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En cada una de las pestañas encontrareis una seccion diferente: en "Pagina principal", las entradas habituales. En "Trabajos y días", articulos de literatura e historia, "De mis lecturas" reúne notas, resumenes y opiniones sobre libros que me interesan y he leído en los últimos tiempos. En la pestaña "Desde el Asilo" (Libro), están todas las historias contenidas en ese libro, en cuyo inicio se explica el titulo de este blog. "Cuentos truculentos" reúne los comprendidos en el libro del mismo título. Cualquier texto que aqui se publica está a disposición del publico, naturalmente citando la fuente. Sírvase usted mismo.















Trabajos y dias

UNA MIRADA A LA ACTUALIDAD DEL CONFLICTO SAHARAUI. ¿ES POSIBLE LA AUTONOMIA?

1.     La población saharaui
Los cálculos del FP. Arrojaban, para el año 1988, una cifra de  48.000 habitantes en los campamentos de Tinduf. Desde entonces, el goteo de “retornados” hace prever que esa cantidad habrá disminuido. En cualquier caso, es un considerable número de personas malviviendo en tiendas de campaña en medio de una inhóspita hamada que debiera alertar la sensibilidad de unos vecinos europeos que la tienen para las corridas de toros, la caza de focas o el maltrato animal en general, pero no para unas gentes que fueron en su día compatriotas. Treinta y siete son muchos años para que esa circunstancia de injusticia permanezca viva en un mundo preocupado por el desmoronamiento del estado del bienestar, la prima de riesgo, la caída de las bolsas y los rescates que terminarán de pagar nuestros nietos. Hasta la fraternidad humana tiene un límite y, salvo encomiables casos de solidaridad horizontal y esporádicos festivales cinematográficos que intentan darle visibilidad al asunto, nadie presta demasiada atención a un conflicto enquistado desde el alto el fuego en el año 1991, que no presenta visos de solucionarse nunca.
La situación poblacional en el antiguo territorio del Sahara occidental español ha variado consideradamente desde el año 1975 en que España cediera la administración a Marruecos y Mauritania. En la actualidad hay tres o cuatro “colonos” marroquíes por cada uno de los saharauis de origen. Y todos, por igual, son saharauis porque, desde el punto de vista del censo marroquí, el concepto étnico ha sido sustituido por el geográfico, de manera que se consideran saharauis a todos los ciudadanos empadronados en “las provincias del sur”, con independencia de su origen o su lengua. Los antiguos saharauis, los que hablan hasanía, se han diluido entre la población venida del norte. En términos oficiales, se han vuelto invisibles.
¿Quiénes son saharauis en la actualidad? Habría que empezar por acotar esa población:
a)    ¿Los que poblaban el Sahara español cuando fueron abandonados a su suerte en 1975?
b)   ¿Todos los que habitan ese territorio en la actualidad?
c)    ¿Los que marcharon (de grado o por fuerza) a los campamentos argelinos cuando se inició la refriega?
d)   ¿Los que nacieron desde entonces en Tinduf, permanezcan o no allí?
e)    ¿Los que han nacido en el Sahara marroquí desde entonces, residan o no allí?
f)     ¿Los que, de origen saharaui, marcharon a la diáspora, tengan o no intención de volver?
g)   ¿Los nacidos en la diáspora de padres saharauis?
h)   ¿Todos ellos?
Como se ve, el asunto presenta cierta complejidad.
Si se quisiera, en la actualidad, realizar un censo con vista a la autodeterminación que el Polisario considera irrenunciable, habría que redefinir el concepto “saharaui” en alguno de los aspectos:
a)    Geográfico
b)   Étnico
c)    Lingüístico
O en una combinación de ellos. No parece asunto sencillo.

2.     La posible negociación
El gobierno de Marruecos y el FP. Llevan años negociando sin resultado. La nueva Resolución  (nº 197, abril 2012), prorroga un año más el Mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), y se sigue reconociendo el derecho a la autodeterminación de la población saharaui, pero no se sugiere solución de ningún tipo. Es cierto que dicha resolución se aprueba por unanimidad en el Consejo de Seguridad y que, en esta ocasión se incluye la protección de los derechos humanos en el territorio actualmente considerado por Marruecos como “las provincias del sur”, así como en los campos de refugiados de Tinduf. Algo es algo.
En la contienda de “lobys” que mantienen la batalla incruenta en que se ha convertido aquella guerra detenida en el año 91, el que funciona dentro de la ONU para intentar que este conflicto olvidado no lo sea del todo, está formado por España, EEUU, Francia, Reino Unido y Rusia, los llamados “países amigos del Sahara occidental”. Otros lobys, también poderosos, funcionan a su nivel en Argelia-Polisario y Marruecos. Las próximas rondas de negociaciones previstas para Junio y Julio se desarrollarán, previsiblemente, en medio de las presiones de estos lobys mientras el Sr. Ross mantiene su abnegado, meritorio y frustrante papel. Lo que parece verdad incontrovertible, es el escaso interés de las partes por modificar un “estatu quo” que satisface intereses en todos sitios. Puede que ese sea el aspecto más triste de la cuestión.
Es opinión generalizada entre los que sufren la situación desde su inicio, que la capacidad del FP. para la negociación con Marruecos es limitada y que el socio argelino es el que toma las decisiones en los asuntos de política internacional del Polisario. Esto explicaría la vía muerta en que las negociaciones se encuentran desde hace tanto tiempo. ¿Es factible, entonces, la negociación entre los gobiernos de Argelia y Marruecos? No parece fácil por el momento, aunque todo es posible. Y quizás se debía trabajar en esa dirección si de verdad el fin del conflicto interesa a las partes. El tiempo ha pasado y los antiguos rencores avivados entre los dos países por las guerras fronterizas puede que se hayan minimizado. El ambiente de revueltas generalizadas en el norte de África y el propio ambiente de anhelo democrático que se respira en Marruecos, puede que sean elemento coadyudante. El trio palacio-majzén-PJD quizás ayude a establecer un equilibrio que resulte provechoso para todos.

3.   ¿Integración?
Es cierto es que los saharauis de origen que siguen en su tierra tienen una vida relativamente más cómoda que el resto de los ciudadanos marroquíes. Perciben un subsidio del Gobierno sin contraprestación alguna pero, salvo contadas excepciones, no tienen acceso a ningún puesto de responsabilidad. Sienten que el Gobierno no confía en ellos y no les permite tomar decisiones políticas ni administrativas en su propia tierra. El nivel de frustración y desencanto es notable. Si a eso se añade el alto nivel de paro, especialmente entre la juventud, y la información que desde el exterior llega a través de los medios informáticos de toda índole que les hace soñar con paraísos (a menudo ficticios) al otro lado del mar, se entiende el caldo de efervescencia que se vive en las ciudades del sur y que de vez en cuando traspasa las fronteras a pesar del apantallamiento informativo tradicional en esa zona.
En esas condiciones, es difícil apostar por una integración razonable que no produzca reacciones traumáticas.
Los habitantes del Sahara han pasado en menos de medio siglo, de pastores nómadas y libres, con sus propias organizaciones tribales y democráticas, a ciudadanos de un país con el que solo mantenían circunstanciales vínculos religiosos; de la jaima en medio de la soledad escogida, a la ciudad con un vecindario impuesto. No es una adaptación fácil.

4.   ¿La solución autonómica?
Las raíces del conflicto son de sobra conocidas y están trufadas de injusticias, comenzando por la que supone la colonización de un país por otro. Los saharauis no llamaron a nadie para que ocupara sus tierras ni los “modernizara” sacándolos de su sistema tribal ni de su nomadeo feliz que trascendía países y regiones. Pero han pasado los años y el daño ya está hecho. Se trata de buscar una solución posible, no la buena, que ya no puede existir, si no la menos mala de las posibles. Recoger el agua derramada es imposible. La opción independentista solo puede hacer que la situación continúe enquistada y sigamos en la misma posición, discutiendo los mismos temas y esgrimiendo las mismas razones otros treinta y cinco años, hasta que nos sucedan otras generaciones que sean capaces de soluciones más imaginativas.
Marruecos ha apostado por el sistema autonómico, en principio para “las provincias del sur” solamente, pero es muy posible que esa constituya la punta de lanza de una organización autonómica del Estado en un futuro. Existe un borrador de proyecto autonomía, pero no pasa de amable declaración de intenciones que requerirá en su momento matices y ampliaciones. Es un documento que suscita entre las poblaciones del Sahara muchas esperanzas, pero que abre al mismo tiempo notables interrogantes. El texto, ambiguo, habla de “las poblaciones de la región autónoma del Sahara”, de donde parece desprenderse que se aplicaría a los saharauis la denominación geográfica, es decir tendrían derecho a voto todos los habitantes actuales del Sahara. Puede que esta solución fuera aceptada por los muchos simpatizantes que entre los saharauis de etnia y lengua la comparten dentro y fuera de Marruecos, en los campamentos, incluso en la corriente de la Línea del Mártir (Jat Achahid), que ha declarado su disposición a negociar con Marruecos. Desde luego no parece que pueda ocurrir lo propio con el Polisario que sigue, irreductible, en su línea de autodeterminación de la que jamás se ha separado. La longeva cúpula dirigente tiene poco o ningún interés en la modificación del “estatu quo” que les permite vivir sus últimos años en un dorado retiro. Este es un escollo contra el que es posible que siga encallado el navío de las negociaciones durante unos cuantos años más.
Otra cuestión, que algunos intelectuales conocedores del tema (Juan Goytisolo, Bernabé López García, Pascual Moreno, Mohamed Nouri, etc.), han sugerido es que, para implantar un sistema autonómico real, Marruecos debería convertirse en una “democracia creíble” alejada del régimen semifeudal, represivo, injusto socialmente, que mantiene a amplias capas de su población en la miseria, en la incultura, sin trabajo con centenares de miles de marroquíes fuera de sus fronteras para poder ganarse la vida.
Los acuerdos que puedan existir en el futuro entre los habitantes del Sahara y los marroquíes tienen que establecerse, necesariamente, en un plano de igualdad, no entre súbditos y vasallos. Las Constituciones y las Autonomías no se otorgan graciosamente, se elaboran, consensuan y aceptan en un Estado de hombres libres e iguales.
Hay, entre las poblaciones del Sahara, una gran esperanza de que, si se alcanza alguna vez esa Autonomía que aún se vislumbra lejana, muchos de los habitantes de Tinduf volverían a Marruecos y allí quedarían solo unos pocos irreductibles. El conflicto acabaría deshaciéndose como un azucarillo en el café. Pero si el proceso no se culmina de forma diáfana y democrática, puede darse el contrasentido de que sean muchos los saharauis de origen que voten en contra de un Estatuto por el que no se sienten amparados.

Junio 2012


2 comentarios:

  1. Ole, ole y ole. Que bien te explicas, Mariano. Y a los que somos de memoria cortica, que bien nos viene un repasico de vez en cuando. Tuve la suerte de conocer, en tu compañía, las “provincias del sur” o “Sahara Occidental” y comprobar "in situ" parte de la realidad que aquí narras. Uno, que nació con estrella.

    Gracias maestro.

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    1. Unos abrazos para ambos, chavalote. Me alegra mucho que te dejes ver de vez en cuando.

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