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miércoles, 12 de septiembre de 2012

HENOS OTRA VEZ

A pesar de todos los contratiempos veraniegos (que han sido muchos), los hados que no dejan de ampararnos bajo sus alas protectoras, han permitido que, superados incendios, recortes, ivas y subidas, primas de riesgo, políticos y politiquillos de toda laya, plagas de medusas, incendios bochornosos, etc., podamos asomarnos de nuevo al mundo virtual, en el que muchos vamos a tener que refugiarnos ante la imposibilidad de volver al útero materno, que es lo que el cuerpo pide.
Bienvenidos, amigos supervivientes del verano, henos otra vez para lo que gusten mandar.
¤ ¤ ¤
REMEMBER (Plátanos y mandarinas)

Pocos recuerdan (y muchos no quieren recordar) aquellos años en los que convivimos con una austeridad tan habitual que era imperceptible y no producía traumas existenciales ni nos obligaba a requerir cuidados psicológicos. Era normal en las casas, incluso en las pudientes, que nadie se levantara ahíto de la mesa. Productos como la mantequilla, los filetes de ternera o las anchoas eran un lujo solo entrevisto en las grandes solemnidades; entre las familias numerosas (entonces habituales) siempre había un hermano glotón al que convenía no avecinarse demasiado a la hora de comer; las ropas y zapatos iban saltando como genes caprichosos de unos a otros hasta acabar reducidos a hilachas; los niños recurrían a la imaginación e improvisaban juguetes confeccionando espadas de madera para tomar ilusorios castillos y liberar princesas de malvados caballeros, o artilugios con rodamientos de desecho e ingeniosos sistemas de dirección en forma de cruz que solían fallar estrepitosamente cuando las pendientes por las que se deslizaban tenían algún bache, cosa corriente en la época. Los juegos de cromos eran un lujo que fomentaba la camaradería y el intercambio, y los Reyes Magos hacían prodigios anuales para no defraudar más de la cuenta. Había pocos gordos y estos resultaban sospechosos de estraperlo o alguna otra practica antisocial. La obesidad es un invento de países opulentos cuyos ciudadanos gastamos en dietas lo que solucionaría la hambruna endémica de la otra mitad de la humanidad.
No digo yo que fueran tiempos felices aquellos, por más que la bendita infancia no percibiera lo tétrico del férreo sistema autárquico a que nos habían condenado los ganadores de la inútil contienda, pero sí que cierto grado de aquella austeridad (que tampoco quebrantó nuestros espíritus), ha servido para que apreciemos y disfrutemos en su justa medida esta prosperidad inacabable en que hemos estado sumergidos los últimos años.
Como cuentan que pasó en Egipto hace ya tiempo, han vuelto las vacas flacas amenazando con devorar a las gordas, y nos han pillado con el paso cambiado. Los años de abundancia nos han viciado en la exigencia. Las nuevas generaciones a las que –dudo que acertadamente- hemos hecho creer que los derechos son infinitos mientras los deberes se reducen casi a lo inexistente y que el estado del bienestar consiste en disfrutar de todo sin límite, que para eso está el papá Estado, no se resignan a prescindir de aquello que se les ha dado más como un derecho que como una conquista. Los llamados “medios” se ocupan de anestesiar nuestra atención con bodas reales de trasnochados personajes de opereta, beatificaciones de fantasía romana o programas de entrepierna en los que tipejos/as seleccionados por su evidente estulticia pontifican sobre lo divino y lo humano con la mayor desenvoltura, conduciéndonos a un estado de letargo parecido al logrado con el antiguo “panem et circenses” -como diría Juvenal-, que tan buenos resultados proporcionara a muchos emperadores romanos durante los tres siglos que van desde Julio hasta Aureliano.
Llegada la época de los imprescindibles recortes a la que nos han abocado nuestros inútiles  y venales políticos, nadie sabe cómo ponerle el cascabel al gato porque, como ya contara un servidor en “El chocolate de Lorry” (Ver entrada correspondiente al 24 de marzo de 2011 en este mismo blog, y dispense que me cite a mí mismo), difícilmente estaremos dispuestos a renunciar a ninguna de nuestras prebendas.
Me contaba un amigo frutero que, llevado de su noble corazón se hizo proveedor voluntario y gratuito de un mendigo que había hecho apostadero, perros y flauta incluidos, cerca de su tienda. Durante mucho tiempo le proporcionó diariamente un plátano y una mandarina. Hasta que un buen día, fuera por motivos estacionales o por cualquiera otros, se encontró sin mandarinas. Ese día, al recibir solamente el plátano, el mendigo lo increpó duramente por haber dejado de cumplir su parte del trato.
“¿Dónde está mi mandarina? ¡Está usted pisoteando mis derechos, adquiridos con tanto esfuerzo!”, contaba mi amigo que le dijo airado el vagabundo.
¡Y suerte tuvo que no lo denunciara al sindicato perroflautero!

20 comentarios:

  1. Vuelves con el lápiz bien afilado, ¡me encanta!
    Y digo como tú: nadie que tenga unos pocos años -entre los que me incluyo- estamos traumatizados por no haber tenido todos los caprichos. Quizá esta situación sirva para dotar de energía moral a nuestros pusilánimes y bien cebados jovenzuelos.
    Bien sabemos muchos que todo cuesta, y mucho, no vayamos a ser como el mendigo que nos traes. Ahora, que cada cual medite y recupere la sonrisa, absolutamente viable con la ausencia de dispendio.

    Un abrazo, Mariano, que me alegro muchísimo de tu vuelta.

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    1. Son recuerdos de epocas ya pasadas que uno se empeña en rememorar con cierta añoranza plácida.
      Me alegro de tus exitos literarios y aguardo espectante esa fecha de la presentacion...

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  2. Es difícil decirlo mejor. Me resultan insoportables los mensajes interesados que enfatizan los "derechos" como parte de un Derecho Natural del individuo, pero que jamás aluden a ningún "deber". Hay un anuncio en TV, especialmente estúpido, con un lenguaje pijoprogre, que me asquea; dice algo así: tienes derecho a un par de gafas, Opticalia...., unas niñatas ad hoc corean el eslógan con mucho énfasis y meneo de cabeza. Anteriormente la marca recurrió a "pintoresco" Miguel Bosé para decir las mismas tonterías. Nunca me compraré unas gafas de esa marca, ¡Aunque tenga derecho!

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    1. Gracias, Mariano, a mi tambien me asalta a veces ese anuncio y huyo a uña de caballo, mando en mano hacia otros canales que, casi siempre entrañan tambien algún peligro. A ver cuando se reanudan los encuentros miercoleros, que ya voy teniendo mono. Un abrazo hasta entonces.

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  3. Como hablas de cuando no sabíamos lo que eran derechos y sí deberes, te cuento la última de septiembre: alumna pillada con chuleta en examen replica ante el requerimiento de la profesora que haber cómo demuestra que la estaba leyendo.
    Bienvenido al ruedo ibérico.

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    1. Muy bueno lo de lachuleta, M. Luisa, no se acaban las sorpresas en esta vida. La que les espera a esas criaturas!Un abrazo

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  4. Pues sí, Mariano, sí. Ningún tiempo pasado fue mejor. Sin embargo, la imaginación para poder jugar, y a ser posible ganar, estaba muy desarrollada: chupá, pie, tute y guá..., ¡siete cáncamos a la trompa! Y en su debida época del año. Pelearse con el dragón de turno en la Ipad es demasiado fácil. Porque, ¡tiene que ser una Ipad de última generación!
    Creo que hay que diferenciar entre quienes han gastado, gastan y gastarán hasta que exploten de gordura y quienes habiendo comprado el plátano y la mandarina, se encuentran, de golpe, sin la mandarina porque le han quitado el dinero para comprarla. No es un derecho que a uno le den ni ambas, ni una sola de las frutas. Pero si las ha ganado tiene derecho a ellas.
    Los derechos y deberes creo, Mariano, que son bastante desconocidos en esta España de nuestros amores. Tratar de llevarnos al tiempo pasado que, repito, siempre fue peor, es un error tan craso como hacernos creer, con todos los medios al alcance del poder, que “panem et circenses” es la solución contra la bulimia que han decidido que padecemos los ciudadanos de a pie, entre tres tontos, cuatro pazguatos y el primo del gallego iluminado.
    ¡BIENVENIDO, MARIANO! Siempre nos quedará el recuerdo bulímico cuando seamos anoréxicos.

    Un fuerte abrazo, Mariano.

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    1. Ja ja, Antonio, vale la pena hacer entradas en este blog para, a modo de sedal, intentar pescar alguno de tus sabrosos comentarios. Lo enriquecen y amplían. Ja, ja, ja, me has alegrado el día (que se presentaba algo tetrico: me largo para Macael unos dias por imposiciones del guión). Un fuerte abrazo.

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  5. Siento el error. Corrige, por favor: "a ver"

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  6. Reconozco perfectamente aquellos tiempos que glosas, los de las familias numerosas, las herencias de ropa y los juguetes inventados, los cromos intercambiados y el buen conformar en la mesa. Sin duda, al ser los de mi infancia, me resultan amables y los recuerdo sin pena y con alegría...Sin embargo, toda ha cambiado, y demasiado en algunos aspectos. Pero me niego a sentirme responsable de los expolios cometidos por los peces gordos; nunca he sido sino un pececillo que ni pincha ni corta en las grandes finanzas.
    Me alegra mucho encontrarte de nuevo, así como ver entre tus primeros comentaristas a Isabel, María Luisa y Antonio; los parecio y respeto mucho.
    Un abrazo

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    1. Gracias por tus palabras, Rosa. Me alegro mucho de tenerte entre los amables comentaristas que le dan categoria a este blog. Un abrazo

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  7. Feliz regreso Mariano, excelente reflexión sobre los tiempos pasados, que me hace pensar en que si fueron mejores que los actuales. por lo menos las personas tenían confianza en si mismas y no pasaba como ahora que estamos pendientes siempre de las decisiones, siempre equivocadas, de los políticos.
    Un abrazo

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    1. Pues bien venido Unknown, a pesar de tu presencia fantasmal, estás en tu casa...virtual.

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  8. Eso, sin contar, querido Mariano, si en casa había un hermano "delicado", con frecuentes ataques de "acetona". En él la intendencia doméstica se centraba y si algún filete de ternera aparecía, tenía su destino claro. Atentos el restos de los hermanos, concentrados como canes, nos repartíamos los pequeños trozos de grasa (gordo, en mi pueblo) que se retiraban por si al "delicado" no le sentaban bien.

    Me recuerdo, igualmente, sentado, mirando hacia arriba, en un estado solo comparable al que siento ahora ante un cajero automático, un pernil colgado de una colaña que mi padre compró para sobrealimentar al "acetolémico".

    Sí, querido Mariano, sí.

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    1. Pues si, Paco, mi gulafre lo era a pelo, sin acetona ni na, pero nos dejaba al pairo en cuanto nos descuidabamos ¡Tiempos aquellos!Te agradezco que pases de vez en cuando por aqui, ya que el Leader se muestra remiso a convocar algarabias. Un abrazo

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  9. Muy bueno lo que dices y, sobre todo, cómo lo dices. Es lo primero que leo tuyo, pero creo que no será lo último. Enhorabuena, has captado a la perfección el pensamiento de muchos que, dicho sea de paso, seremos, lo más seguro, de la misma generación.

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    1. Bienvenida, aqui me tienes para lo que gustes, aunque no sea capaz de hablar en chino. Un abrazo.

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  10. Me alegra tu vuelta Mariano, parece que este verano nos han atacado demasiados bichejos, veremos cómo nos recibe el invierno.

    Saludos y un abrazo,

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  11. Y yo de verte por aqui, cuida donde te pones el Agaporni, que son un poco cagones. Por cierto, tendras que buscarle pronto una pareja, si no, languidecen. (Claro que tambien puedes recitarle unos versos de Carlos Gargallo que animan mucho). Un abrazete

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