caña atada a las vigas. Ya están un poco resecos –este año aún no se ha hecho la matanza- pero son buen companaje para el pan sabroso y denso.
El padre atraviesa presuroso la cocina, que da a la cuadra, y le echa el primer pienso a las dos mulas que lo aguardan inquietas. Los hijos comienzan a aparecer con las caras aún húmedas de los manotazos de agua que se echaron en la zafa común.
Toman asiento en silencio y comienzan a comer con apetito. La madre vuelca el líquido negruzco y oloroso de la olla en los tazones. La chica desmigaja una rebanada de pan y va echando barquitos. Luego hunde la cuchara en las sopas y se las lleva a la boca soplándolas con precaución. El chico deja el tazón para el final. Coge un blanco, lo coloca sobre el pan y va cortando trozos con su navaja de cachas resobadas. Mastica lentamente, saboreando cada bocado. La madre, sin llegar a sentarse, mascujea un trozo de pan que ha calentado en la lumbre antes de echarle un hilo de aceite y un espolvoreo de pimentón.
Acaban el desayuno en silencio. El padre se acerca después de aparejar las mulas que devoran su pienso con aplicación. Se bebe el tazón de un trago y añade su rebanada de pan y un blanco al recado que la madre les ha preparado, en un cestillo de esparto, para la media mañana. Tiene prisa, en este tiempo los días son cortos.
Padre e hijo salen hacia el campo. La madre y la muchacha recogen la mesa.
La chica sale enseguida, con el barreño de la ropa apoyado en la cadera, camino de la acequia. La madre se dispone a empinar la olla con unas patatas y el medio pollo que cuelga, al fresco, en un clavo del porche. Los hombres llegarán al medio día con un hambre de lobo. Si el chico se queda con gana le freirá un par de huevos y que sope todo el pan que quiera.
Nota que hoy le duelen los riñones más que otros días. No puede ser la regla, que se le retiró el año pasado. A lo mejor es este tiempo húmedo que se ha metido ya en el mes de octubre. Cada año nota más los cambios de temporada. O será que se está haciendo vieja. No quiere ni pensarlo. El marido y los hijos la necesitan todavía.
Sale al patio y suelta las gallinas. Antes, las coge una a una y les tantea el culo. A las que tienen huevo les echa un puñado de grano. Las demás, que se busquen la vida por los alrededores. Ella las vigilará de tanto en tanto, por si sale la zorra.
El sol va calentando. Comienza un nuevo día, como ayer, como mañana. 

16 comentarios:

  1. Retalera, companaje, navaja de cachas resobadas, dedos empedradros de saballones, mascujea...¡Me gusta!

    Un abrazo, maestro.

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    1. Cosuchas de la tierra, que uno aprende en buenas compañías, como "palabricas" (eres un...). Cuestión de afijarse.

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  2. ¡Qué lindo homenaje Mariano! Yo experimenté dos veces ser madre, lo soy aún,pero mis hijos ya han crecido y han volado del hogar. Aunque siempre rondan cerca. Es un preciado tesoro.
    Gracias por el post tan bello. Un abrazo grande.

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    1. Gracias, Lourdes. Yo tambien lo he experimentado cuatro veces, ya se que no es lo mismo pero...

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  3. ¡Que maravilla Mariano! que gusto dá leerte, haces que lo vivamos como un cortometraje. Vas pintando con palabras cálidas escenas rurales constumbritas, con la madre como protagonista principal.
    ¡Ay, las madres! Cuando parten para siempre nos dejan recuerdos que,ocultos en la buhardilla de nuestra mente, brotan con claridad sorprendente...¡Tanto amor sin necesidad de palabras!.
    Gracias por este homenaje y por el cariño y la ternura que has puesto en él. Un abrazo amigo.

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    1. Gracias, Isabel. Me alegro de que te gustara, es la mayor recompensa que puede recibir un modesto escribano. Un abrazo.

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  4. Y el padre que? si no fuera por los sufridos hombres....Un abrazo, seño.

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  5. Me has enternecido con este retrato de madre de campo, de madre trabajadora y buena.
    Con el lenguaje, te has lucido, recogiendo término de nuestro lenguaje popular, esos términos que se van a perder de no usarlos.
    Buena semblanza, Mariano.
    Un beso.

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    1. Es que tienes un corazón sensible, como buena poeta. De algo me tiene que servir tener mas años que la luna y oir tanto disparate. un abrazo y recuerdos, Isabel.

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  6. Hoy sí, Mariano, muy breve: ¡Sencillamente excepcional!

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    1. Mucho es eso, D. Antonio. Se agradece y un abrazo

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  7. "El sol va calentando. Comienza un nuevo día, como ayer, como mañana"...como ayer, como mañana... Sí. Así es. Así sucede y sucederá. Hay textos Mariano que “ crean” en su lectura una atmósfera que transciende su anécdota. Este de hoy es uno de ellos.

    Como siempre, un abrazo.

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    1. Gracias, Nico, vuestros comentarios son los que alimentan mi capacidad para escribir. Que gusten estos relatos o no, ya es cosa de los pequeños dioses. Gracias de nuevo y un abrazo.

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